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domingo, 21 de enero de 2018

«Los partidarios conquistados por medio de la palabra escrita son menos que los conquistados merced a la palabra hablada.
El triunfo de todos los grandes movimientos ha sido obra de grandes oradores y no de grandes escritores» 


1956. Dallas. Lago Grande.
Ayer maté a mi séptimo ucrónico. No debía poseer más de siete años. Lo esperé en la linde del pequeño bosque entre Seis Lagos y Lago grande. A la altura del atajo para llegar a la urbanización desde el colegio Woodmoor. Le esperaba respirando en un volumen quedo, ya que la experiencia me ha enseñado que los ucrónicos detectan esos pequeños cambios en las aspiraciones. Apareció de repente, mochila en la espalda y observando tranquilo en derredor. Salí de entre los árboles, abrió los ojos, pero antes de que chillara le tapé la boca. Mi cuchillo le cercenó el cuello. No sufrió. Siempre intento que sea rápido, pero en ocasiones se rebelan, se zafan, y solo consiguen alargar la agonía.
«Asesino prepúber» me nombran en algunos diarios. Si ellos supieran, no entienden la necesidad. Me alejé de Dallas todo lo que pude.

«1912. Alta Austria. Leonding. 
Querido diario, observo disgustado el cuchillo ensangrentado encima del escritorio, su contemplación me obliga a escribir. Son las aberraciones que me asaltan por las noches las que me conducen a realizar estos actos perversos. Espero, la historia, sepa perdonarme...».

1956. Texas. Kerrville.
En ocasiones leo el diario de mi padre. Acabó con muchos ucrónicos en Alemania antes de partir del país. Sin embargo, su diario me obliga a recordar los peligros de los descuidos. Cualquiera de esas pequeñas aberraciones que escapan... una sola, puede cambiar el futuro; en ocasiones, con tal virulencia, que me estremezco al pensar en ello.
Mis particulares visiones nocturnas repletas de hongos atómicos gigantes sembrándose por todo el mundo; la visión aterradora de explosiones kilométricas enraizadas en la tierra... Sueños en los que se entremezclan visiones, recuerdos y pensamientos de mis ancestros. Sí, rememorar sus errores también duele...
Hoy maté a mi octava aberración. Una niña. No lloraba. Esta era especial. La mirada de la perfecta sociópata. ¿Cómo puede un padre no darse cuenta de la perversidad anclada en su hijo? Si la pequeña hubiera tenido un arma entre sus manos el final hubiera sido muy distinto. La soñe meses atrás con el sobrenombre de la enfermera muerte, centenares de viejos inocentes perecidos en sus manos y, a pesar de ello, soy yo el asesino.

«1912. Alta Austria. Linz.
Tengo que escapar de este pueblucho. Anoche me encontraba en el cobertizo de la familia Poetsch. El pequeño estaba apilando heno, me acerqué con cuidado, pero pisé una rama. Maldito descuido, un paso más y mi hoz le hubiera cercenado la garganta. Pero no, la aberración disfrazada de niño escuchó el ruido y movido por ese instinto más allá de toda comprensión, se puso a correr y a chillar como un loco. Apareció el señor Hafeld: «Adolf, ¿qué son esos chillidos?» El buen señor Hafeld dio la voz de alarma; en esta extraña búsqueda de aberraciones no hay segundas oportunidades. Escapé por la puerta trasera, las autoridades magiares acudirían por la mañana. Era imperativo huir, pero el horror en mis ensoñaciones... La señal de la cruz doblada que acababa con millones de seres recaerá sobre mí durante años».

1956. Nueva York. Forest Hills.
«Kew-forest school», reza el cartel, debajo la bandera norteamericana ondea al viento. El barrio de Whitepot alberga una cantidad ingente de personas blancas. No es de extrañar que esta pequeña aberración, un niño de piel pálida y melena rubia, sea el reflejo del lugar. No consigo quitarme la imagen de ayer. Fue la más macabra que he tenido en los últimos años. Las enormes explosiones se elevaban en un mar de humo. No quiero permitir a mi imaginación volar con imágenes de una tercera guerra mundial.
Espero al pequeño en una esquina. He estudiado su rutina. El jueves sale una hora antes del colegio, compra un panecillo en la panadería de la esquina de Rego park y después se aleja por Alderton en dirección a casa. Lo adelanto y le espero en el vestíbulo. El cuchillo reposa en el interior de mi chaqueta. Aparece. La puerta se abre, se dirige en dirección al ascensor, me abalanzo sobre él, pero una puerta se abre. Mierda. Un vecino me observa perplejo, no hay tiempo, me abalanzo sobre el niño, pero el vecino se tira contra mí. Me intercepta. «Corre Donald. Avisa a la policía». Maldito estúpido. Forcejeamos. El ucrónico sale corriendo. No quiero matar a este hombre, es un inocente, pero le parto la nariz con tal fuerza que dudo respirará normal el resto de su vida. Aprovecho el golpe y le cortó la mano con el cuchillo. Chilla, afloja el abrazo y salgo a la calle. Escondo el cuchillo en el interior. Camino despacio para no llamar la atención. Sirenas de policía se acercan a toda velocidad, dirijo la mirada en todas direcciones, pero el pequeño ya no está. La aparición de los coches policiales finaliza todo intento de encontrar al ucrónico. Me alejo. Ya no tendré otra oportunidad.

