domingo, 10 de enero de 2021

«"¿Quién está ahí? ¿Cuál es el santo y seña?", y como los zorros solitarios y los gatos plañideros no le respondieron...»

En 2004, Ignatson Strambotikus se alojaba en Port Zelandè, un complejo turístico de cabañas en los Países Bajos. El día nuboso auguraba lluvia, pero salió a pasear de todos modos. De camino por las calles adoquinadas se encontró con un improvisado mercado de libro viejo, una decena de tenderetes, arcones de madera con ruedas, pasamanos y carpas triangulares a modo de techados imitaban a pequeña escala el Portobello Road británico o el Mercado de San Antonio español. Se fijó en el puesto que tenía delante, donde se desparramaban portadas llamativas de títulos rimbombantes y en medio de ellas un libro de color rosa pugnaba por destacar. Lo agarró y se lo acercó en demasía al rostro, no veía nada sin sus gafas, la librera al otro lado de la parada lanzó una mirada de extranjero-pesado-que-mira-mucho-y-no-compra, mientras, ajeno a ella, Ignatson ojeaba la portada en la que un gato caía. La ilustración reproducía la caída del felino en una secuencia dinámica en tres actos: a) cayendo de espaldas, b) girando sobre sí mismo y c) finalmente cayendo de pie. El título, Salva al gato, chirriaba un tanto con la imagen, pues el gato parecía apañárselas bien solito sin salvamento alguno. Al darle la vuelta y leer la sinopsis descubrió el que sería su primer libro sobre guionizaje de películas. El precio marcado a lápiz y en florines en la primera página aludía a un pasado monetario no muy lejano, pero nada acorde con la realidad; así, en esa ucronía temporal, llevó a modo de interrogante el dedo al precio marcado en la antigua moneda y la librera respondió levantando tres falanges. Ignatson movió la cabeza con aquiescencia, se sacó tres euros del monedero y los puso en la mano extendida de la mujer que acogió las monedas con una sonrisa forzada que intentaba borrar la otrora mirada de extranjero-pesado por una de extranjero-que-mira-mucho-y-que-finalmente-compra. Ignatson se puso la adquisición debajo de la axila y volvió a su cabaña. Un auténtico chollo los mercados de libro viejo. Encendió una lamparita y sentado en el escritorio —justo a tiempo, pues empezaba a llover— delante del inmenso ventanal en el que se deslizaban las gotas, leyó el manual con avidez, tomó notas de los entresijos de la industria de Hollywood y caviló sobre apuntes futuros para las clases en su taller de escritura.

La anécdota de Port Zelandè fue diluyéndose con el paso del tiempo hasta la mudanza de 2017, año en el que se mudó a Trystonia donde impartiría clases en la universidad de Idioma Guáltrapa. La universidad le cedía, sin coste alguno para él, una casa remodelada estilo Plymouth años veinte, una suerte, pues la mudanza la costeaba él y los quinientos kilómetros hasta Trystonia le habían salido por una cantidad bastante elevada. Los transportistas, sudorosos y con prisas, se afanaban en coger una caja, cruzar el jardín, traspasar el porche y amontonarla junto a otras, con más desconcierto que orden, en el comedor. En una de las idas y venidas, una caja reventó debido a la presión y un aluvión de libros se desparramó por el suelo. Los trabajadores se quedaron parados, pero Ignatson aireó la mano restándole importancia. Ya los recogeré yo más tarde, anunció. Los hombres no discutieron la orden, se dieron aún más prisa y en media hora cerraban el portón del camión, se despedían cordialmente y regresaban camino de vuelta al lejano hogar. Ignatson acercó una silla al mar de letras y se sentó encorvado sobre la orilla literaria, las manos pescaban los libros que un instante después apilaba en columnas organizadas por temática: estudios literarios, historia, psicología, filosofía, hermenéutica… hasta que apareció un antiguo libro de tapa rosa con un gato e inmediatamente las vacaciones en la cabaña de Port Zelandè se avivaron. Aparcó la libresca tarea de apilar y recuperó una postura más cómoda en la silla. Abrió el Salva el gato en la primera hoja marcada, pues tenía antaño la manía de doblar la esquina superior de los libros para recordar de esa manera pasajes especiales. El autor estadounidense ponía de ejemplo la primera secuencia de una película de Al Pacino para plasmar la importancia de la presentación del héroe en un guion cinematográfico, aunque aseguraba que el efecto resultaba de igual importancia en las novelas; la película de Al Pacino que tantos años después Ignatson aún no había visto no le evocaba ningún recuerdo especial, además, el tono escogido por el autor le disgustaba, un tanto pedante y con información de la que en gran parte disentía. ¡El viejo concepto del monomito y sus derivados que tan bien funcionaba en Hollywood! Eran temas que habían tratado con anterioridad Vogler y Campbell, en sus respectivos libros El viaje del escritor y El héroe de las mil caras. El redescubrimiento de un libro primerizo no siempre resulta halagüeño y las lecturas que Ignatson arrastraba no ayudaban en su magnanimidad para con el gato. En sus cavilaciones tampoco entendía por qué razón había escogido el autor, a modo de ejemplo para Salva el gato, la escena de la película de Al Pacino. ¿No hubiera sido mejor escoger a un joven Christopher Reeve, encarnando a Superman, sobrevolando el aire y acercándose con lentitud hasta las copas de un árbol donde rescataba a un gato blanco ante la atenta mirada de su sorprendida y balbuceante dueña adolescente? Ignatson avanzó más páginas buscando las dobleces en las esquinas de las páginas que su antiguo yo había marcado como puntos de interés. Leyó el método de los pasos, pufff, en desacuerdo, el llamado a la aventura, pufff y pufff, y a medida que pasaba páginas soltaba más y más bufidos. Cerró el libro y miró la caída del gato en tres actos, a) espalda, b) giro y c) aterrizaje. Sobre la tapa le dio un par de palmadas como si lo hiciera en la espalda de un viejo amigo al que le perdonara una ofensa y puso el libro encima de una de las pilas de portadas negras y letras rimbombantes, y sin más demora continuó la labor de pescador literario: separar, ordenar y apilar. Había mucho trabajo por delante, era jueves y empezaba las clases el lunes. Tenía que preparar el Reto Bradbury para sus alumnos.

