Un tranquilo lugar de aquiescencia

domingo, 17 de febrero de 2019

Conversaciones de Mi y Conmigo Mismo

«Pensar es el diálogo del alma consigo misma»


Yo soy yo, y Mi es mi alter ego; el alter ego más huraño, negativo y tosco que os podáis imaginar en un ser de esa clase. Por si todo este lío de desdoblamiento de personalidades entre Mi y yo no fuera suficiente, hace poco apareció un nuevo elemento que destruyó la dualidad y la convirtió en una tríada; Conmigo Mismo, así, con nombre y apellido, se nos presentó Conmigo Mismo un buen día.
Yo le saludé con una frase respetuosa pero fría, aun no lo conocía lo suficiente y ya había aprendido del pasado. En su momento, hace tiempo, había saludado efusivamente a Mi, antes de descubrir su verdadero carácter, antes de verlo convertido en ese loco desquiciado que me susurra locuciones extrañas acerca de metaliteratura.
Es lo más prudente que puedo hacer. Mostrar una reserva inicial, tal y como yo lo veo, representa una actitud sabia, o al menos, eso creo.
En cambio, Mi, fue taxativo, mandó a la mierda al nuevo, dijo que el señorito Conmigo Mismo ya podía irse por donde había venido, pero Conmigo Mismo argumentó algo acerca del hipotálamo y de un pequeño bulto negro que le impedía regresar. Quizá fuera una excusa, en todo caso no importaba; ahora Yo, Mi y Conmigo Mismo tenemos que compartir espacio en este reducto tan pequeño que es mi cerebro. No me malinterpretéis, no es que sea un espacio pequeño, pero claro, tres entes por aquí repartidos, sería como la aparición de los tres reyes magos en el retablo, donde eran pocos y parió María. Esta última frase me la susurró Mi al oído, me pareció acertada aunque yo no la hubiera escrito nunca. Respeto, por favor, respeto, que cosas tiene este Mi.
En todo caso resulta una enorme problemática andar los tres por la calle en un único cuerpo, acudir a cualquier evento o el simple hecho de ir a una sala de cine se convierte en una tarea harto complicada, sobre todo cuando los tres competimos por ese recurso lingüístico tan valorado y primordial como es la lengua (la anatómica me refiero, la sin hueso). Porque cuando los tres hablamos al unísono, las personas se giran asustadas para escuchar nuestra tri-diatriba, que lanzamos incomprensible al aire; por eso me esfuerzo constantemente en callar, en no darles motivos para hablar a mis otros yoes (ellos se enfadan si les llamo yo en plural).
Preocupado por ir todo el día callado, agazapado como un topo bajo tierra y sin poder hablar, deseaba encontrar un lugar tranquilo, un lugar apacible donde pudiera expresarme y dar cabida a todos mis yoes. En esas estaba cuando Conmigo Mismo tuvo una ocurrencia, que por una vez aplaudió y secundó Mi. ¿Por qué no nos apuntábamos a un meetup literario? Rápido, di el sí quiero a aquella extravagante idea. Por una vez que Mi y Conmigo Mismo se ponían de acuerdo, hasta daba pena llevarles la contraria. Al final, la idea resultó un acierto fabuloso, en el meetup de Letraheridos no solo pudimos hablar de manera loca y desordenada de libros, metaliteratura, desvaríos y locuras varias, sino que descubrimos que estaba repleto de amigos que nos entendían, locos de los libros, apasionados de la literatura, amantes y diletantes de las letras que respondían a nombres tan cercanos, tan queridos, como Tú, Vosotros o Vosotros mismos.




Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


2 comentarios :

  1. Vaya, UTLA... parece que no tienes tu Doppelgänger sino varios. Suena caótico pero sin duda debe ser divertido. Además, ya tenéis vuestro propio club de lectura y si necesitas a un cocinero para poner un bar de tapas (en mi barrio hay un club literario con tapeo) pues aquí estoy.
    Saludos a Mi, Vosotros y toda la peña.
    Borgo.

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