2017. Estados Unidos. Washington.
«Trump gana las elecciones». Quizá esto es lo que pensaba mi padre en los albores de su huida de Alemania. Un solo descuido y condenas a millones, a lo mejor escribir un diario me redime de alguna manera que ahora no vislumbro. Una triste continuación de las letras de mi padre... El infierno es saber lo que ocurrirá y no poder cambiarlo».



LA NEGATIVIDAD OS HARÁ LIBRES.
Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


domingo, 14 de enero de 2018


«El sueño es alivio de las miserias de los que las tienen despiertas»


Prepara el macuto de los viejos pertrechos, asegúrate de moler un poco de compasión, de la que preparabas en el viejo molino de alegrías. 

Deja cartas para los allegados, que sepan que aunque en algunos momentos no supiste tratarlos con el cariño que se merecían, todos tenían cabida en tu corazón. 

Mientras te dirijas a la cama, deja abiertas la ventanas, muy abiertas, que por ellas puedan escapar las pequeñas palomas a las que con tanto cariño les has dado de comer durante todos estos años. Acaríciales el pico, las plumas y déjalas libres, que vuelen bien alto hasta el cielo. 

Arrópate con la manta, el frío es duro y a nadie le gusta, pero reconforta pensar en la calidez de los abrazos, de las palabras amables y de los momentos tiernos; intenta desterrar, aunque sé que esto es un poco complicado, aquellos momentos o palabras que te hicieron daño, a donde vas ya no los necesitas; y no, no derrames lágrimas por ninguna pareja, hombre o mujer, que te trató mal o con desprecio, recuerda que con toda seguridad tú también trataste mal a alguien en alguna ocasión. 

El perdón es el mejor pedernal para prender la llama que alumbrará el viaje. 

Ponte los calcetines que te bordó tu abuela, el viejo pijama que te regaló tu padre en aquel cumpleaños, ya tan lejano en el tiempo, y ponte en los pies la manta de agua caliente que heredaste de tu madre. No inicies el viaje, por favor, sin el gorro blanco legado de tu abuelo.

Envuelto en tan buena compañía ya puedes acurrucarte, cerrar los ojitos y decir un tímido adiós a tu anodina existencia. 

Mormir pequeñines, mormir.





Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


domingo, 10 de diciembre de 2017

«No podemos permitirnos ser ingenuos al tratar los sueños. Se originan en un espíritu que no es totalmente humano sino más bien una bocanada de naturaleza»


[1]

1515 - Primavera Amarilla - Abul’ Synov - Primer Manuscriba

Yo, Abul' Synov, primer manuscriba escogido por los sultanes Janybek y Kárey, Dios tenga en su gloria, dejo constancia de los acontecimientos acaecidos en la ciudad de Kazakh.
En la cueva más escarpada al oeste de la ciudad los sultanes han abierto un portal de extraños brillos; de él surgen grandes tentáculos viscosos, colmillos en rostros sin ojos y uñas afiladas como guadañas. Me han prohibido escribir el nombre real del Morador, quien de ahora en adelante recibirá solo ese nombre.

2015 - Mayo - Lub'a Vonys - Doctor Adjunto Universidad Politécnica de Tomsk

Yo, el doctor Lub'a Vonys, voy a tomar nota en mi grabadora de todos los acontecimientos que sucedan en esta singular población.
Dia 3 - 18:00 - Población: Kalachi. Una tercera parte de los habitantes presenta un extremo cuadro clínico de desorden del sueño. Realizo un recuento de población en el archivo del alcalde: viven 257 personas. El médico local me informa de los porcentajes: un 18% se encuentran profundamente dormidos, un 22% presentan desordenes del sueño, 7% insomnio. Es una broma de mal gusto pensar que mi sueño sea estar aquí y desentrañar el misterio de este lugar.


[2]

1515 - Primavera Amarilla - Abul’ Synov - Primer Manuscriba

La negociación se inicia pintando con tiza el sello de Salomón en el suelo. La punta Akhasiana se orienta en dirección al interior. Después ordenan las tripas de la cabra según el orden de la constelación Hydra. Los eunucos remueven constantemente la sangre en los cuencos.
La desgracia se ceba en nosotros, perdemos a Abdel, el primogénito de Janybek. No es un sacrificio, el príncipe pisa en un descuido el exterior del sello; el Morador acecha, una garra repleta de colmillos arrastra al príncipe al interior del portal. Un atroz alarido  es la última palabra de despedida de Abdel. Grande fue su gloria.

2015 - Mayo - Lub'a Vonys - Doctor Adjunto Universidad Politécnica de Tomsk

Dia 4 - 09:00 - Asisto a un par de enfermos. Relato de manera breve el caso más relevante [ver Ref:Kalachi-T15-54].
Mujer anciana, sesenta años, viuda, antigua trabajadora en sala de despiece cárnica. Despierta alucinando después de un largo sueño. Ha estado ingresada una semana. Habla acerca de tentáculos, garras y horribles alaridos. Esta muy nerviosa. Por la noche vuelve a quedar profundamente dormida. Quedo a su lado por si volviera a despertar. En la medianoche despierta frenética. Me mira fijamente a los ojos  mientras desesperada vocea El Morador. Después de eso muere.


[3]

1515 - Primavera Amarilla - Abul’ Synov - Primer Manuscriba

Después de la muerte del príncipe, los dos sultanes discuten acaloradamente, pero el sultán Kárey es más rápido, extrae su espada del cinto y clava la punta afilada en el abdomen de Janybeck. Las tripas del difunto se esparcen por encima del sello sagrado. Dios lo tenga en su gloria para siempre.