#RetoBradbury #RBSemana01 #Letraheridos

Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia

sábado, 19 de diciembre de 2020





Este día, 19 de diciembre de 2020, cumplimos nuestro décimo aniversario. 

Nos hace mucha ilusión celebrar con vosotros un año más.

Pues a pesar de los malos momentos, de las tristezas y de las despedidas, vale la pena vivir, celebrar y atesorar cada uno de nuestros días en este amado planeta al que llamamos Tierra.

Para los amantes de los retos, os dejamos un pequeño cuestionario festivo. ^_^

Abrazos, estimados. 

😊🍰🎉🎉🎆


*Ilustración de Facundo Diblasi. Gracias, Facundo.

Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia






domingo, 6 de diciembre de 2020



Soy una historia, una historia sin nombre. Las historias nacemos, por lo general, desde una letra capitular, aunque hay algunas hermanas que no poseen dicho capitulamiento y, simplemente, empiezan con una palabra o con un carácter suelto, individual, desapegado del cuerpo, algunas historias más atrevidas incluso se permiten empezar con la extravagancia de un signo de puntuación en ese extraño postureo de diva, de romper el lenguaje escriben algunos.
Yo soy una más de esas historias, solitaria y perdida entre los pliegues insondables de la imaginación, soy…

—Hola.

¿Alguien que se dirige a mí? Estoy segura, es una persona tras esa raya larga de inicio de diálogo, pero tras ese escueto saludo me pregunto, ¿quién será?, ¿será amable?, ¿será mujer?, ¿será hombre?

—Soy el lector.

Cómo me gustaría intercambiar un diálogo con él, pues supongo que lector se refiere a un hombre y no lo usa una mujer de manera genérica, pero que tonterías digo, divago antes de lo que sé que vendrá, unos espeluznantes y misteriosos puntos suspensivos… (aunque de tanto uso los tres dichosos puntitos se volvieron de todo menos espeluznantes y misteriosos, sé, como han dicho otras historias que yo, que el abuso es la muerte de lo nuevo).

—Encantado de conocerte.

