jueves, 31 de agosto de 2017


«Si caes en un agujero negro, podrías terminar en otro universo»


Un viejo conocido nuestro...

Gujansgro, el agujero negro.

Abrazos. ^^


Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


domingo, 27 de agosto de 2017

«La grandeza es una experiencia transitoria porque depende de la imaginación humana creadora de mitos. Debes mostrarte inclinado a la ironía, eso te impedirá creer en tu propia pretensión, porque sin esta cualidad, incluso una grandeza ocasional puede destruir a una persona»


Desestimados,

Os conozco, os gustan mucho los cuentos, los relatos alegres, las historias de anodina felicidad. Yo prefiero la negatividad de lo real, hechos probados, premisas científicas: 1+1=2. Eso es un hecho. Sin embargo evitáis la realidad, preferís evadiros en esas estúpidas epístolas de felicidad improbable, en esos relatos que personajes como mi hermano UTLA y el resto de sus comparsas felicianos tejen alrededor de una realidad de improbable alegría desmedida. Ya que os gustan tanto los cuentos, os narraré uno.

Desérase una vez, un mago llamado Estupiditú,

El muy necio pensaba en dominar algún día el hechizo de hilar la realidad.
Su padre, hechicero de alto nivel, le advirtió, «cuidado con lo que deseas, se puede hacer realidad», pero se lo comentó de manera atolondrada antes de irse a trabajar al cónclave de magos en la península de Astañistán.
La madre bruja también añadió una despreocupada advertencia ante la extravagante peligrosidad de su pequeño, «menos pensar y más hechizar». Pero, al igual que su esposo, llegaba tarde a su particular reunión, un aquelarre en la montaña de Walpurgis, agarró la escoba y se fue volando en dirección norte.
Hasta su familiar adosado, una mascota similar a un pequeño gato negro con dos orejas de murciélago en la cabeza, bufaba lleno de espanto cuando su amo practicaba el susodicho hechizo noche tras noche.
Un mal día, espoleado con burlas en el patio del colegio por sus compañeros magos, brujas, hideutas y sátiros, Estupiditú lanzó al aire el conjuro. En aquella ocasión, quizá debido a la rabia interior, el efecto fue diferente...
Se formó la conocida niebla.
Se escuchó el lejano trueno.
Se paró el tiempo, las manecillas de los relojes se quedaron inmutables en aquella posición estática, anudadas a una fuerza mágica que les impedía avanzar.
Y se aparecieron, por último, las típicas luces discotequeras de Orcolandía, propias de todo embelesante hechizo.

*** ExplosiónReinvención + Estupidez ***

La realidad se plagó de una inmensa cantidad de personajes únicamente interesados en el dinero; florecieron los culolame, una antigua y peligrosa especie extinta desde tiempos Atlantes, causante en gran parte del hundimiento de la fantasticabulosa isla; los magos se convirtieron en uniformados agentes del orden, pulcros, impolutos, cambiaron varitas por barras de hierro, y con el tiempo comenzaron a llamar a las puertas de las pocas personas que aún podían recordar el tiempo de la magia y se las llevaron presas. Las brujas los siguieron en el atolondrado cambio de rehilación de la realidad y embutidas por el poderoso hechizo, las antaño nobles mujeres brujas, adquirieron otros hábitos más propios de las lamias.
Al final, el propio Estupiditú se transmutó en un trajeado transexual ávido de poder en una multinacional encargado de erradicar el pasado y los recuerdos; y por supuesto, la magia.


Esto no es verdad y miento, 
y estupiditú quien se lo crea.


Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


lunes, 21 de agosto de 2017


«Nuestro estómago posee tantas neuronas como el de un gato»


Estimados,

«Como luego existo»

¿Pensáis que puedan haber neuronas en otros lugares del cuerpo humano aparte del cerebro?

^^ jeje

Abrazos.



Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


domingo, 20 de agosto de 2017

«Este ensayo lleva escrito desde el 19 de agosto de 2015. Desconfío de las opiniones fuertes, incluso de las mías, pues son creencias arraigadas que deben ser revisadas para no esclavizarme a ellas»
S. Bonavida Ponce


Me encantan las palabras, me sería difícil escribir lo contrario. No importa en que idioma estén dibujadas, las adoro, me atrapan poderosamente mientras quedo hechizado por su magia, por los duros o suaves trazos, por las formas que describen mientras mi mente se devana en pensar en el correcto significado de lo leído.
Muchos de vosotros ya me conocéis de hace tiempo, escribo en castellano, es mi lengua materna, me es imposible pensar en otra, pero poseo una tipográfica promiscuidad y me sorprendo a mí mismo emocionándome al acercarme a otras grafías escondidas en diferentes idiomas. 
Al hojear novelas en inglés -son pocas, pues mi dominio de dicho idioma es básico- soy muy feliz cuando descubro esa nueva forma de decir algo que ya sabía escribir en castellano. ¿Es cierto, 'Old Sport!'?, escribía el maestro F. Scott Fitzgerald en su inmortal obra El Gran Gatsby, pero 'Old Sport' no suena igual que 'Compañero' aunque muchos me diréis que la traducción más correcta hubiera sido 'Camarada'. No importa este detalle, pues se busca, en la traducción, la complicidad con el lector nativo.
También descubro con regularidad en catalán, mi segunda lengua, palabras extrañas y mágicas como xiuxiuejar -susurrar- donde el uso de las equis me evoca la acción de dos adolescentes acercándose uno al oído del otro para comunicarse mensajes de cariño entre susurros. En estos tiempos, en los que hablar con cariño a favor del catalán encuentra resentimientos, yo me apeno mucho por ello, ¿en que momento aprender otros idiomas fue algo malo? ¿No existe toda la cultura de la humanidad gracias a la existencia de esta maravillosa biodiversidad lingüística?
Por este motivo me fui lejos, cansado del odio que respiraba a mi alrededor, intentaba alejarme de la negatividad de mi entorno, pero descubrí que el odio, al igual que el amor, está presente en todos los lugares, no importa cuán lejos vaya uno. En ese viaje marché a tomar clases de inglés durante mis vacaciones a la apacible ciudad de Cardiff, y si todavía poseía alguna duda, allí redescubrí mi amor por las grafías. Éramos en clase un grupo heterogéneo, formado por procedencias dispares en un curioso elenco de personas: dos chicos y dos chicas de arabia saudí, un chico taiwanés, un surcoreano y un hombre de España al igual que yo. En los descansos, entre clase y clase, aprovechaba para pedirles en inglés si podían escribirme alguna palabra en sus respectivos idiomas. Entonces me maravillé -de nuevo- con mi atracción por las letras, intuida ya hace tiempo; me emocionaba el leer las suaves formas árabes, escritas sinuosamente como las propias dunas del desierto, tan lejanas y extrañas para mí; también quedé maravillado con la pulcritud del elaborado trazo de los caracteres coreanos, toda una amalgama de composiciones lineales fundiéndose las unas con las otras y, al igual que el árabe, de ignota comprensión para mi esforzada mente. ¿Y qué decir del japonés, el chino o el ruso?, tal cantidad de nuevos carácteres, tan distintos a los que conozco, me parecieron hermosos. No podría en toda una vida descubrir los recovecos ocultos en cada uno de esos idiomas y en los significados ocultos que los albergan.
Después de las anteriores líneas, apareció en mi mente una palabra cercana. ¿Qué decir de mi amada Aquiescencia? Esta amante fiel, tierna, cariñosa, la que con su toque tranquilo me ha proporcionado paz en estos últimos tiempos. Un tranquilo lugar donde permanecer a salvo de la negatividad, esta última, lejos de ser maligna, se crea cuando la ausencia de empatía me rodea y la luz se aleja, la confusión crea sombras, y esas sombras albergan en su interior una dañina oscuridad. Sí, soy un niño asustado de la oscuridad, que no sabe encontrar el camino de vuelta a la maravillosa claridad escondida entre los pliegues de las nubes.
Pero entonces las releo de nuevo, tantas, tantísimas otras palabras, y recupero ese sentir empático: Amor, entropía, empatía, psique, cognitivo, enmienda, beso, parentesco, mágico, musicalidad, entelequia, física, ecuánime, valoración, pulso, emotiva, brabucona, advenediza, timorato, allende con aquende, bosque, mimetizar, hechizar, gurrumino, adalid, quimérico, ucronía, distopía y utopía, abstracto, perfecto, tierno...
En un tranquilo lugar de aquiescencia, al igual que en un lugar de la mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, no nos tomamos muy en serio. Únicamente los juegos con las etimologías, con los significados, con las acepciones de nuestros estimados palabros importan. Pues si algo he aprendido al formar parte de esta especie, la única en este planeta que ha desarrollado algo abstracto y mágico como es la palabra, es la importancia de la comunicación. ¿No me servirán -ellas- para representar nombres, sueños, lugares, tiempos, números e infinidad de muchas más ideas de las que podría listar en estas pocas líneas? Claro que sí. Además, en su excelsa amabilidad, ellas me permiten construir esta inacabable pregunta retórica; la cuál, me lleva a realizarme una nueva pregunta, una que realmente si me importa...
¿Qué es para mí una palabra?
Es aquello que me permite transformar la emoción interior en algo superior; la unidad mínima que me permite empatizar con vuestros sueños y convertirlos en propios. Sin ellas carezco de esencia. Por eso las respeto, las tolero y las amo, pues realizando este simple gesto consigo encontrar amor.