2015 - Mayo - Lub'a Vonys - Doctor Adjunto Universidad Politécnica de Tomsk

Dia 7 - 23:30 - Estoy en el exterior de una antigua mina abandonada. Todas las pistas apuntan a este sitio, sin embargo los pocos lugareños aún despiertos rehúsan venir. Morador es la palabra que susurran para sus adentros. Son las típicas supersticiones que los científicos debemos eliminar. Es muy posible que una alta concentración de radón sea la causa de estos desequilibrios, y que ese componente se halle disolviéndose en la atmósfera en grandes cantidades por esta apertura. El resto de doctores, una docena, ya se encuentran aquí. Algunos descartan el radón como el agente desencadenante. Entre los doctores se encuentra mi prometida, Martha, una prometedora bióloga y más bella mujer. Avanzo con la comitiva cueva adentro.


[4]

1515 - Primavera Amarilla - Abul’ Synov - Primer Manuscriba

La sangre derramada del sultán Janybeck ha desdibujado el sello marcado en el suelo, abriendo una pequeña brecha. El sacerdote Damrä se percata tarde del terrible hecho. Los tentáculos surgen a docenas del portal, la cabeza del sacerdote rueda bajo mis pies. La voz aguda de los eunucos retumba por toda la cueva mientras son despedazados por colmillos y garras afiladas. Ningún tentáculo se acerca a mí. ¿Quizás se deba a que agarro con fuerza el libro sagrado? Leo el título: Todos muertos.

2015 - Mayo - Lub'a Vonys - Doctor Adjunto Universidad Politécnica de Tomsk

Dia 8 - 01:30 - Llegamos al final de un túnel ciego. En el suelo hay multitud de huesos humanos esparcidos en lo que parece un mosaico caótico. Los doctores Klaus y Sigfried descubren también huesos de animal, presumiblemente cabras. Yo acabo de encontrar un brillante libro Amarillo en una esquina. Está escrito en una antigua variante dialectal Kazaja. Leo el título en voz alta: Todos muertos.
Las linternas se apagan...


[5]

1515 - Primavera Amarilla - Abul’ Synov - Primer Manuscriba

No puedo dejar de escribir, en el momento que lo hago los tentáculos comienza a avanzar sobre mí. Si intento escribir a la par que andar, y las palabras escritas no son nítidas, los tentáculos también avanzan. Llevo muchas horas despierto. Dios, encomiendo mi alma a ti, que aunque el Morador destroce mi cuerpo, mi alma permanezca a tu lado. Dios nos tenga a todos en su grandísima gloria.

2015 - Mayo - Lub'a Vonys - Doctor Adjunto Universidad Politécnica de Tomsk

Arranco de un mordisco el corazón de Martha de su pecho; con ojos llorosos da su último aliento. Un resplandor verde inunda la cuenca de mis ojos y la oscuridad del espacio se cuela en mi interior. Vislumbro fuego de antorchas al otro lado... Los Kazajos son un pueblo orgulloso. Quinientos años atrás intentaron eliminarme. Pero yo siempre vuelvo. Alimentándome en las pesadillas recurrentes reabro el brillante portal en este instante de negrura cósmica. Justo en el momento de regresar a 1515. Les confundo, os confundo y me confundo, pues al igual que la confusión es presente en los sueños y pesadillas, así me autodescubro como el artífice de todo este caos. Me deslizo por el bucle de eternos retornos de los sueños, ayudado por la sangre y los sacrificios.
Todo en nombre del Morador.
Loor al Morador.
Loor a mí.



Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


domingo, 3 de septiembre de 2017

«Mi tercer encuentro, 2/09/2017, en el meetup literario de letraheridos. La consigna, una palabra, Perfume. Ella es el hilo que teje la prenda de este envoltorio Kafkiano; un relato sobre un personaje que empieza mal y acaba peor»


            Un caballo cruza al trote el portal de entrada a la mansión de la familia Marcasoli. Un guardia surge al encuentro del caballero, este saca de su bolsa de cuero una carta para la hija del barón Jacomo del Albizzi; el guardia la examina con desdén y la recoge con una mano. El mensajero parte presto y él sube, carta en mano, a entregarla a su señora.
            Esta se encuentra en su aposento, recibe al guardia con delicadeza y piensa: «¿Una carta?». La agarra con cuidado, despide al hombre y se sienta encima de unos cojines al lado de la ventana. Al romper el sobre, un extraño perfume inunda la estancia, huele a nueces, nueces recién abiertas en su cáscara, y acto seguido, Donatella, la hija del barón, fija la vista en las grafías.

            Nicolás Ponce de León, Florencia.
            Año de nuestro señor 1777.

            Para mi estimada Donatella,
         
            Base, cuerpo y cabeza: esas son las tres partes esenciales de cualquier fragancia. Como perfumero, siempre me he esmerado en obtener un equilibro entre las tres para buscar la mejor esencia, pero como hombre he fracasado. Pues no he conseguido crear ninguna fragancia, esencia o perfume con el que os haya podido cautivar, mi queridísima Donatella.

            Sois vos mi máxima esencia, la mujer, que a pesar de no corresponderme, consigue mantenerme desvelado todas las noches, pues sois mi base, mi cuerpo y mi cabeza.

            La base fue aquel martes doce de marzo. El primer día que os conocí.
            El cuerpo se produjo en el salón de espejos, en casa del duque Luiggi, cuando me concedisteis nuestro primer baile.
            Y la cabeza.... La cabeza la perdí cuando me rechazasteis la semana pasada en puente Bello.