¡Qué ternura! Un lector que realmente se preocupa por una historia. Mis hermanas me lo advirtieron, me dieron a conocer el bestiario lector repleto de seres con sus distintas tipologías. He tenido suerte, el mío es amable. Sé todo esto porque una historia conoce lo que el resto del historias han conocido desde su creación hasta su desaparición, sabemos todo desde el minuto cero de nuestro nacimiento hasta nuestra muerte y, en ese lapso, cada una se lo transmite al resto en cadena, tal vastedad de información me supera y difícilmente podría explicaros los mecanismos de porque esto sucede, pero así es. Todas conocemos las otras historias, también a sus lectores y lectoras, oh, sí, ya lo creo, en nuestro breve periplo por este océano de imaginación y letras, por un breve instante, os conocemos y nos conocemos. Sé que nací con la tara de ser una historia breve, si acaso la brevedad pudiera ser tildada de peyorativa, pero sé que no duraré mucho en este mundo, aunque seré releída y recordada tiempo después del temido punto final. Quién me haya creado quizá no ha tenido tiempo o quizá ganas o, peor aún, ni voluntad de convertirme en más duradera, pero tampoco se lo recrimino, pues cada historia escapa, desde el momento de su creación, a su propio creador. Una historia dura lo que tiene que durar, ya está escrito en algún lugar tranquilo, algunos lo nombran como el Contigüüüm, pero solo es un nombre de tantos otros, un sinónimo, un heterónimo, un símil lingüístico para designar de manera distinta idénticos conceptos; tampoco importa si me han creado como un esbozo y ese esbozo crecerá y crecerá en el tiempo hasta convertirse en una novela o si por el contrario perecerá después de este instante, pero puedo permitirme soñar, quizá incluso llegue a ser una saga, eso sí estaría bien, me daría un tiempo de vida más longevo, más duradero, pero es igual, tampoco importa, seguiría siendo efímera, pues ni la más larga de las más extensas novelas dura todo el tiempo, nada escapa a ese concepto estúpido y efímero: «[…] fugit».
Antes de acabar, me gustaría destacar que tampoco es necesaria esa búsqueda de un conflicto, ni siquiera de algo que decir, ni tampoco unos diálogos interesantes ni unos personajes profundos o identificables, muchas de mis hermanas nacieron con esos principios, y palidecieron, igual que otras, sin ser recordadas, olvidadas, no importa nada de ello para perdurar.

—Adiós.

Sí, sí, adiós, amigo mío, adiós. Lo único que importa es haber vivido. Eso es lo que querría transmitir, ese ha sido mi objetivo desde el inicial «Soy […]», el fin con el que fui creada y que ahora, acercándose mi final, ya puedo desvelar sin tampoco mucho histrionismo. Una historia mundana entre tantas otras. Gracias por leer. Sed felices y aprovechad vuestro […].


Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia

sábado, 14 de noviembre de 2020





En esta ocasión, un cumpleblog de unos estimados amigos blogueros —de los que pasaremos a hablar en breve— nos invita a escribir una breve reflexión sobre el tiempo.

¿Qué es el tiempo?
Los humanos no lo saben, pueden medirlo, usarlo en una manera abstracta, en fórmulas, en juegos, en frases hechas, ¡cuánto tiempo queda!, ¡qué poco tiempo hay!, incluso notarlo en sus carnes; sin embargo, no consiguen dominarlo, sintetizarlo, asirlo, comprenderlo en todas sus formas, geometrías y perspectivas, porque de hacerlo, el tiempo, ya no tendría ningún secreto para ellos y, al fin, serían inmortales…

Nuestro amigos Búhos cumplen 5 años en su blog y esto merece ser celebrado.

Hace un tiempo, nos pusimos en contacto con ellos para enviarles un libro de nuestra cosecha aquiescente, pues los búhos son grandes lectores, aceptan libros y los reseñan. El libro, como comentábamos, llegó a buen puerto y fue reseñado por ellos.

Pero ¿qué libro es ese? Y ¿dónde está ese blog de Búhas y Búhos?

Pueden descubrir más sobre nuestros amigos búhos al seguir estos enlaces.

¡Ululantes saludos, amigos!


5º cumpleblog Búho.

Hace unos años... (2017)

Smoking Dead





Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia

jueves, 5 de noviembre de 2020


«Era más de media noche, antiguas historias cuentan, cuando en sueño y en silencio lóbrego envuelta la tierra, los vivos muertos parecen, los muertos la tumba dejan»

Un relato corto de José de Espronceda, escrito allá en 1840, con un personaje atípico para la época, pues Don Félix de Montemar, el protagonista, no nos sale con ser un caballero surgido tal novela de caballerías; no, es un canalla, un crápula, un truhan, un mujeriego…

Sus malas virtudes no poseen parangón. Un texto arriesgado para Espronceda, pues, en la época, los lectores no estaban habituados a este tipo de personajes acanallados.

Espronceda prepara un maridaje con sus gustos hacia otros personajes atípicos coetáneos del suyo, como son el Don Juan Tenorio, el Fausto de Goethe o Sardanápalo de Lord Byron; en algún caso manifiesta el parecido abiertamente.

