Un tranquilo lugar de aquiescencia

domingo, 24 de diciembre de 2017

Apertura mexicana: P4T

«El peón es la causa más frecuente de la derrota»

(Ajedrecista austríaco, primer campeón del mundo oficial)
Author photography: Klimkin



«En la jerga ajedrecista existe el principio básico e inmutable de controlar el centro. Esto es, controlar las cuatro casillas centrales con el máximo número de piezas; el jugador que realice esta acometida posee innumerables posibilidades de ganar el juego».

En ajedrez existen dos sistemas para poder llevar a cabo las transcripciones de las jugadas de tan noble juego. La notación algebraica y la descriptiva. El gran Maestro Seigi T. siempre prefirió la notación algebraica, a pesar de tratarse de la más arcaica y menos eficaz a la hora de transcribir las partidas del noble juego, ya que le permitía evocar de manera más explícita los nombres de las figuras: caballo, alfil, torre, peón, rey, dama.
Así, la apertura más común, avanzar el peón de rey hasta en medio, se comentaba como P4R (peón cuatro rey). La segunda apertura más común, P4D (peón cuatro dama), consistía en avanzar el peón de dama hasta la posición central.
Como se podía observar de la observación de este noble juego, las variantes de las aperturas clásicas se centraban en la imposición del terreno central, ya fuera con P4R o P4D; relegando la importancia del resto de zonas a la nada. Durante siglos, maestros de todo el mundo centraron sus esfuerzos, tácticas y estrategias en dominar la ansiada zona central.
El maestro Seigi, a muy temprana edad, comenzó a darse cuenta de este empecinamiento de los antiguos maestros; su obstinación le llevó a pensar que quizá hubiera una nueva táctica esperando en algún lugar... y la encontró. Un día, leyendo a Sun Tzu, en su tratado sobre el arte de la guerra leyó la siguiente línea...

«No existe enemigo lo suficientemente fuerte si la sorpresa juega a tu favor. Aprovecha su fortaleza. Si el enemigo es fuerte en el centro, atácale los flancos. Es más eficaz el ataque de flanco que el central».

Cerró el libro y se quedó pensativo dando vueltas a aquella idea. Le sorprendió que nadie hubiera reparado en los flancos. Al acto, dirigió la mirada al tablero que tenía delante de él, situado encima de la mesa; apoyó los codos y bajó la mandíbula hasta tocar con ella la superficie de madera. Las fichas se alzaban majestuosas a pesar de su pequeñez. Los ojos se fijaron en las torres, las fichas situadas en cada esquina del tablero, estas poseían delante de ellas sus respectivos peones. ¿P4T? ¡Elucubró internamente! ¿Y qué continuaría a aquella locura? Entonces... lo vio muy claro. Le sorprendió que nadie hubiera reparado antes en los flancos.


Ya llevaba años preparándose para el título mundial. El primer torneo lo ganó con su espectacular apertura recién estrenada. Su contrincante, el Maestro español J. Mercadillo no pudo hacer frente al ataque de flancos, sacrificando Seigi los peones laterales para abrir filas con caballos y torres en lo que parecía un ataque suicida...
Ese desproposito resultó ser su escandalosa primera victoria en la primera ronda de partidas dobles. La prensa especializada comenzó a imprimir la noticia «Espectacular apertura del Maestro Seigi». Al mismo tiempo, los críticos de dichos rotativos aseguraban que aquella apertura recién nacida no resistiría los envites de otras aperturas de grandes Maestros de talla internacional y resaltaban que ese primer match, entre dos aspirantes al título mundial, no era más que una mera anécdota.
Las palabras vertidas en muchos diarios de ajedrez pronto estuvieron en entredicho. Seigi ganó la segunda, la tercera y la cuarta ronda; esta última contra el gran Maestro Joseph Louis Pescu, quien no pudo detener el avance de los caballos y torres por los flancos. Habituado el gran Maestro a enrocar, Seigi hizo gala de un componente muy importante en el ajedrez: la psicología. Atacó a su rival hasta la extenuación, no permitiéndole poner a salvo a su rey en una esquina, y lo arrolló.

Hasta ese momento, el único rival que, al igual que él, había ganado cuatro partidas seguidas era el gran Maestro S. Goodlife Khazagz. Un temido adversario, de padre ruso y madre española, que competía bajo bandera de la federación Rusa. Este presumía de tener la mente más fría del mundo ajedrecístico. Poseedor de un estilo agresivo, que mostraba sin pudor ante la prensa, anunció: «Freírre la apertura Seigi como una tostadora frríe pan».
En las siguientes partidas Seigi acusó el agotamiento mental y empató contra sus rivales. La prensa lo desinfló cual globo, las únicas palabras que pronunció antes de retirarse a su habitación del hotel fueron: «Ahorita vuelvo». No abrió la puerta a nadie, no agarró llamadas a ninguna persona y durmió veinticuatro horas seguidas. Decía una antigua leyenda que cualquier buen Mexicano, con un buen sueño reparador, podía conseguir todo lo que se propusiese.