Afectuosos saludos.



Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


viernes, 18 de agosto de 2017

.
Estimada

Barcelona.

💗💗💗💗💗💗💗

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Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


domingo, 13 de agosto de 2017

«Cuando publiqué mi portada de la célebre novela Soy leyenda, unos fans del libro se pusieron en contacto conmigo y acordamos celebrar una cena. Zumo de tomate, lonchas de cordero y alubias; era la cena del protagonista Robert Neville».


            Ayer regresaba tarde a mi casa. Quedé con unos amigos en el centro y fuimos a divertirnos con una sesión nocturna de cine, que por cierto, era sesión doble: Comando, de tito chuachineger, y Golpe en la pequeña china, de Kurt Rusell. Solté carcajadas histriónicas cuando vi aparecer al musculoso actor y lance muchas más al ver las fantásticas acrobacias de los actores chinos. Por un momento me hicieron recordar aquellos maravillosos dieciocho años que aparecían tan lejanos en mis recuerdos. Al salir del cine nos despedimos con afectuosos abrazos y con la promesa de volver a repetir tan grata experiencia.
            Aún con la sonrisa en mi rostro, me dirigí a la parada de autobuses nocturnos más cercana. Por suerte, la ciudad donde vivo ha provisto a los ciudadanos de un buen entramado de servicios públicos para poder llegar de una punta a otra de la ciudad con independencia de la hora que sea. Es un alivio, ya que a esas horas el boleto de un taxi es caro y por desgracia las empresas alternativas no prosperan.
            Sentado en la parada del N4 -imagino que la N es por Nocturno- comencé a lanzar bostezos. No sé estar sin hacer nada. La luna, allí arriba en el firmamento, se reía de mi espera y no quise darle la alegría de ver nuevos bostezos en mi boca. Así que extraje de mi mochila mi viejito Kindle y me puse a leer. Estoy muy contento con este libro electrónico, me lo regalaron unas navidades, hará unos cuatros años, y desde entonces viaja siempre a mi lado.
            La llegada del autobús nocturno me sorprendió. Leía con tal enfrascamiento lector que su repentina aparición me impactó. «¡¿Ya está aquí?!». Rápido puse mi Kindle debajo de la axila, subí el peldaño que me separaba del transporte, extraje la cartera, musité un buenas noches y pagué el precio del billete al conductor, quien estaba flirteando con una chica.
            Observé los rostros de los ocupantes del vehículo. La mayoría de jóvenes, más de la mitad en estado de embriaguez, charlaban de manera animada. «¡Qué recuerdos!» En esta etapa de mi vida, si mi cuerpo ingiere más de dos botellas, me puedo considerar feliz por seguir andando. ¡Qué perspectiva tan feliz produce el alcohol cuando uno es joven! Avancé unos pasos y me estacioné en medio del autobús. Quedé de cara a la gran mayoría de ocupantes que, sentados de frente de mí, comenzaron a observarme. Yo alcé el Kindle de mi axila y seguí la lectura allí donde la había dejado...
            El protagonista avanzaba en completo silencio en medio de la noche, los vampiros a su alrededor susurraban extraños lamentos ininteligibles, era el último hombre sobre la Tierra, y aquellos monstruos todavía no sabían que vendería cara su vida...