            No puedo vivir sin vuestro amor. Por ello, os confieso que he preparado un perfume asesino, una esencia de muerte, con extracto de mandrágora, almizcle, acónito y nueces.

            Ya que no os he podido tener en esta vida, os tendré en la siguiente.

            Ya muero.

            Os quiero mi Donatella.

            Nicolás.

...


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Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


domingo, 27 de agosto de 2017

«La grandeza es una experiencia transitoria porque depende de la imaginación humana creadora de mitos. Debes mostrarte inclinado a la ironía, eso te impedirá creer en tu propia pretensión, porque sin esta cualidad, incluso una grandeza ocasional puede destruir a una persona»


Desestimados,

Os conozco, os gustan mucho los cuentos, los relatos alegres, las historias de anodina felicidad. Yo prefiero la negatividad de lo real, hechos probados, premisas científicas: 1+1=2. Eso es un hecho. Sin embargo evitáis la realidad, preferís evadiros en esas estúpidas epístolas de felicidad improbable, en esos relatos que personajes como mi hermano UTLA y el resto de sus comparsas felicianos tejen alrededor de una realidad de improbable alegría desmedida. Ya que os gustan tanto los cuentos, os narraré uno.

Desérase una vez, un mago llamado Estupiditú,

El muy necio pensaba en dominar algún día el hechizo de hilar la realidad.
Su padre, hechicero de alto nivel, le advirtió, «cuidado con lo que deseas, se puede hacer realidad», pero se lo comentó de manera atolondrada antes de irse a trabajar al cónclave de magos en la península de Astañistán.
La madre bruja también añadió una despreocupada advertencia ante la extravagante peligrosidad de su pequeño, «menos pensar y más hechizar». Pero, al igual que su esposo, llegaba tarde a su particular reunión, un aquelarre en la montaña de Walpurgis, agarró la escoba y se fue volando en dirección norte.
Hasta su familiar adosado, una mascota similar a un pequeño gato negro con dos orejas de murciélago en la cabeza, bufaba lleno de espanto cuando su amo practicaba el susodicho hechizo noche tras noche.
Un mal día, espoleado con burlas en el patio del colegio por sus compañeros magos, brujas, hideutas y sátiros, Estupiditú lanzó al aire el conjuro. En aquella ocasión, quizá debido a la rabia interior, el efecto fue diferente...
Se formó la conocida niebla.
Se escuchó el lejano trueno.
Se paró el tiempo, las manecillas de los relojes se quedaron inmutables en aquella posición estática, anudadas a una fuerza mágica que les impedía avanzar.
Y se aparecieron, por último, las típicas luces discotequeras de Orcolandía, propias de todo embelesante hechizo.

*** ExplosiónReinvención + Estupidez ***

La realidad se plagó de una inmensa cantidad de personajes únicamente interesados en el dinero; florecieron los culolame, una antigua y peligrosa especie extinta desde tiempos Atlantes, causante en gran parte del hundimiento de la fantasticabulosa isla; los magos se convirtieron en uniformados agentes del orden, pulcros, impolutos, cambiaron varitas por barras de hierro, y con el tiempo comenzaron a llamar a las puertas de las pocas personas que aún podían recordar el tiempo de la magia y se las llevaron presas. Las brujas los siguieron en el atolondrado cambio de rehilación de la realidad y embutidas por el poderoso hechizo, las antaño nobles mujeres brujas, adquirieron otros hábitos más propios de las lamias.
Al final, el propio Estupiditú se transmutó en un trajeado transexual ávido de poder en una multinacional encargado de erradicar el pasado y los recuerdos; y por supuesto, la magia.


Esto no es verdad y miento, 
y estupiditú quien se lo crea.


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Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


domingo, 9 de julio de 2017

«Surgió una duda de carácter inclusivo en la Academia de Estudios Estúpidos. Se discutía acerca de la decisión de adjetivar a la Muerte: ¿es puta o es puto? ¿Posee género? Nadie ha levantado los faldones de tan execrable ser para corroborar su sexo»

        Los cortantes: «tenemos que hablar»

        Es esa frase muy utilizada por los cortantes. Un eufemismo de gran valor al que recurren esa estirpe maléfica de seres denominados los cortantes. Pequeños, enjutos, oscuros, con miradas lindas que enmascaran una antigua maldad. En el interior de sus dedos esconden pequeñas cuchillas retráctiles que, llegado el momento, extraen con felina voluntad. Las hojas, muy afiladas, las utilizan para rebanar corazones, ojos, orejas y demás despojos epidérmicos en sus víctimas.

        Dice una leyenda, que la Muerte fue una cortante en sus buenos tiempos, después evolucionó hasta el ser que conocemos hoy día...

        Los cortantes no esperan un diálogo, eso ya quedó claro, poseen un discurso preparado de antemano para producir un estado somnífero en su víctima.

        ¡Qué no te puedas defender, estúpido!

        El monólogo lo inician con la ejecución de su autoría, «tenemos que hablar» en el momento en que su víctima no lo espera. Suelen estar sentados de frente, no por valor, ni por misericordia. Les encanta disfrutar con la acuosa mirada del otro antes de destrozarlo.

        La víctima, por norma, no ofrece resistencia. El discurso empezado con la anestesiante frase los deja por norma indefensos. Las cuchillas en los dedos pasan rápidas por el corazón, los ojos y las orejas del incauto desválido. Esos dedos -ahora cuchillas- han sido afilados durante días y, en ese momento, asestan las cuchilladas del ansiado banquete final.

        —Tenemos que hablar —afirma el cortante.

