Un tranquilo lugar de aquiescencia

lunes, 18 de noviembre de 2013

Los cuentos de UTLA. La Maga Lee.

La Maga Lee...

Érase una vez, en un lejano país oriental cuando occidente y oriente aun convivían en armonía, que existía una maga conocida por todos como La Maga Lee. (*1)

Era una mujer de tez morena, baja estatura, y misteriosa sonrisa. Sus vestiduras, chales y faldones siempre oscuros realzaban aún más este tétrico perfil. Hasta su obi, así llamado el cinturón en aquellas lejanas tierras, era de un inusual color oscuro como la noche. Sin embargo en fuerte oposición a la percepción causada por sus oscuras vestimentas, todos cuantos se acercaban a ella podían sentir su aura blanca, de cariño puro, como el viento que acaricia la piel de un bebe.

Un buen día, un grupo de samuráis se acercaron a la puerta de su cabaña. Ella se encontraba sentada en su esterilla leyendo un libro y bebiendo a sorbitos una taza de té. Aquellos guerreros solicitaron su ayuda para acabar con un temible moscorpión. Esta raza de engendros, mitad mosquito mitad escorpión se creían extintos, pues nadie los había visto desde años atrás. Poseían un nada despreciable tamaño y su mortal aguijón diezmaba animales y aldeanos. Al parecer, un monstruo todavía vivo, causaba pavor entre las poblaciones colindantes. Las pobres gentes vivían en constante temor a la súbita aparición del monstruo.
El Shugo, máxima autoridad militar de aquellas tierras, había prometido tierras y riquezas a quien acabara con él.

La maga Lee, después de escuchar atentamente todos los detalles accedió a acompañarlos en su propósito. Empacó a su fiel asno con tres fardos. En el primero, puso víveres y provisiones, en el segundo ungüentos y pociones. Finalmente, en el tercero decenas de libros. Los guerreros se quejaron de aquel tercer fardo completamente inútil. Pero la Maga Lee se mostró férrea en su determinación (hay que decir que era una apasionada lectora). Y no había día que transcurriese sin que devorará ríos de palabras en sus amados libros. Los samuráis hicieron lo único que podían hacer. Claudicar.

"Buenos días queridos, ¿ os encontráis bien esta mañana ?" , siempre saludaba La Maga Lee a su queridos libros al salir el sol.
"Buenas noches queridos, reposad bien." , les decía cuando el sol se iba a dormir y dejaba paso a su fiel compañera la luna guardando allí en lo alto el firmamento.

Los samuráis se dieron cuenta rápidamente del peculiar cariño que mostraba la Maga Lee por sus libros, pero ya lejos de burlarse acogieron con gran admiración esa extraña conducta.

El caballo de uno de los guerreros se hizo daño en una de sus cuartillas traseras. Encontrándose en un espeso bosque se pararon a descansar. La Maga Lee abrió uno de sus libros, desapareció acto seguido en el bosque por un largo espacio de tiempo y volvió con unas hierbas en la mano.
"Toma. Calienta esta planta en aceite y aplícasela en la cuartilla dañada. Esto le revitalizara el musculo."
Todos alabaron lo buena maga que era. Pero ella replicó.
"Esto no es magia, lo leí de uno de mis compañeros de papel."

El grupo se acercaba a la región montañosa donde solía esconderse el temido moscorpión. Pero aunque algunos de ellos poseían excelentes dotes de rastreadores, no decidían que rutar escoger. Durante días los exploradores habían intentado encontrar rastros del moscorpión. Pero al ser un monstruo con alas, este no dejaba pisadas, es por ello que se complicaba en exceso seguir su casi inexistente rastro. Pero todo ser vivo deja un rastro si se sabe cómo seguirlo.

La Maga Lee abrió uno de sus libros y lo ojeó durante días, mientras los aventureros intentaban encontrar pistas que los condujeran en una u otra dirección. Finalmente, La Maga Lee comenzó a recolectar pequeñas piedras del suelo. Los aventureros no entendían este proceder. Pasada una semana y con los ánimos muy alicaídos comenzaron a cuestionarse el abandonar la búsqueda.

"El moscorpión debe guarecerse en aquella montaña de allí.", señalo La Maga Lee.

Los aventureros miraron en dirección a la montaña sin saber cómo podía haber obtenido aquella deducción. El samurái más anciano se adelantó y le realizó la pregunta que todos deseaban conocer. ¿ Que Dios o Magia le influyó tal clarividente información ?