            Entonces, escuché un murmullo y, de soslayo, levanté uno de mis ojos. Un par de jóvenes me observaban como a un animal de feria. Alcancé a escuchar lo que dijo uno en tono bajo: «¿Qué es eso que lleva entre las manos?». «No sé», le respondió el compañero. «Quizá sea una aradio». «¿Pero qué dices? Si no lleva auriculares». Seguí leyendo, pero me gusta de pasar inadvertido. No me gusta de ser el foco de atención. La lectura de Soy Leyenda, de Richard Matheson, se me estaba complicando con tanta expectación a mi alrededor.
            Mi superoído bloguero captó una nueva pregunta. «¿Qué es, cariño? Me da miedo». La lejana pregunta sonaba a timbre de voz femenino. Por el rabillo del ojo me cercioré que así era, una chica, agarrada al brazo de su novio, le susurraba aquella frase al oído. El negó con la cabeza, incluso por un fugaz instante, me pareció dispuesto a interponerse entre su amada y yo en caso de tener que salvarla.
            Alcé la cabeza y disimulé que estaba estirando el cuello. En aquel acto de curiosidad, aproveché para fijarme en la improvisada audiencia de mi alrededor. Me di cuenta que aquellas voces no eran las únicas que tenían ojos depositados en mi persona. La mitad del pasaje observaba en mi dirección, algunos con acertado disimulo, otros sin pudor debido a la embriaguez alcohólica. La estupefacción, el horror y el asombro era un cocktail extraño en aquellos rostros. Por un momento pensé en gritar: «¡Solo es un libro!», pero nunca he sido dado a heroicidades. Así que después de aquella perturbadora mirada colectiva, volví a bajar la cabeza hacía mi Kindle como si no pasara nada y continué leyendo...
            Mi parada. Al fin. Me había sido imposible concentrarme con todo aquel aluvión de murmullos, caras asustadas y tensión ambiental.
            Al dar dos pasos en dirección a la puerta de salida, casi tropecé con un hombre que no era mucho más joven que yo, solo debía llevarme seis u ocho años de diferencia. Miró en dirección a mi Kindle con cierto pavor, como si el contacto con aquel instrumento le fuera a desgarrar el alma. «Perdona», le dije con educación, «Puedes apartar, me bajo en esta parada». Él asintió. Apenas balbució una palabra. El novio de la chica, sentado dos metros atrás, antepuso el brazo delante de su amada. «Me da miedo ese hombre». «Shhh, quizá te oiga». «¡Uff, ya se baja!», susurró uno de los jóvenes.
            Una vez en la calle me giré, todavía sostenía mi amado libro electrónico entre las manos. Desde el autobús la amalgama de rostros me observaba en una mezcla de alivio, miedo y salvación. El autobús comenzaba a alejarse, pero incluso en aquel último momento de separación, hubo ojos que me sostuvieron valientes la mirada, aunque solo fuera durante unos segundos.
            Miré la hora en mi reloj de muñeca. La 01:23. La hora cábala. Comprendí en aquel instante que, por algún azar cósmico, había desaparecido de mi mundo. Y en ese nuevo lugar me había convertido en el último lector sobre la tierra. Ahora comprendía mejor que nunca al protagonista de la novela del maestro Matheson, ahora comprendía su libro, ahora comprendía... Soy Leyenda.
         

Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


sábado, 12 de agosto de 2017

«Estimados, este recopilatorio de aquiescencias está dedicado a todos vosotros, nuestros lectores aquiescentes, que nos brindáis tantos apoyos y alegrías. Solo existe el amor»
Estimados,

«Nuestra historia»  👧👦👨👦👨

Un breve repaso.
Un breve anuncio.
Un breve sorteo (futuro).