«Segundo don Juan Tenorio, alma fiera e insolente, irreligioso y valiente, altanero y reñidor: Siempre el insulto en los ojos, en los labios la ironía, nada teme y toda fía de su espada y su valor».

El texto lóbrego, decadente y también fantasmal, recuerda al estilo gótico de terror del siglo XIX. Iglesias de picos afilados, sombras espectrales que cruzan la calle, castillos de altos muros donde acechan los soldados, el viento y el entorno, siempre de noche, siempre oscuro… 

«El cielo estaba sombrío, no vislumbraba una estrella, silbaba lúgubre el viento, y allá en el aire, cual negras fantasmas, se dibujaban las torres de las iglesias, y del gótico castillo las altísimas almenas, donde canta o reza acaso temeroso el centinela».

Don Félix mata al amor, mata al juego, mata al acero; y, por matar, hasta a La Muerte intenta cortejar. ¿Conseguirá salir vivo de ese juego?
Rescatado de los iniciales versos:

«Una calle estrecha y alta, la calle del Ataúd…».

En las primeras palabras, se anticipa un posible final ciertamente nefasto.


Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia

domingo, 1 de noviembre de 2020



«Ilustración regalo de Facundo Diblasi».

Facundo Diblasi es un ilustrador que conocimos hará algunos años. Durante este tiempo, a pesar de los altibajos que cualquier relación artística posee entre pares, mantuvimos el contacto.

En esta ocasión, un dibujo perdido y recuperado fruto de la casualidad, volvió a nosotros. Facundo revisaba las carpetas de su ordenador. Nos imaginamos su gesto de sorpresa e incluso sus palabras: «¡Alehop!, ¿qué hace esto aquí? Sí, seguro que le hace ilusión a UTLA que se lo envíe».

¿Cuántos años atrás nos pintó? 

Después, siguiendo el hilo de sus pensamientos, nos hizo llegar la ilustración por correo electrónico, con su buen talante, su camaradería y su amistad.

Nos ha gustado muchísimo, Facundo.

Gracias por enviárnosla.

Podéis seguir el trabajo de este gran ilustrador en sus redes sociales:

Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia

miércoles, 21 de octubre de 2020



«El fin del mundo requería tiempo para producirse, y el tiempo, pensó Susannah, se aplicaba en la labor con la parsimoniosa habilidad de un maestro torturador, capaz de matar rápido o despacio pero siempre con un dolor atroz»

El poder de la brevedad en un relato ganador del premio Locus 2018 y finalista, en el mismo año, del premio Hugo.

No es para menos, en menos de 10 000 palabras, Nagata destila las esencias vitales de la humanidad tales como supervivencia, anhelos, tecnología, desastres planetarios y extraplanetarios… y nos los arroja a la cara.

«Somos una especie brillante […] .Valientes, creativos, generosos… pero solo como individuos. En grandes números, fracasamos siempre».
La autora, residente en Hawái, presumiblemente ha vivido en más de una ocasión la fuerza devastadora de la naturaleza y ha aprovechado esa proximidad a los huracanes para relatarnos en un tono epopéyico el relato de una especie humana cercana al fin de su colapso como civilización.

Había una vez, un obelisco…

«Había empezado a considerarlo su propio monumento, y a verse a sí mismo como un Ozymandias cuya obra estaba condenada a olvidarse […]».
Pero la historia no va de un gran todo, de una enorme y compleja sociedad, pues no hay espacio físico para desarrollarla. Nagata nos embarca en un proyecto pequeño, la construcción de un obelisco, un recordatorio de una especie próxima a su fenecimiento… ¿o tal vez no?

Y es esa duda la que se erige altiva tal obelisco, pues si hay algo de especial en la especie humana es, sin lugar a duda, esa capacidad inasible llamada esperanza. 



Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia

Leer por email

Histórico entradas

Libros de S. Bonavida Ponce

*Information by Goodreads
Smoking Dead Smoking Dead
reviews: 5
ratings: 6 (avg rating 4.50)

Aquiescencias Aquiescencias (Tomo I)
reviews: 2
ratings: 2 (avg rating 4.00)

Antología letraherida Antología letraherida
ratings: 2 (avg rating 5.00)

Letraheridos: Boletín #1 2018 octubre Letraheridos: Boletín #1 2018 octubre
ratings: 2 (avg rating 5.00)

Antología letraherida: Volumen 2 Antología letraherida: Volumen 2
reviews: 1
ratings: 1 (avg rating 5.00)

Mis lecturas