"Ningún Dios ni ninguna magia. Lo que he ido recogiendo estos día no son piedras como pudierais pensar. Sino los excrementos ya secos del morcospión. Esta información la se gracias a uno de mis queridos compañeros de papel. He dibujado en una hoja un círculo que muestra los excrementos hallados y su consistencia sólida. Cuanto más lejos de esa montaña, los excrementos son más sólidos, pero a medida que nos acercamos la solidez de los excrementos disminuye. Lo que quiere decir que esa es la guarida del moscorpión."

Los samuráis asintieron ante la aplastante lógica. Nunca hubieran deducido por si solos que aquellas piedras tan peculiares en verdad eran excrementos. Las afirmaciones de la Maga Lee tomaron peso de inmediato al acercarse al pie de la montaña. Las heces, ya sin forma alguna de piedra, dejaban un pestilente rastro. El olor se intensificaba al acercarse a una sucia gruta.

Ocultaron los caballos al amparo de un pequeño bosque. Prepararon las katanas y se colocaron sus respectivos kabutos en las cabezas. La Maga Lee insistió en acompañarles. Se colgó al hombro el saco donde llevaba sus libros. Su ayuda podría ser vital en la batalla que a buen seguro tendría lugar. Los honorables guerreros rechazaron amablemente su ayuda por temor a que su vida peligrara, pero fue inútil. Su terquedad venció y les acompañó, aunque la situaron en medio de todos ellos.

Así dispuesto el grupo, se internaron todos en la cueva. Una gruta oscura y maloliente. Los exploradores iban en cabeza, los guerreros delante y detrás, mientras que La Maga Lee caminaba en medio de todos ellos. La senda se estrechaba, y ya sólo pudieron pasar de uno en uno. No escucharon acercarse el fuerte zumbido que sólo en el último instante cayó sobre ellos.

El moscorpión atacó de improviso con una descomunal rapidez y fuerza para sorpresa del grupo. Su aguijón atravesó el corazón del más joven de los exploradores situado justo detrás de La Maga Lee, esta se apartó aunque no lo suficientemente rápido, y el aguijón desgarró la hombrera de su coraza penetrando hasta el hueso. La pobre Maga Lee soltó un chillido de dolor y cayo de bruces. El guerrero situado al final, movió ágilmente su katana, pero no lo suficiente. El moscorpión alzó fugazmente el vuelo, perdiéndose en el oscuro techo de la gruta. El escaso margen de maniobra que proporcionaba el angosto camino no les permitía moverse libremente a los samuráis. Los arcos se descolgaron de los hombros en cuestión de segundos y una lluvia de flechas fue camino del techo.

El incesante aleteo cesó. Pasaron unos inquietantes segundos. Los samuráis apretaban en tensión sus katanas. Y nuevamente apareció el zumbido, encima suyo, muy tarde para pararlo. Este fugaz ataque era una habilidad de la taimada criatura. Cuando se disponía a atacar cerraba sus alas acercándoselas al cuerpo. Acto seguido se dejaba caer en picado desde la altura, con lo que no emitía ruido alguno. Sólo cuando se encontraba a escasos metros del suelo desplegaba sus pequeñas alas, permitiendo un fugaz ataque por sorpresa. En esa nueva rasante, un samurái consiguió cercenar una de las patas del moscorpión, pero le costó su propia vida. Alzando el vuelo hacía el oscura techo, el moscorpión agarró con sus patas a otro samurái. Este pobre guerrero quedó aprisionado entre el cuerpo y las patas del engendro que se cerraban fuertemente en torno a él como tenazas. El resto de compañeros no pudieron realizar nada. Ambos, moscorpión y guerrero se elevaron velozmente hasta las sombrías alturas. Después un grotesco chillido anunció su muerte.

Ya sólo quedaban dos samuráis, uno de ellos incorporó a La Maga Lee y se preparaban para huir. El cuerpo del resto de compañeros estaban caídos en el pasadizo.
"No", susurró La Maga Lee con un hilillo de voz apenas imperceptible, "si huimos moriremos todos. Sólo necesito a uno de vosotros y mis libros. El otro que se arrastre por el suelo hasta encontrar la salida."