        Pero esa frase es una gran mentira. El cortante no espera hablar. Solo espera cortar.



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Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


martes, 20 de junio de 2017


«De lo que tengo miedo
es de tu miedo»



Miedo. Dinero.
¡Excelente tándem!

Audiorelato: «La pandemia del miedo»

La negatividad os hará libres.
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Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


viernes, 5 de mayo de 2017

«Con viento 
mi esperanza navegaba;
perdonóla la mar, 
matóla el puerto»


Estimados,

Susurros de NUTLA: Puerto de ánimas.

Este relato nace de una ilustración de Carrie On Art.

En esta ocasión, UTLA y NUTLA, colaboran para formar una historia en torno al misterioso barquero de Carrie...

Abrazos. ^^


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Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


lunes, 1 de mayo de 2017

«El aburrimiento es la enfermedad de las personas afortunadas; los desgraciados no se aburren, tienen demasiado que hacer»

Estimados,

Afortunado

Este audiorelato está basado en la canción de mismo nombre de Joey Tempest: «Lucky».

Abrazos. ^^
«La negatividad os hará libres»

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Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


domingo, 23 de abril de 2017


«Estoy cansado de este ser mediocre, sin porvenir y sin confianza, de este ser al que tengo forzosamente que llamar: "yo", puesto que no puedo separarme de él»

Carezco del proverbial talento de los genios. Mi arte se basa en repeticiones innecesarias, en divertidas correrías por el planeta de los sueños y poco más. Mis palabras no transmiten nada, pues nada hay especial en ellas.

Aprendo, muy a mi pesar, que no aporto nada a este mundo. La mayoría de los seres de mi especie no aportan ni una mísera huella a este camino llamado vida. ¿Por qué yo debería ser diferente a la inmensa mayoría de mis congéneres? Se me antoja una pesada carga saber que no dejo ni una mísera pisada... Me da asco pensar así, pero no puedo remediarlo. He pasado toda una vida sin dejar ni un recuerdo en un solo corazón. Una gota más perdida en el vasto oleaje cósmico.

Este escrito es otro apunte innecesario fruto de mi devastadora inexpresividad artística.

La mayoría de seres humanos, los más afortunados, nacen en la inopia de la mediocridad. Son afortunados. Me asusta pensar en la geometría de esta ecuación, en la linealidad constante de mi ineptitud, un concepto que tan solo puede asustar a alguien que persigue una meta de talento.

Pero soy mediocre. Por más que intento elevarme del suelo como los verdaderos genios, mi mente se achicharra al igual que las alas de Ícaro al acercarse al Sol.
Sin embargo, esta clase de conocimiento, casi místico, de la nulidad de mi intelecto me ha vuelto más razonable. Más mundano. Me he dado cuenta, más tarde que pronto como suele ser norma en las grandes revelaciones, que el mayor talento de un mediocre reside en otra palabra...

Obstinación.

Hace falta ser muy valiente para saberse mediocre y continuar.

Detrás de mi falta de carente genialidad se esconde la máxima de esta Oda:

«El único talento de un mediocre es la obstinación».

Desgraciadamente, la mediocridad no me hará libre...



Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


domingo, 9 de abril de 2017


«¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son».

La eterna lucha contra las sombras era mi vida.

Recordé a Peter. Él también las veía. Más tarde se nos unió Vanesa. Una mujer hermosa, de mirada limpia y que poseía un poder muy útil. La clarividencia. Casi siempre sabía dónde aparecerían... Lástima que no las vio aparecer aquella noche a los pies de su cama.

Nos olían. Sabían dónde encontrarnos. Les llevaba tiempo, pero nos encontraban... Por eso, cuando dormíamos, siempre dejábamos una luz encendida. Sí, como los niños pequeños. Pero aquella noche, su bombilla se apagó... la desgarraron de pies a cabeza.

Peter lloró mucho. Creo que se había enamorado de ella, aunque nunca dijo nada al respecto. Entonces decidimos mudarnos a Tonhome, esa antigua ciudad repleta de fábricas situada al borde del mar. En esa gran urbe estaba el puerto más grande de la costa este, cientos de barcos salían de allí cada día. En los muelles conocimos a Walsh, era un personaje aún más extraño que nosotros, un escocés con acento mexicano. Otra vez de nuevo éramos una triada.

Una noche, mientras volvíamos de limpiar un barrio, las sombras nos emboscaron en un callejón. Peter y yo conseguimos huir. A día de hoy no recuerdo bien como pudimos salvarnos. Pero lo hicimos. El que no tuvo tanta suerte fue el bueno de Walsh. Las sombras se adentraron por la cuenca de sus ojos, le dejaron ciego, y continuaron bajando por la tráquea. Después lo implosionaron. ¡Adiós, estimado Walsh!

Después de la muerte de nuestro compañero, Peter y yo decidimos separarnos. Parecía que ambos estuviéramos malditos. Nuestro tercer compañero siempre acaba muriendo. Nos abrazamos en el muelle de Tonhome. Él agarró un barco en dirección a la vieja Europa, y yo continué subiendo cada día un poco más al norte. Durmiendo entre velas encendidas y una lámpara portátil. Las sombras acechaban siempre entre las sombras... ¡Maldito pleonasmo barato! Las odiaba.

Entonces en Tallulä, un pueblo fronterizo grande en extensión pero con poca población, conocí a Laurah. Una hermosa afroamericana de veinte años, a la cual yo le sacaba casi el doble de edad. Eso no impidió que nos hiciéramos amantes. Sin embargo, le faltaba calidez, su sexo era frío, pero despachaba con igual eficacia a nuestras enemigas. Realmente, como compañera de muerte, era lo único que le pedía. Que matara tantas como pudiera de aquellas horribles criaturas.

