Un tranquilo lugar de Pruebas

domingo, 19 de febrero de 2017

No te fíes de las apariencias


«No es nada personal, 
son solo negocios» 
Al Pacino-Michael Corleone 


Hotel Ritz. En el interior del lujoso vestíbulo un cartel dorado señala:

Floor 6th: Convención Scala 'Trajes de época'
Floor 9th: Productora Ozzypiuntur Entertainment 'Casting'

Tres individuos esperan en la planta baja la aparición del ascensor...

Un calvo musculoso, de facciones rusas, chaqueta cara y rostro de pocos amigos.
Un señor cincuentón, bigote, pajarita roja, camisa azul y un bombín.
Un pizzero. Joven. La cara llena de granos de acné.

El ascensor llega, cada uno pica una dirección: planta quinta, sexta y novena. El ascensor cierra sus puertas y comienza la ascensión.

El calvo observa con mirada desafiante a los otros dos. Estos retiran la mirada. Sonríe. Estira con lentitud su musculado cuello y se escucha un crujido cervical.

Los números en el panel del ascensor avanzan lentamente.

1... 2...

Entonces, el hombre del bombín se agacha para abrir su maletín. El calvo gigantón observa hacia abajo con desconfianza. Un móvil resuena insistente en el interior. En ese momento el calvo pierde interés y vuelve a mirar en dirección al panel. Los números avanzan con lentitud.

3... 4...

De repente, el cincuentón del bombín da un inesperado salto, rodea el cuello del gigantón con un alambre y le aprieta con fuerza con ambas manos. Los músculos en el cuello del hombretón se endurecen, este alarga sus manos hacia atrás en un vano intento de retirar el frío acero de su cuello, pero el alambre se enreda con más fuerza alrededor de su presa. El hombretón lanza su espalda contra la pared del ascensor. Se oye un fuerte crujido. Sin embargo, el de la pajarita no cede. El pizzero observa la escena quieto en su esquina. El calvo, en su lucha desesperada, continúa dando golpes con la espalda contra la pared del ascensor. Sus bufidos son cada vez más jadeantes y más guturales. El de la pajarita, aferrado a la espalda del gigantón, sonríe. Extrae una aguja larga de su espalda y en un movimiento fugaz atraviesa el ojo del calvo sin apenas esfuerzo. Un hilillo de sangre cae al suelo. El del bombín afloja la presa y el pesado cuerpo cae.

5...

Las puertas del ascensor se abren. El del bombín presiona el botón de cerrado y el ascensor continúa su ascenso. Al llegar a la sexta planta, vuelve a realizar la operación. El chico de la pizza observa completamente quieto toda la escena. Acto seguido, el extravagante asesino desenrolla meticulosamente el alambre alrededor del cuello del inerte cuerpo tirado en el suelo.

—Lamento escena, Herr pizzero —dice el hombre del bombín—, pero tú, ahora...

—No, por favor. Solo tenía que entregar esta pizza. —El chico con granos de acné en la cara llora desconsolado y abre la caja de cartón—. Es de barbacoa...

Y en medio de la extraña escena, surge una pistola en manos del pizzero. Mientras, la masa informe de pizza cae al suelo, haciendo compañía al calvo fallecido.

—Ahora, compañero —dice el pizzero aún con lágrimas en los ojos pero con el rostro muy serio—, se te plantean dos opciones. En la primera, intentas abalanzarte sobre mí y comprobar si dispararé antes que tú consigas matarme...

El del bombín asiente sin apartar los ojos del arma del pizzero.

—... en la segunda opción, recoges el cuerpo del gigantón, llegas a la novena planta y te escabulles por la azotea. ¿Qué escoges?

El pitido del ascensor marca la novena planta. El del bombín cierra su maletín. Asiente.

—Ja, compañero. Muerto Vasíliev, muerto problema. ¡Auf Wiedersehen!
Dicho esto, agarra el cuerpo del gigantón y lo arrastra por la moqueta roja, la cual camufla a la perfección el hilillo de sangre. En ese momento, las piernas del chico comienzan a temblar.

6... 7... 8... 9...

—Joder, Marta, no te vas a creer qué me ha pasado.
—¿Qué, Pablo? No te escucho bien... ¿Estás en el casting de la película? ¿Por qué hay ruido de sirenas? ¿Estáis ensayando? ¿Te han seleccionado para hijo del mafioso?
—No, después te cuento. Gracias por insistir en que llevara la pistola de tu padre.
—De nada, pero es qué con una pistola de verdad, aunque esté descargada, siempre se actúa mejor —Ríe.
—Y que lo digas, Marta. La actuación de mi vida.

Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


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