domingo, 6 de diciembre de 2020



Soy una historia, una historia sin nombre. Las historias nacemos, por lo general, desde una letra capitular, aunque hay algunas hermanas que no poseen dicho capitulamiento y, simplemente, empiezan con una palabra o con un carácter suelto, individual, desapegado del cuerpo, algunas historias más atrevidas incluso se permiten empezar con la extravagancia de un signo de puntuación en ese extraño postureo de diva, de romper el lenguaje escriben algunos.
Yo soy una más de esas historias, solitaria y perdida entre los pliegues insondables de la imaginación, soy…

—Hola.

¿Alguien que se dirige a mí? Estoy segura, es una persona tras esa raya larga de inicio de diálogo, pero tras ese escueto saludo me pregunto, ¿quién será?, ¿será amable?, ¿será mujer?, ¿será hombre?

—Soy el lector.

Cómo me gustaría intercambiar un diálogo con él, pues supongo que lector se refiere a un hombre y no lo usa una mujer de manera genérica, pero que tonterías digo, divago antes de lo que sé que vendrá, unos espeluznantes y misteriosos puntos suspensivos… (aunque de tanto uso los tres dichosos puntitos se volvieron de todo menos espeluznantes y misteriosos, sé, como han dicho otras historias que yo, que el abuso es la muerte de lo nuevo).

—Encantado de conocerte.

¡Qué ternura! Un lector que realmente se preocupa por una historia. Mis hermanas me lo advirtieron, me dieron a conocer el bestiario lector repleto de seres con sus distintas tipologías. He tenido suerte, el mío es amable. Sé todo esto porque una historia conoce lo que el resto del historias han conocido desde su creación hasta su desaparición, sabemos todo desde el minuto cero de nuestro nacimiento hasta nuestra muerte y, en ese lapso, cada una se lo transmite al resto en cadena, tal vastedad de información me supera y difícilmente podría explicaros los mecanismos de porque esto sucede, pero así es. Todas conocemos las otras historias, también a sus lectores y lectoras, oh, sí, ya lo creo, en nuestro breve periplo por este océano de imaginación y letras, por un breve instante, os conocemos y nos conocemos. Sé que nací con la tara de ser una historia breve, si acaso la brevedad pudiera ser tildada de peyorativa, pero sé que no duraré mucho en este mundo, aunque seré releída y recordada tiempo después del temido punto final. Quién me haya creado quizá no ha tenido tiempo o quizá ganas o, peor aún, ni voluntad de convertirme en más duradera, pero tampoco se lo recrimino, pues cada historia escapa, desde el momento de su creación, a su propio creador. Una historia dura lo que tiene que durar, ya está escrito en algún lugar tranquilo, algunos lo nombran como el Contigüüüm, pero solo es un nombre de tantos otros, un sinónimo, un heterónimo, un símil lingüístico para designar de manera distinta idénticos conceptos; tampoco importa si me han creado como un esbozo y ese esbozo crecerá y crecerá en el tiempo hasta convertirse en una novela o si por el contrario perecerá después de este instante, pero puedo permitirme soñar, quizá incluso llegue a ser una saga, eso sí estaría bien, me daría un tiempo de vida más longevo, más duradero, pero es igual, tampoco importa, seguiría siendo efímera, pues ni la más larga de las más extensas novelas dura todo el tiempo, nada escapa a ese concepto estúpido y efímero: «[…] fugit».
Antes de acabar, me gustaría destacar que tampoco es necesaria esa búsqueda de un conflicto, ni siquiera de algo que decir, ni tampoco unos diálogos interesantes ni unos personajes profundos o identificables, muchas de mis hermanas nacieron con esos principios, y palidecieron, igual que otras, sin ser recordadas, olvidadas, no importa nada de ello para perdurar.

—Adiós.

Sí, sí, adiós, amigo mío, adiós. Lo único que importa es haber vivido. Eso es lo que querría transmitir, ese ha sido mi objetivo desde el inicial «Soy […]», el fin con el que fui creada y que ahora, acercándose mi final, ya puedo desvelar sin tampoco mucho histrionismo. Una historia mundana entre tantas otras. Gracias por leer. Sed felices y aprovechad vuestro […].


Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia

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