Un tranquilo lugar de Pruebas

domingo, 2 de abril de 2017

Una escritora, la Fuente y este relato


«Cuando bebas agua, 
recuerda la fuente».



Aquella escritora poseía mucha imaginación. Escribía cada día dos cuentos cortos y aún le sobraba tiempo para avanzar con relatos tétricos e historias eróticas. Muchos se preguntaban dónde estaba el truco.

—¿Queréis que os lo cuente? Pues hay truco, que no os quepa duda.

«¿De veras?» Los que leían se quedaron perplejos.
«¿Hay trampa? ¿Acaso copia? Pero, ¿de dónde? ¿de quién?».

La escritora escribió a su lejana audiencia.

—Sí, hago trampas, no se puede imaginar tanto en tan poco tiempo, con una viveza tan rica de los acontecimientos, como si casi, casi, casi, los hubieras presenciado. Hay un atajo, pero no quiero quedarme ese conocimiento para mí sola. Deseo compartirlo.

Algunos se quedaron atónitos. Otros leían ansiosos intentando descubrir en las siguientes líneas cual sería la revelación que les supondría la adquisición de una nueva sabiduría.

—Es sencillo. Escucho las voces.

Muecas de ridículo ajeno. Risas nerviosas. Algunas incrédulas. La mayoría silenciosa no acaba de pronunciarse ante el último párrafo.

—No son voces del más allá, espíritus, ni cosas de esas. Tampoco tiene que ver con ninguna clase de trastorno. Son las voces que emite la Fuente. Ella es el centro de todo: pasado, presente y futuro. Por qué ninguno de esos tiempos existe, son ilusiones que crea nuestra psique. Nuestra mente es muy simple y solo es capaz de observar en un único sentido temporal. Sin embargo, ella une todos los tiempos, los teje por medio de narraciones, historias, cuentos, relatos, podéis llamarlos como queráis, es el tejido sobre el Todo y la Nada. Y después, a través de esos hilos, lanza historias por las miríadas de realidades. Algunos de esos ecos se convierten en palabras, y si prestáis atención, los podréis escuchar en historias distantes, aunque es más sencillo escucharlos a través de vuestros sueños. Pues cuando soñáis vivís las escenas. Estáis ahí. En otras ocasiones es por simple transferencia, cuando leéis un libro o disfrutáis de una película, también os llegan parte de esos ecos. Todo ha existido y Nada también, pues algo existe por un infinitesimal instante de tiempo, y después desaparece, ese tejido del Todo y la Nada nos envuelve, se desparrama desde la Fuente.

«¡Pero qué locura es esta, yo soy un lector inteligente, no quiero que me metan esta mierda en la cabeza!». Esa fue la primera frase dicha por el crítico con falta de visión que todos llevamos dentro. Y comenzó, con ella, a mellar aquel bonito discurso. Un grupo de detractores, más compasivo, abogó por alguna clase de trastorno mental: «Ella nunca había escrito así. ¡Le debe ocurrir algo! ¡Pobrecita!». La presunción de cordura se perdía en un mar de decepciones.

Pero la creadora continuó impasible a las críticas.

—Durante muchos eones recibió innumerables nombres: el centro, Todo, Dios, el Big Bang, el Alfa y el Omega, pero otro de sus muchos nombres es la Fuente. Una metáfora de lo que es. Un surtidor de vida. Yo la escucho y ella me trae las historias.

Entonces, los que la habían insultado momentos antes, tiraron el libro al suelo y lo tacharon de sus listas mentales de recomendaciones; el resto del enmudecido auditorio no sabía que pensar, muchos cerraron la página y no quisieron continuar leyendo. El miedo a lo desconocido, a lo diferente, detuvo el devenir de buenas historias. Los amables incrédulos sonrieron complacientes, pues a su escritora preferida, le podían perdonar esa y muchas otras excentricidades. Pero unos pocos si intentaron escuchar, y aunque seguían anclados a ese recalcitrante escepticismo científico, comenzaron a darse cuenta que ellos también poseían el don. Les llevó años, pero esa pequeña minoría acabó escuchando las historias... y se dieron cuenta, que todo era verdad y que todo era mentira. El Todo. La Nada. Y la Fuente.

... * * * * * * * * * * * ...

Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


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