Abrazos. 😊

Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


martes, 8 de agosto de 2017


«Supervivencia para todos o para ninguno»


Estimados,

Audiorelatos: «Hastaterrestres».

¿Mito o realidad?

Abrazos. :-P


Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


domingo, 6 de agosto de 2017

«¿Nos podríamos enamorar siempre de la misma persona o solo sucede en un momento determinado?»


        —Ana, te tengo muy presente. —La voz de Marcos tiembla.
        —Yo también te tengo presente. Eres buena persona.
        —No, quiero decir... Te quiero.
        Es la cafetería Deuxamores. Pequeña. Tranquila. El camarero desaparece, en un disimulado atareamiento, en la trastienda. Ana detiene, a medio camino de los labios, el trago a su taza de té.
        —Pero... —duda—, ¿cuándo...?
        —Me enamoré de ti aquí mismo, cuando me regalaste la novela de Jane Austen, me rozaste con tu dedo meñique, me entregaste ese libro tan romántico, sonreí como un estúpido... ¡Fue mágico!
        —Yo... —Repiquetea nerviosa el dedo contra la taza—. Solo era gratitud. Te portaste bien conmigo. No sé... No estoy en el mismo lugar que tú. Es complicado. Disculpa. Tengo que marcharme.
        —Doctor, llevo meses sin dormir. Soy patético. Cuantos más mensajes le envío es peor. Quiero curarme.
        —¿Acudió a la psicóloga?
        —Sí, pero no sirve de nada. ¡Quiero la pastilla!
        —La discordar se receta cuando las otras alternativas han fracasado, con más tiempo y el tratamiento...
        —¡No sirven! La psicología no ayuda, es palabrería barata. Y los fármacos me atontan. No quiero más. O me administra la discordar o... no sé que haré, no sé que haré...
        —¡Cálmese, por favor! Si es lo que desea, así lo haremos. Programaremos una ingesta para la semana que viene.
        —Gracias, Doctor. He oído, ¡qué desaparecerán todos mis pensamientos acerca de ella! ¿La olvidaré para siempre?
        —Sí, y será irreversible. Hará falta seguir una serie de trámites. Venga en ayunas. Traiga a todos los amigos y familiares que hayan tenido contacto con ella. Tendremos una charla con todos ellos. Borre su número de teléfono, emails o cualquier elemento de contacto. Además, tendrá que rellenar un formulario de consentimiento y de exención de responsabilidades.
        —Lo que haga falta. Me quiero curar.


«Ella sabe que tiene posibilidades de enamorar al chico, ya que ya pasó una vez, pero ¿volvería a suceder?»


        —¿Y te dijo eso en Deuxamores? ¡Qué romántico!
        Carlota, recién llegada de Londres, observa a su amiga con una gran sonrisa en el rostro.
        —Sí.
        —¿Y que hiciste?
        —Me fui corriendo.
        La expresión de Carlota muda de la alegría al estupor.
        —¿Qué? ¿Tú estás tonta? Pero si Marcos es el hombre ideal, guapo, inteligente, seguro, y tenéis gustos similares.
        —Aún no he superado lo de Juan.
        —Pero, ¿a ti qué te sucede? De eso hace dos años. Olvida al maldito Juan. Marcos es diferente, tiene otro brillo. Si lo dejas escapar es que eres más tonta de lo que pensaba.
        —Estoy... colapsada. No seas tan dura...
        —A mí no me llores. Tú sabrás lo que haces con tu vida, pero no hay segundas oportunidades.
        Una llamada entrante, en el móvil de Marcos, produce una vibración en la mesa... Tuuut Tuuut.
        —¿Diga?
        —Hola. Soy Ana. ¡Quería decirte qué...!
        —Perdone, no conozco a ninguna Ana, se equivoca. Tenga un buen día.
        —Ya me enteré de todo —Carlota se acerca—. Ayer me encontré con su prima, la de económicas, por suerte no sabe que tú y yo somos amigas. Marcos ha tomado la Discordar.
        —¿Qué? Con razón no se acuerda de mí.
        —Le debías importar mucho.
        —¡Qué tonta soy! Es culpa mía.
        Carlota remueve el azúcar en el fondo de su taza de café. Mira a los ojos de su amiga, mientras lanza una mueca de disgusto.
        —Lo debo recuperar.
        —Dicen que es irreversible.
        «A ver, Ana, céntrate. ¿Qué es lo que te dijo aquel día? Se enamoró de ti cuando estabais en la cafetería Deuxamores. Era un día festivo y la cafetería estaba vacía. Aquel día le regalé “Orgullo y prejuicio”. Era un día soleado. Estábamos de buen humor. No había nadie. ¿Dijo algo más? ¿Qué hice yo? Me estoy volviendo loca. Mañana iré a la cafetería».