En la séptima partida, en aquel ciclo de rondas eliminatorias, se decidiría el campeón del mundo. Los flashes de miles de fotógrafos tornaron blanco, por un segundo, el escenario donde los dos titanes se enfrentarían. El ruso Goodlife, con su descomunal tamaño, sonreía como un toro antes de una carga; Seigi, por su lado, más pequeño en altura y no acostumbrado ante tal remolino de periodistas sonreía esquivo a los lados.
El match comenzó.
El ruso comenzó con el cásico P4R, Seigi continuó con P4T, después de las irreconciliables aperturas de ambos, el juego se tensó cuando el maestro ruso comenzó a avanzar sus peones centrales más allá de la línea establecida por un tímido alfil y un caballo de Seigi que custodiaban el centro. En aquel momento Seigi realizó un movimiento extraño, sacrificó en un par de jugadas, caballo y alfil; a cambio de dos peones centrales y un caballo de su rival.
Era el movimiento número trece; algunos analistas quisieron ver en esta jugada el fin de la apertura Seigi, pero este continuaba tranquilo examinando con concentración el tablero. La captura de un caballo y de un alfil, tres puntos por cada pieza, aumentaba el total de puntos del ruso a seis; por su parte, Seigi obtenía tan solo cinco puntos con el intercambio, dos puntos por cada peón y tres por el caballo.
Sin embargo, el gran Maestro Ruso no vio la trampa que se cernía sobre él, ni tampoco la supieron ver la mayoría de estadistas. Seigi había actuado con una desproporcionada táctica sibilina. El alfil que le quedaba al Ruso no ocupaba el mismo color de casilla que los peones cruzados de Seigi. El intercambio, aunque favorable en puntos al ruso, era tácticamente inútil. Una de las paradojas del ajedrez residía en que, a pesar de poseer un mayor valor en fichas del contrario, la posición siempre gana a la puntuación.
Avanzados tres movimientos más, el ruso también se dio cuenta de ello, pero para entonces ya era demasiado tarde; intentó recuperar una posición hostil debido a su ventaja de inicio blanca, forzando intercambios de fichas y apostando por trueques posicionales, pero Seigi no cayó en las trampas.
A pesar de todo ello, el maestro ruso comenzó a poner todo su empeño en avanzar el único peón del centro hasta el extremo opuesto. Si conseguía coronar un peón conseguiría la ansiada dama. Seigi comenzó a realizar intercambios de torres, alfiles y peones para contrarrestar el inevitable avance de su rival.
El ruso comprometió la débil posición defensiva de Seigi con su alfil inútil, ofreciéndolo como sacrificio, en un ardid similar al ofrecido por Seigi movimientos antes. Este aceptó el sacrificio. Las puntuaciones se tornaron y el ruso coronó. El gran maestro Goodlife sonreía. Seigi también.

Nuevamente, la posición resultó mejor que la coronación.

Seigi agarró con el dedo pulgar e índice su caballo negro y lo deslizó hasta la posición C6R (caballo seis rey) efectuando un doble jaque, al rey rival y a su recién coronada dama, que dadas las circunstancias sería capturada en breve.



Un nuevo campeón de ajedrez del mundo, de origen mexicano, arrancó portadas por doquier; incluso consiguiendo eco en revistas no especializadas. Algunos titulares arrancaban así: «Seigi T. imparable campeón del mundo», «México saluda a su gran Maestro»,  «P4T: ataque mexicano », «El nuevo Repetto tiene nombre: Seigi T.».




Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


6 comentarios :

  1. Me ha encantado! Has sabido trasmitir la magia del duelo entre jugadores de ajedrez. Mente, temple, estrategia y táctica como virtudes. Un saludo.

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    1. ¡Qué bien! No sabía si conseguí acertar o no.
      Un gran deporte/juego que a pesar de no dominar, siempre he disfrutado mucho.
      Un abrazo muy grande estimado Jesús y gracias por pasar por este pequeño lugar. ¡Te deseo una feliz entrada de año!

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  2. Conocía la defensa siciliana pero no la apertura mexicana... mi padre siempre decía que toda persona había de dominar un oficio... y un juego. él se decidió por el billar, mi hermano por el ajedrez y yo por el póker. Soy un ajedrecista mediocre pero me interesan los libros sobre el tema como "El gàmbit del diable" (Yakov Braun) que encontré en la Biblioteca Fuster de Lesseps. Una especie de "El buscavidas" cambiando el billar por el ajedrez.
    Saludos! y Feliz Año.
    Borgo.

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    1. Hola Mr. Borgo.
      ¡Qué magnífica máxima! Un oficio y un juego.
      La mayoría de veces no sé de que libros me hablas. ^^ Eres una auténtica encicopledia bloguera.
      ¿El gambito del diablo es un recopilatorio? ¡Qué interesante! la palabra gambito (lejos del personaje de los x-men) siempre me ha parecido curiosa y mágica.
      Un abrazo Miquel.

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  3. Lo leí en navidades, pero no pude comentar hasta ahora. Me gustó mucho, en particular la tensión de los duelos. Y el tema, con esa variación sobre la apertura clásica, también me ha gustado.
    Un abrazo, y ¡feliz año!
    Ismael

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    1. Estimado despiertacuervo,
      Recuerdo la película "Buscando a Bobby Fischer" y ese magistral final.
      También recuerdo "La máquina de ajedrez", donde narraba de manera magistral los distintos duelos del ajedrecista... Esta novela vale la pena leerla.
      Gracias, Mr. I., respondo tarde, pero respondo. Espero que todo marche bien.
      Un graznido despiertacuervo.

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