El samurái más anciano hizo un ademán aquiescente al más joven. Él se quedaría. Sin contradecir lo más mínimo aquella silenciosa orden el más joven se arrastró por el suelo buscando el camino de regreso.

El tiempo se hizo eterno. Cuando el samurái consiguió salir fuera de la gruta sólo pudo escuchar un fuerte ruido a sus espaldas. Ya había desatado los caballos y se acercaba con tres de ellos a la entrada de la cueva con la esperanza de ver a su compañero y a La Maga Lee.

La montaña retumbó por dentro como si de un tambor se tratara. Un fuerte temblor recorrió los pies de las bestias de monta. Los caballos relincharon de pánico. Pero el joven guerrero consiguió tranquilizarlos.

Algo parecía surgir de la cueva. El joven samurái preparó su katana.

Eran el viejo samurái malherido, este llevaba arrastras a La Maga Lee. El joven corrió a socorrerlos. El anciano guerrero se tambaleaba, ya a punto de perder sus escasas fuerzas únicamente pudo balbucir...

"Increíble... los libros... nunca hubiera pensado..."

Dichas estas últimas palabras cayeron ambos al suelo. Su último estertor lo recibió el bendito suelo de aquella tierra que había protegido durante años. El joven samurái recogió con ternura a la también malherida y valiente mujer. El hombro de La Maga Lee supuraba un extraño líquido verdoso que no auguraba nada bueno.

Vamos señora, le animaba el joven, la llevaré a algún lugar para curarla.
"Es ya tarde para mí.", tosió mientras realizaba un esfuerzo gigantesco por sonreír, "El veneno del moscorpión actúa muy rápido."

Utilice su magia, le espetó el joven samurái. O sus libros, algo habrá que pueda hacer.

"Nadie posee magia... La única magia esta en los propios libros."

Con un roído volumen entre sus manos, La Maga Lee expiró, mientras acariciaba tiernamente sus páginas.

../..

Algunos cuentan que el joven samurái consiguió volver semanas después a la casa del Shugo, y relató a su señor todas las hazañas de sus compañeros y de aquella excepcional mujer. Como prueba entregó la katana del anciano samurái, la única recuperable, y el antiguo volumen que portaba La Maga Lee entre sus manos en el momento de su muerte.

Cuenta la leyenda que el Shugo comenzó a leer aquel libro aquella misma noche.
Algunos cuentan que se pasó toda la noche llorando ante aquella lectura que no podía dejar de leer.
Otros, los más cobardes, aseguran que aquel libro guardaba la esencia del mal del moscorpión y que no debía ser leído por ningún ser humano.
Los más osados afirmaron que el alma de La Maga Lee reposaba tranquilamente entre las páginas de aquel antiguo libro.

Y de igual forma que la opinión sobre un libro muda de persona en persona también es así en el final de este relato.

En todo caso, y fuera como fuese, recordad estimados a La Maga Lee cuando abráis un libro. Sobretodo uno de esos antiguos con su ancestral olor avainillado, pues siempre hay magia en el interior de todos ellos.


Esto es verdad y no miento, y como me lo contaron te lo cuento.
Colorín colorado.
UTLend.


Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


*1: el avezado lector habrá pronunciado "Li".

*NOTA*: Aunque tardío, este relato está dedicado al cumpleaños de la “Maga Lee”.
¡ Muchas felicidades Maga !


20 comentarios :

  1. Aún con su parte escatológica, el relato (o la fábula, casi) me ha gustado mucho, Utla. la Maga Lee estará encantada.

    Un abrazo

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    1. Hola Dewitt,
      Que lastima que parte escatologica haya cobrado toda la atención.
      Pero si, la maga lee esta satisfecha.
      Un Confiesobrazo DeWitt.

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  2. Hermoso relato, amigo UTLA, homenaje merecido a los libros sin los cuales aún andaríamos ignorantes por el mundo. ¡Menudo era ese bicho, peor que el avejonejo!

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    1. Hola Maestro Cahiers,
      Me base un poco en el abejonejo... Aunque realmente el merito fue de un compañero de trabajo que se le ocurrió la existencia de dicho ser... mi imaginación mezclada con la Maga Lee hizo el resto.
      un abrazo Pepe.

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  3. Supongo que los descendientes de la maga fueron los creadores de la Wikipedia ;P

    Para mí el verdadero héroe es el burro que tuvo que cargar con todos los libros, sin él no habría historia.