Conseguimos aguantar juntos un par de años. Fueron buenos tiempos, por el día hacíamos el amor y en la noche eliminábamos a las malditas sombras. Quizá para las personas normales un par de años puedan no parecer mucho tiempo, pero con nuestro nivel de ansiedad, a mí me parecía ser un vampiro, que había vivido miles de años. Comenzaba a cansarme.

Fue en ese tiempo que me di cuenta que las sombras se multiplicaban, y aunque habíamos encontrado a otros como nosotros, estábamos separados, dispersos. Éramos pequeños grupos erráticos, vagando con un mismo propósito, pero totalmente desunidos. Quizá no estaba hecho de la materia necesaria para ser un héroe... Así que abandoné a Laurah. No quería verla morir como a mis antiguos compañeros. Sí, lo sé. Cobarde y egoísta. ¿Quién no lo ha sido alguna vez?
Agarré un viejo carguero y me dirigí a Osaka. Recordé las palabras de una vieja tabernera que decía que en aquella ciudad japonesa existía un templo donde un monje podía curarme de mi visión. Las sombras solo mataban a aquellos que poseíamos el don de verlas. El resto de seres vivo eran su alimento. Les sorbían la energía por los poros. Consumiéndolos en secreto.

Mi visión era mi maldición.

En lo alto de la ciudad encontré el templo prometido, pero no había monjes. En su lugar me encontré a una guardesa. Una mujer nipona que se encargaba de limpiar el templo. Con educación exquisita me hizo entrar en su casa. Estaba situada detrás del templo. Apenas un chamizo con cuatro paredes. Me descalcé y me invitó a tomar té. Sentados en el suelo, sorbo tras sorbo, me miraba y no decía nada. Nunca se me daban bien las conversaciones. Al acabar el té, se acercó a mí, me rozó con el dedo índice en la mejilla y me susurró que me curaría de mí poder. Si he de ser sincero, me imaginaba que el sanador sería un japonés viejo, de espalda encorvada, y mirada huraña... En vez de ello encontré a Mariko. Una mujer pequeña, delgada, de ojos rasgados, hermosa.
La única pregunta que me realizó fue la siguiente: «¿Renuncias libremente a tu don?».
Asentí.
No me pidió dinero. Ni nada a cambio. Me hizo tumbar en el tatami y me cerró los ojos. Estirado en el suelo olí a incienso. A lo lejos escuché una campanita y un canto gutural.
«Ea ea ea ea ».
Después me dormí... Al despertar ya no estaba en la casa de Mariko. Aparecí en un callejón de la ciudad nipona.

Y por la noche deambulé por los callejones más oscuros. Buscaba en las esquinas donde se acumulaba la basura y los perros aullaban a la luna. Era en aquellos rincones mugrientos donde las sombras proliferaban. No conseguí ver a ninguna, aunque aún presentía pequeños detalles que me las anunciaban. Y de repente, me note más cansado. Ya no las veía, pero se estaban alimentando de mí...

../..

—¿Qué os diría a los jóvenes con mi don? No las persigáis. Abandonad la lucha. No se puede ganar a las sombras. Encontrar trabajos aburridos pero bien remunerados. Matrimonios exasperantes pero convenientes. Rodeaos de personas insípidas... Si hacéis esto perderéis el don. Las sombras no os atacarán. De lo contrario os reventarán por dentro. Y dejarán vuestro sucio cascarón vacío en un oscuro rincón. ¡Creedme cuando os digo que sé lo que hacen a los pobres ilusos repletos de lucha! Renunciad ahora. Escuchadme atentamente. ¡Renunciad!


«La negatividad os hará libres»


Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


domingo, 26 de marzo de 2017




«Muy frecuentemente 
las lágrimas 
son la última sonrisa 
del amor».
Stendhal (1783-1842)




No le gustaba llorar, pero no podía evitarlo.

Se pasaba horas estirado en el sillón de su casa mirando aquel techo, como si la sola contemplación de aquel pedazo liso de masilla blanca pudiera redimirlo de su tristeza.

Las lágrimas rodaban calientes por sus mejillas. Embriagadoramente tiernas.

Los recuerdos no menguaban por más llanto que produjese. Ni siquiera podía interiorizar su frase preferida, «Vive el ahora», diluida en el absurdo bucle de lamentos pasados.

Y la manida expresión, «Llorar es un bálsamo para el alma», no producía el efecto descrito por el taimado escritor anónimo.

Entonces, sus lágrimas empezaron a bajar por la pendiente de la calle.

Una tras otra, como un tímido manantial lastimero, comenzaron a anegar la playa de su ciudad.

El torrente no disminuía y los ríos de su país comenzaron a inundarse de agua salada debido a la abundancia de este elemento en su llanto.

Los animales y personas escalaron a lugares más altos, para intentar escapar en vano de aquella tristeza que les acabaría ahogando.

En poco tiempo, las aguas de los mares y océanos vieron incrementado su caudal.

«Cuando se llora, como lloraba aquel ser, ni toda la alegría de un mundo puede contener la implosión de infelicidad acumulada».

Y así, el agua salada fue desbordándolo todo. Se extinguió su especie. Más lágrimas. El planeta rebosaba líquido, la gravedad expulsó, en un intento vano por ganar la partida a la tristeza, el agua sobrante al espacio. Pero el sistema se hallaba comprometido, la entropía estaba cambiando...

