Un tranquilo lugar de aquiescencia

domingo, 9 de abril de 2017

El tiempo de las sombras


«¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son».

La eterna lucha contra las sombras era mi vida.

Recordé a Peter. Él también las veía. Más tarde se nos unió Vanesa. Una mujer hermosa, de mirada limpia y que poseía un poder muy útil. La clarividencia. Casi siempre sabía dónde aparecerían... Lástima que no las vio aparecer aquella noche a los pies de su cama.

Nos olían. Sabían dónde encontrarnos. Les llevaba tiempo, pero nos encontraban... Por eso, cuando dormíamos, siempre dejábamos una luz encendida. Sí, como los niños pequeños. Pero aquella noche, su bombilla se apagó... la desgarraron de pies a cabeza.

Peter lloró mucho. Creo que se había enamorado de ella, aunque nunca dijo nada al respecto. Entonces decidimos mudarnos a Tonhome, esa antigua ciudad repleta de fábricas situada al borde del mar. En esa gran urbe estaba el puerto más grande de la costa este, cientos de barcos salían de allí cada día. En los muelles conocimos a Walsh, era un personaje aún más extraño que nosotros, un escocés con acento mexicano. Otra vez de nuevo éramos una triada.

Una noche, mientras volvíamos de limpiar un barrio, las sombras nos emboscaron en un callejón. Peter y yo conseguimos huir. A día de hoy no recuerdo bien como pudimos salvarnos. Pero lo hicimos. El que no tuvo tanta suerte fue el bueno de Walsh. Las sombras se adentraron por la cuenca de sus ojos, le dejaron ciego, y continuaron bajando por la tráquea. Después lo implosionaron. ¡Adiós, estimado Walsh!

Después de la muerte de nuestro compañero, Peter y yo decidimos separarnos. Parecía que ambos estuviéramos malditos. Nuestro tercer compañero siempre acaba muriendo. Nos abrazamos en el muelle de Tonhome. Él agarró un barco en dirección a la vieja Europa, y yo continué subiendo cada día un poco más al norte. Durmiendo entre velas encendidas y una lámpara portátil. Las sombras acechaban siempre entre las sombras... ¡Maldito pleonasmo barato! Las odiaba.

Entonces en Tallulä, un pueblo fronterizo grande en extensión pero con poca población, conocí a Laurah. Una hermosa afroamericana de veinte años, a la cual yo le sacaba casi el doble de edad. Eso no impidió que nos hiciéramos amantes. Sin embargo, le faltaba calidez, su sexo era frío, pero despachaba con igual eficacia a nuestras enemigas. Realmente, como compañera de muerte, era lo único que le pedía. Que matara tantas como pudiera de aquellas horribles criaturas.

Conseguimos aguantar juntos un par de años. Fueron buenos tiempos, por el día hacíamos el amor y en la noche eliminábamos a las malditas sombras. Quizá para las personas normales un par de años puedan no parecer mucho tiempo, pero con nuestro nivel de ansiedad, a mí me parecía ser un vampiro, que había vivido miles de años. Comenzaba a cansarme.

Fue en ese tiempo que me di cuenta que las sombras se multiplicaban, y aunque habíamos encontrado a otros como nosotros, estábamos separados, dispersos. Éramos pequeños grupos erráticos, vagando con un mismo propósito, pero totalmente desunidos. Quizá no estaba hecho de la materia necesaria para ser un héroe... Así que abandoné a Laurah. No quería verla morir como a mis antiguos compañeros. Sí, lo sé. Cobarde y egoísta. ¿Quién no lo ha sido alguna vez?
Agarré un viejo carguero y me dirigí a Osaka. Recordé las palabras de una vieja tabernera que decía que en aquella ciudad japonesa existía un templo donde un monje podía curarme de mi visión. Las sombras solo mataban a aquellos que poseíamos el don de verlas. El resto de seres vivo eran su alimento. Les sorbían la energía por los poros. Consumiéndolos en secreto.

Mi visión era mi maldición.

En lo alto de la ciudad encontré el templo prometido, pero no había monjes. En su lugar me encontré a una guardesa. Una mujer nipona que se encargaba de limpiar el templo. Con educación exquisita me hizo entrar en su casa. Estaba situada detrás del templo. Apenas un chamizo con cuatro paredes. Me descalcé y me invitó a tomar té. Sentados en el suelo, sorbo tras sorbo, me miraba y no decía nada. Nunca se me daban bien las conversaciones. Al acabar el té, se acercó a mí, me rozó con el dedo índice en la mejilla y me susurró que me curaría de mí poder. Si he de ser sincero, me imaginaba que el sanador sería un japonés viejo, de espalda encorvada, y mirada huraña... En vez de ello encontré a Mariko. Una mujer pequeña, delgada, de ojos rasgados, hermosa.
La única pregunta que me realizó fue la siguiente: «¿Renuncias libremente a tu don?».
Asentí.
No me pidió dinero. Ni nada a cambio. Me hizo tumbar en el tatami y me cerró los ojos. Estirado en el suelo olí a incienso. A lo lejos escuché una campanita y un canto gutural.
«Ea ea ea ea ».
Después me dormí... Al despertar ya no estaba en la casa de Mariko. Aparecí en un callejón de la ciudad nipona.

Y por la noche deambulé por los callejones más oscuros. Buscaba en las esquinas donde se acumulaba la basura y los perros aullaban a la luna. Era en aquellos rincones mugrientos donde las sombras proliferaban. No conseguí ver a ninguna, aunque aún presentía pequeños detalles que me las anunciaban. Y de repente, me note más cansado. Ya no las veía, pero se estaban alimentando de mí...

../..

—¿Qué os diría a los jóvenes con mi don? No las persigáis. Abandonad la lucha. No se puede ganar a las sombras. Encontrar trabajos aburridos pero bien remunerados. Matrimonios exasperantes pero convenientes. Rodeaos de personas insípidas... Si hacéis esto perderéis el don. Las sombras no os atacarán. De lo contrario os reventarán por dentro. Y dejarán vuestro sucio cascarón vacío en un oscuro rincón. ¡Creedme cuando os digo que sé lo que hacen a los pobres ilusos repletos de lucha! Renunciad ahora. Escuchadme atentamente. ¡Renunciad!


«La negatividad os hará libres»


Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


2 comentarios :

  1. Qué buena historia. Tenés que crear cuentos con estos sujetos, como un aserie de tv.
    Aunque el final es negativo, el consejo no es malo.
    Saludos.

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    Respuestas
    1. ja,ja,ja No diga eso bruto escritor o mi hermano comenzará a llenar de negatividad este tranquilo espacio.
      Y sí, el final es negativo, propio de NUTLA, pero realmente la historia está bien.
      Un abrazo muy grande bruto escritor y gracias por pasar por aquí (¡quién sabe si tendré en breve el honor de contar con otro narrador de excepcion! ^^).

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