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    1. Hola Doctora,
      Jajaja... como mínimo, y de unos cuantos portales de internet aun más secretos que nadie conoce.
      ¿ El Burro ? O_O Bueno, visto así. Siempre dando nuevos giros y perspectivas señora Doctora. Me encanta.
      Un abrazo y hasta la próxima visita.

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  4. ¡Bravo! ¡bravo! ¡bravo! Me he visto a mi mismo como un niño pequeño que escuchaba un cuento sentado alrededor del cuentacuentos. Pero lo estaba leyendo genial historia me a gustado mucho. Aunque tambien me has recordado a mis buenos libros de Barco de papel. ¡Plas! ¡plas! ¡plas! (Aplauso)

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    1. Hola Hikari,
      Gracias de todo corazón. Intente de todo corazón que este fuera un cuento emotivo. Compararme con los excelentes libros de Barco de Papel me ha llegado hasta el corazón. Muchas gracias.
      Un abrazo muy grande Hikari Javier.

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  5. Muy bonito este cuento *_* Estoy totalmente de acuerdo con Doctora, pobre animalico xDDD ¡Me ha encantado, en serio! :)

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    1. Hola Edith T. Stone
      Señorita Stone ahora nose ponga de acuerdo con Doctora, que me volverán loco entre las dos. ja ja ja
      Muchas gracias por los halagos, de verdad, me alegro que lo hayais disfrutado.
      Un abrazo cuerda entre locos.

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  6. ¡pero qué bonito relato! me acordaré de La Maga la próxima vez que me encuentre revolviendo en una pila de libros polvorientos :)

    (y sólo porque no puedo evitarlo, muerte al e-book!!)

    besos,

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    1. Hola MAslama,
      Noo, ebook bueno, Libro bueno. Podemos convivir. Todo es diversidad, todo es bueno. El equilibrio. ^_^Gracias Alta Sacersdotisa maslama por pasarte por aquí.
      Un abrazo y un ronroneo.

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  7. Un manífico relato y me ha gustado mucho el juego de palabras con su apellido.
    Hay que ver la información que nos dan los excrementos (como en los exploradores indios de los relatos de Jack London) aunque nunca podrán proporcionarnos tanta información como los libros.
    Abrazos. Borgo.

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    1. Hola Mr. Borgo,
      En verdad es el nombre Magaly = La Maga Lee, se me ocurrió hace mucho tiempo, y estuve dandole vueltas. Los libros, esos sabios compañeros que nos acompañan en nuestro camino.
      Gracias por las palabras Miquel, siempre sabias viniendo de ti.
      Un abrazo Miquel
      (+perdón el retraso en contestar, pero realmnet, estaba desquiciado, espero volver paulatinamente).

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  8. Y yo que pensaba que la maga iba a acabar con los moscorpiones a librazo limpio, jajaja. Me ha gustado. Enhorabuena, Utla. Un abrazo.

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    1. Hola Mrs. Miniver,
      ¿ Quien sabe realmente lo que sucedió en el interior de la cueva ? Todo es posible con los libros.
      Gracias!!!
      Un abrazo Mara.

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  9. UTLA, un relato precioso como siempre, creo que la Maga Lee es como Bruce ;)

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  10. Hola Mia,
    En efecto Bruce y La Maga, seres mágicos que contienen un ser real de carne y hueso detrás de ellos.
    Un abrazo mentesueñoactiva.

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  11. jajaja cuando he leido la nota sobre el apellido he soreido.. jejej obviamente leia "li" y al comprender el juego de palabras todo cobraba sentido.. cuando justo al final de una peli, cuando descubres al malo antes de que se desvele y pones esa cara de satisfacción.. :) :)
    un cuento muy interesante y esta claro que un moscorpion siempre dará más miedo que un abejonejo...
    final abierto jejejreme encanta!

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    1. Hola Amalasunta Regna,

      Me alegro que ha ya sonreido magnánima Reina. Los juegos de palabras, aunque engorrosos (o imposibles) en la traducción, permiten una ganancia de riqueza del lenguaje. Es un forma que utilizaba mucho William Shakespeare en sus escritos.
      Un moscorpión siempre más peligroso que un abejonejo, vaya a usted a comparar. ;->
      Aierto, abierto... jejeje Me gusta que lo vea así.
      Un abrazo Amalasunta Regna, princesa de las hadas de bosquevilla y Madre del heredero único.

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