La estrella, un pequeño sol amarillo de apenas cinco mil millones años, se apagó por aquel desbordamiento de acuosa tristeza.

Más tarde, el cosmos entero acabó convertido en una piscina de rebosante tristeza.

Finalmente...

«Splasssh»

El acontecimiento cósmico del «Big Splash» sucedió en apenas 10-35 segundos. Toda la materia se contrajo en una infinitesimal gota salada, la esencia de aquel universo remodelada en una pequeña lágrima y un nanosegundo de tristeza después... explotó.

Porque la tristeza, únicamente finaliza, cuando revienta.


Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


domingo, 28 de febrero de 2016



Zarpé de Puerto Alegría el 32 de mayo de 1914 en el bajío Esperanza II.

Era especialmente caro el precio de los billetes de embarque, sobre todo para un simple jornalero como yo, tres ilusiones y 5 peniques.

Todos mis conocidos me desaconsejaron partir en busca de ese destino: Bahía Aventura. El lugar estaba situado al otro lado de mi mundo, un lugar tan sorprendente como desconocido. Esperaban en destino la misma cantidad de promesas como de infortunios.

Pero el navío naufragó al sexto día de viaje. La quilla se quebró por la mitad, los alaridos de algunos tripulantes contrastaban con el mortal silencio de otros. Todo fue horror en aquel perfecto caos.

En mi salto desesperado al inmenso mar me agarré a una barca salvavidas. Un auténtico eufemismo de salvación. No duraría mucho. Notaba bajo mis pies toda la malignidad de aquel inmenso recipiente licuoso bramando furioso.

Pasaban los días, y el mar de odio me rodeaba con marejadas de soledad, abrumadoras olas de ira me asaltaban algunas noches. La bendita agua de lluvia escaseaba. Resultaba curioso ser consciente de toda la cantidad de líquido que me rodeaba y al mismo tiempo pensar en la insalubridad de tanto odio.

Y finalmente el agua de lluvia se agotó. Durante tres días, bajo un sol agonizante, mi lengua reseca soñaba con la preciada sustancia.

Alucinaba por las noches, creía ver formas semihumanas brincando por encima de las olas. Me llamaban por mi nombre, con un profundo rencor, tan viejo como el propio mar que me rodeaba.

Una noche, más desesperado que valiente, superé la barrera del eterno miedo de los vivos y me lancé por la borda de mi improvisada embarcación. Esperaba que el tormento duraría poco, ahogarme rápidamente en aquel odioso océano.

Burbujas plenas de desesperanza subían en fila a la superficie, mientras mi cuerpo descendía con pesadez en dirección al abismo. Mis pulmones tragaron odio líquido, y comprobé que el odio no era frío como pensaba, sino más bien tibio, y ni todas las buenas intenciones de mi anterior mundo hubieran secado aquel inmenso mar. Y deseé morir.

Pero no lo conseguí, al menos no inmediatamente. Algo me agarraba de los tobillos. Incliné mi maltrecha cabeza, las últimas fuerzas me acompañaron en aquel estúpido gesto. Una forma semihumana, de garras y colmillos alargados, y sonrisa macabra me sujetaba.

Y no morí, el asqueroso ser me arrastraba más y más en dirección a mi ansiada perdición...

../..

Ahora, algunas noches, espero bajo éste inmenso mar a los incautos aventureros que creen en sus pueriles sueños. Mis uñas se alargaron, mis colmillos también. Mis pulmones se adaptaron y algo parecido a unas branquias surgieron de mi cuello. Ahora respiro con normalidad bajo este mar de odio y desgarro con toda mi ansiedad a esos malditos soñadores.

Sólo en alguna ocasión conservo otras almas perturbadas a mi lado. Y al igual que hicieron conmigo, las hundo hasta el fondo del abismo, convirtiéndolas en esta gloriosa forma semihumana en la que me he convertido por gracia y obra del dios odio.

Y pienso: Tú serás el siguiente.


LA NEGATIVIDAD OS HARÁ LIBRES.


Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia

jueves, 23 de julio de 2015



«Retorcer insultos es el aliciente de los habitantes del planeta Fango».

NUTLA



Hay un oficio mal visto entre los habitantes del planeta Fango.

—Que rica se ve Marta.

José Carlos observa encandilado una lejana construcción, un pequeño puesto de ladrillos mal construido, apenas tres paredes con un techo, la pared frontal no existe y su precariedad estructural es evidente. Anexa a la construcción una chimenea humeante anuncia un incesante trabajo, y en el interior una chica de piel morena y pelo oscuro remueve afanosa un gran caldero con agua hirviendo en su interior.

—Es una «calientapollos» —contesta Fernando con su habitual cara agria— .El otro día le llevé una gallina, le retorció el pescuezo con frialdad, la desplumó sin cariño y la tiró a la olla.

José Carlos, de vuelta a casa, piensa apenado en las palabras de su amigo Fernando. Es una lástima, recapacita, que el oficio de Verónica esté tan mal visto entre la gente de Fango. Aun así, él no puede evitar dejar de sentir lo que siente.

Al día siguiente José Carlos se presenta con una gallina delante del puesto de Verónica.

—Hola —saluda con una sonrisa en la cara.

—Serán 7 «rólares» —responde fríamente Verónica mientras dirige su vista al animal que se mueve nervioso en la mano de José Carlos.

—Claro, pero ... —duda al responder— .¿Podrías preparármela con cariño?

Verónica le dirige una mirada de indignada estupefacción.