        «La palabra "recordar" viene del latín "recordari", formado de re (de nuevo) y cordis (corazón). Recordar quiere decir mucho más que tener a alguien presente en la memoria. Significa "volver a pasar por el corazón"»


        —¿Me puedo sentar aquí? —Marcos levanta el rostro del periódico que sujeta con ambas manos. Una chica le sonríe. La cafetería está a rebosar.
        —Claro.
        —Es diferente. Está muy distinto. Es él, pero no es él. Estoy intentado recrear las situaciones, los momentos, incluso algunas conversaciones. Pero no me trata igual.
        —Es normal, Ana, todo ha cambiado. Aun así, si sigue quedando contigo es indicativo de algo, aunque quizá... solo te vea como una amiga. O quizá, el efecto de la pastilla haga que no te pueda amar. ¡Qué sé yo!
        —No me digas eso.
        —En fin, ya llevas dos meses con todo esto. No te obsesiones. Quizá deberías olvidarlo de alguna manera...
        —No, yo no creo en la Discordar.
        —No hablo de usar la mierda esa, pero hay más hombres.
        —Lo quiero —Ana mira nerviosa en dirección al techo—. ¿Por qué no esperó? Podría haber esperado. No habían pasado ni tres meses. ¿Tanto le costaba esperar?
        —Para algunas personas tres meses puede ser un tiempo eterno. Además, ¡fue culpa tuya!
        —Vaya, muchas gracias.
        —En fin, no discutamos. ¿Estás segura qué quieres seguir adelante?
        —Más que nunca. Recuperaré a Marcos.
        El día es soleado. La festividad de San Zoles ha desprovisto a Deuxamores de su concurrida clientela. Ana y Marcos están sentados en la terraza uno enfrente del otro.
        —Me has ayudado mucho estás últimas semanas —Ana ríe.
        —¡Qué va! Ha sido algo normal, me gusta ayudar a las personas.
        —Ya, pero quiero agradecerte. —Extrae un libro de su bolso—. Sé que te gusta leer.
        La mano deposita un ejemplar de Orgullo y prejuicio encima de la mesa. Marcos lo observa desde el otro extremo
        —¿Jane Austen?
        —Sí, es de mis autoras preferidas. ¿Lo has leído?
        —No, seguro que no, pero me resulta curioso. Al verlo, ahora, me ha parecido recordar que si lo había leído. ¡Qué tontería!
        Ana desliza el volumen por encima de la mesa, el acercamiento produce un suave sonido fruto de la fricción de la portada contra la superficie. Deja, con premeditada disposición, una mano encima del libro.
        —Es para ti. Cógelo, no muerde.
        Marcos acerca las manos al regalo. En ese momento, ella retira la suya, pero levanta un díscolo meñique. Es un gesto forzado. Él no tiene tiempo de apartar la mano y el pequeño apéndice le roza. Marcos ríe...

...



Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


viernes, 4 de agosto de 2017

«Una Super Shotgun.
Una Chaingun.
Una BFG 9000.
Tú. Yo. Piénsalo»


Estimados,

«Angry Bots»: el videorelato que nació de una colaboración entre Henry Slim y Un tranquilo lugar de aquiescencia.

El montaje final del director. ^^

Abrazos. ^^
«Solo existe el amor»


Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


miércoles, 2 de agosto de 2017

«Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales»


Estimados,

Audiorelatos: «Cuadrilla Orca»

Hay que vigilar, no solo  en la lejanía del horizonte... debajo de él, también. 🐳🐟🐋💓💓💓

Abrazos. ^^

Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


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Libros de S. Bonavida Ponce

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