Un tranquilo lugar de aquiescencia

domingo, 23 de abril de 2017

Oda a la mediocridad


«Estoy cansado de este ser mediocre, sin porvenir y sin confianza, de este ser al que tengo forzosamente que llamar: "yo", puesto que no puedo separarme de él»

Carezco del proverbial talento de los genios. Mi arte se basa en repeticiones innecesarias, en divertidas correrías por el planeta de los sueños y poco más. Mis palabras no transmiten nada, pues nada hay especial en ellas.

Aprendo, muy a mi pesar, que no aporto nada a este mundo. La mayoría de los seres de mi especie no aportan ni una mísera huella a este camino llamado vida. ¿Por qué yo debería ser diferente a la inmensa mayoría de mis congéneres? Se me antoja una pesada carga saber que no dejo ni una mísera pisada... Me da asco pensar así, pero no puedo remediarlo. He pasado toda una vida sin dejar ni un recuerdo en un solo corazón. Una gota más perdida en el vasto oleaje cósmico.

Este escrito es otro apunte innecesario fruto de mi devastadora inexpresividad artística.

La mayoría de seres humanos, los más afortunados, nacen en la inopia de la mediocridad. Son afortunados. Me asusta pensar en la geometría de esta ecuación, en la linealidad constante de mi ineptitud, un concepto que tan solo puede asustar a alguien que persigue una meta de talento.

Pero soy mediocre. Por más que intento elevarme del suelo como los verdaderos genios, mi mente se achicharra al igual que las alas de Ícaro al acercarse al Sol.
Sin embargo, esta clase de conocimiento, casi místico, de la nulidad de mi intelecto me ha vuelto más razonable. Más mundano. Me he dado cuenta, más tarde que pronto como suele ser norma en las grandes revelaciones, que el mayor talento de un mediocre reside en otra palabra...

Obstinación.

Hace falta ser muy valiente para saberse mediocre y continuar.

Detrás de mi falta de carente genialidad se esconde la máxima de esta Oda:

«El único talento de un mediocre es la obstinación».

Desgraciadamente, la mediocridad no me hará libre...



Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


3 comentarios :

  1. Se le atribuye a Camille Mauclair una historia sobre Mallarmé. Supuestamente, Mauclair había sido llamado "fracasado" por algún crítico. Al parecer Mallarmé le habría dicho: "Pero Mauclair, ¡si fracasados...lo somos todos! [...] ¿Qué cosa podemos ser, si medimos nuestra finitud contra un infinito? Colocamos nuestra corta vida, nuestras débiles fuerzas en la balanza con un ideal que, por definición, no podría ser alcanzado. Somos así forzosamente fracasados predestinados;¿cómo quejarse del destino que hemos elegido? Mientras más alto y más lejos miremos, mientras más soñemos con lo absoluto, más seremos, de antemano, fracasados [...] Reflexione, pues, Mauclair. Quienes no se han propuesto más que débiles fines, libros diestros y honorables, reputación. Academia, fortuna, lo logran con facilidad; no podrían ser fracasados, puesto que nada han emprendido [...]En cambio la recompensa es ser, precisamente, en plan superior, un fracasado, es decir un hombre que, desdeñado el beneficio inmediato y fácil, se ha medido de entrada con lo que nos domina y excede por todas partes"

    No me parece una mala respuesta. Hasta se le perdonaría que fuera falsa. :-)

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    1. Querido Nuncio, después de este escrito de NUTLA y con comentarios tan elaborados como el tuyo, personalmente me siento más mediocre. ^^
      ¡Qué buena anecdota! Gran amigo Mallarmé, falsa o no falsa, dice mucho.
      Gracias por esta respuesta. Es muy buena...

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  2. Mediocre nos sentimos todos los que hacemos algo y no llegamos a nada. Fracasados somos los que continuamente nunca logramo nada con lo que emprendemos. Todo esto aplica muy bien en mí.
    Saludos.

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