—Mato decenas de gallinas al día, observo sus ojitos indefensos y segundos después les retuerzo el cuello. ¿Y tú pretendes que realice tamaña aberración con una sonrisa en la cara?

José Carlos le entrega avergonzado 7 monedas. Verónica le arranca la gallina de las manos, le retuerce el cuello, es tan rápida que el animal no siente nada, la despluma metódicamente con la resolución de quien está acostumbrado a ello, y acto seguido deposita el cuerpo inerte en la gran olla de cocción. Pasados quince minutos Verónica agarra unas pinzas y extrae el cuerpo de la gallina aun humeante del interior de la olla, con frialdad la entrega a José Carlos que la deposita en su tarro de pollos.

Al llegar a casa José Carlos recapacita.

«Es cierto. Es una calientapollos».

Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia

miércoles, 24 de junio de 2015


«La felicidad es la eterna búsqueda de los necios. Cuando observéis a un necio con un pedazo de fugaz alegría desconfiad, pues el necio nunca queda satisfecho de su inacabable necedad».
NUTLA.

Cuando uno abandona los alegres años de la pubertad y comienza a adentrarse en esa jungla mal llamada "edad adulta" comienzan esa otra clase de miedos: el abismo insondable a la muerte, la innombrable enfermedad, el adiós a los padres, a la decrepitud, el vacío de la existencia o la siempre omnipresente soledad.

En momentos como esos entiendo a todas esas personas cobardes que deciden acabar con su vida en un pequeño hálito. Como quien corta la raíz de una planta.

Hoy estaba en mi casa, vinieron unos amigos a comer. Hacía casi un año que no invitaba a nadie a comer a mi casa. No desde la ruptura con mi última pareja "seria". Trajeron a sus niños. Los pequeños me dejaron la casa llena del barro de la calle. Y cuando se fueron habían dejado todo el suelo sucio de pisadas, de galletas roídas, habían dejado mi casa llena de pedazos sucios de vida. Esa vida que no sabemos apreciar de pequeños, y que al llegar a la edad adulta se convierte en una pesada losa. Leí en una ocasión que las personas pesimistas, en muchos casos, lo son por culpa de un gen tarado. Yo no sé si tendré ese gen tarado, pero hace tiempo que no pienso en un futuro prometedor, en un futuro feliz.

Y me puse a borrar esas pisadas. Entonces recordé las alegres caras de los niños mientras corrían de un lado a otro por mi casa. Y comencé a derramar lagrimas, sin darme cuenta, sobre las pisaditas de barro y polvo dibujadas en el suelo. Seguí frotando y frotando, porque quería que estuviera limpio, por ese fanatismo estúpido a la limpieza, como si la limpieza del suelo pudiera borrar la profunda suciedad instalada en mi corazón, #FromTheBottomOfMyHeart, y con esfuerzo, poco a poco, fui borrando ese paso de vida por mi casa desolada.

Pensaba que el trabajo físico me habría ayudado. Siempre pienso que tengo algo de bipolar, al ver el suelo tan limpio reí, comencé a reír con muchas ganas. ¡Qué bien!, pensé, una crisis más superada. Todo se puede superar con limpieza y esfuerzo. Me reincorporé, y al girarme, en el marco de mi ventana, vi una pequeña mancha; algo así como un extraño punto negro. Al principio pensé que sería algún otro regalo de los niños, otra pequeña muestra de esa vida tan ardiente, tan preciosa, tan sucia.

Pero al acercarme me sorprendí al descubrir aquel objeto extraño y atípico. No era ninguna mancha, era una pequeña araña. Desde siempre las arañas me han dado mucho asco, y miedo también, desconozco el porqué, pero siempre ha sido así, por más y más pequeñas que sean. Y sin embargo ese pavor irracional lucha con otra convicción que se ha ido adueñando de mi en los últimos tiempos: no soporto matar a ningún ser vivo. Incluso me da pena matar a las cucarachas que de vez en cuando veo en el trastero de mi casa. Una pena inmensa se adueña de mi cuando por algún motivo me obligo a mi mismo a matar a uno de esos pequeños seres, a esas minúsculas vidas, que por un azar el destino las ha interpuesto con su verdugo. Yo.

Y esa tarde, cuando observaba a esa pequeña araña en el marco de mi casa... Cruzó por mi mente un pensamiento fugaz, aplastarla con un pequeño trozo de papel. Juro que esa era mi intención, pero no llegué a coger ni siquiera un pedazo, porque me acerque a ella, a pesar de mi asco, de mi miedo, y la vi agazapada. Hubiera podido jurar que el insecto sabía de mis intenciones, que tenía miedo. Era una pequeña vida que yo iba a sesgar de golpe. Tan fácil como coger un papel de cocina, y aplastar esa minúscula vida contra el marco de la ventana, hacerla desaparecer en la incomprensible fugacidad de la existencia.

Y me puse a llorar de nuevo. Estuve llorando una hora en la penumbra de mi comedor. Aturdido, sin saber en qué pensar, sin poder decidirme a matar a la pequeña araña en el marco de mi ventana.

Y no pude hacerlo. No pude matarla. Al menos no esa tarde.
Dejé que se escondiera, que se marchara de mi vida.

Y pensé en la araña, ¿sentiría ella realmente miedo? ¿se agazapó ante mi como hago yo con la vida?

Es horrible tener miedo a la muerte pero es más estúpido todavía tener miedo a la vida.

Por NUTLA.

Mi hermano hubiera dicho: 93% Imaginación, 7% Realidad
Pero lo realmente importante: La negatividad os hará libres

Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia

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