Un tranquilo lugar de aquiescencia

domingo, 14 de julio de 2019

Oficina de Desinformación

«A mi parecer existe una enojosa tendencia a un exceso de cultura, lo cual conlleva un rechazo a la cultura, de la misma forma que la sobreinformación suscita la desinformación»


—Buenas, ¿la oficina de desinformación ciudadana?
—Quizá.
La irresoluta respuesta la acompaña un funcionario vestido de blanco detrás del mostrador.
—Querría preguntar una cosa del alquiler de mi casa y...
—Disculpe, ¿solicitó hora previa?
Arquea las cejas, ¿cita previa?, ¿cita previa? En el lugar no hay ni un alma, aparte del funcionario y él.
—Pues no, no la saqué, pero no hay nadie.
—Tenga. —El hombre detrás del mostrador le extiende un papelito con una letra y un número. «X-45»
—Pero si no hay nadie. —Insiste con la cara desesperada.
—Espere ahí. — Sin inmutarse, el funcionario levanta la mano y señala detrás de él—. Le llamarán.
Al girar el cuello observa por el rabillo cuatro filas de sillas, un mar de plástico azul burocrático. Se dirige hacia allí sin decir nada, toma asiento, lanza un bufido malhumorado y cruza las manos a la altura del pecho. La pantalla de plasma de la oficina de desinformación muestra una extraña lista de números y letras que no parecen seguir una secuencia concreta, A-78, M-09, I-55, E-13, R-44, D-13, letras y números que conforme pasa el tiempo desaparecen para dar lugar a otros nuevos. Después de una corta espera de dos horas anuncian el X-45 en pantalla. Se levanta y deja el papel en el mostrador, pero antes de pronunciar una palabra, el funcionario se le adelanta.
—¿Algún caso de calvicie en su familia?
—¿Cómo dice?
—¿Viene a informarse sobre el alquiler de su hogar, cierto?
—Sí.
—El estado ha previsto que, según real decreto POE-P-2021-4763, toda persona que acuda a una oficina de desinformación a preguntar sobre bienes inmuebles deberá presentar un informe médico sobre el estado capilar familiar.
—No entiendo.
El funcionario suspira. Le dirige una mirada condescendiente.
—Las personas con calvicie con cargas capilares-familiares están exentas de ciertos tributos, para aplicar el desgravamen solicitamos un informe médico.
Él se encoge de hombros, el pelo le llega hasta debajo de las orejas, tuerce la boca en un gesto elocuente de hastío.
—Vale, pero me da igual el desgravamen, mi pregunta...
—No puede darle igual. La aplicación del desgravamen es obligatoria en caso pertinente. ¿Ha tenido canas alguna vez?
—¿Qué tiene que ver eso?
—Las canas aseguran una longevidad capilar y no dan derecho al desgravamen.
—No, no tengo canas.
—Ya, ya veo. Para su edad debería tener alguna. ¿Se ha hecho algún estudio capilar recientemente?
—Oiga, yo solo quería saber sí...
—Si no responde deberé tomar nota que rehúsa responder a un funcionario público y se le aplicará un cargo a su consulta.
Un nuevo bufido ciudadano.
—No, no me he hecho ningún estudio capilar.
—¡Comprendo! —El funcionario teclea algo en su ordenador. La impresora imprime un folio con el sello del estado—. Acuda a este centro, según le observo y con los síntomas descritos podría aspirar al desgravamen en menos de un año.
—¿Qué insinúa? —Se lleva la mano a la coronilla y arquea los ojos como si intentará verse el pelo.
—Si acude al centro antes de dos semanas tendrá un descuento del 60%. Por fortuna para usted, creo que se le podrá aplicar el desgravamen.
Asiente con la mirada ida, lee el folio con la dirección, se rasca la cabeza y aprieta con fuerza los dedos contra el cuero cabelludo.
—Pues... gracias.
—Gracias a usted por acudir a la oficina de desinformación.

«Joder, yo solo quería preguntar por unas humedades. ¿Me voy a quedar calvo?»

Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


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