lunes, 14 de marzo de 2011

La fórmula preferida del profesor


Las estanterías de la biblioteca de mi barrio, estantes altísimos que soportan el peso de centenares de libros, siempre poseen una zona, situada justo en el centro de las mismas, reservada para novelas relevantes o novedades.

Es la zona de los estantes centrales. Una zona maravillosa que funde la vivaz  maravilla o la decepción más absoluta, el sueño frustado o la sorpresa más incrédula.

Aunque siempre me gusta ojear al libre albedrío, últimamente suelo fijarme mucho en esta zona central.
La formula preferida del profesor, se encontraba en un estante central, en su interior, una pequeña nota de papel anunciaba "novedad de Febrero de 2010". Cuando sucedió este hecho estábamos ya en Enero de 2011. Una pequeña sonrisa acudió a mi rostro. Sin embargo tanto la conjunción de la portada como del título mismo me animaron completamente a despertar a aquel libro, a cometer el sacrilegio de extraerlo del santuario de los estantes centrales. Y así lo hice.

Un libro de formato un tanto peculiar, más cuadrado que rectangular. La autora, una escritora japonesa, bastante conocida por aquellas tierras , aborda el complicado mundo de las matemáticas, desde una perspectiva inusual, con unos personajes entrañables a la par que bastante creíbles. A excepción del profesor si uno quiere verle los defectos a ello.

¿ La sinópsis ? En apariencia muy simple...

Una asistenta de hogar que realiza labores en casas, queda encargada del cuidado de un peculiar profesor de matemáticas retirado. Este sufrió un accidente en el pasado que le dañó el cerebro. A raíz de ello solo puede recordar 80 minutos de su presente. Más tarde, la asistenta, madre soltera, presenta su hijo pequeño al profesor...

Con esta breve introducción, ya tenemos a los cuatro personajes principales de la novela: El Profesor, La Asistenta, El Hijo...
Si queridos lectores, no me he descontado, son cuatro.
Existe otro personaje casi omnipresente en todo momento en la novela. Y son Las Matemáticas, cual espíritu ingrávido, que flota constantemente sobre todos los demás personajes y los ilumina con todo su esplendor.

Ante estos personajes, tan poco concordantes entre si, arranca una novela que intenta de alguna manera acercar al público a ese jardín de complicados teoremas y formulas, que tan solo los jardineros más pacientes saben sembrar.

El libro también contiene una parte folclórica inevitable sobre las costumbres de japón. Este detalle, me llevó a pensar que puede acercar o alejar a algunos lectores. Me explico. Al ser nosotros tan occidentales, parte de su filosofía de vida y sus haceres diarios nos pueden parecer ridículos o extravagantes. Creo que dependerá de cada cual el valorar estas diferencias y ver que en el fondo no somos tan diferentes.

Como dato anecdótico, decir que la última vez que vi la novela expuesta en un centro comercial (FNAC), diré que la publicidad anunciaba que se superaban los 2 millones de copias vendidas en japón.


Es un libro ameno, cariñoso, dulce. Con unos personajes muy cercanos y creíbles. Si buscáis una lectura sin sobresaltos, cercana, que trate sobre cosas de la vida como el amor, el compañerismo, la lealtad, entonces os la recomiendo.


Desde aquí en adelante esta entrada contiene avances (spoilers) de la trama.


El personaje del profesor, me recordó mucho a Leonard, personaje de Memento, gran película de Christopher Nolan. Persona que solo puede recordar su presente inmediato durante 15 minutos.

En este caso, la memoria del profesor se desvanece a los 80 minutos. Pero es el mismo problema de base. Una vez pasado ese tiempo, no recuerda nada desde el accidente.

Hay algunos pequeños errores en la novela, ya que si el profesor una vez pasados los 80 minutos no se acuerda de su presente, ¿como es que sigue días tras día empecinado en resolver las demostraciones matemáticas que envía a las revistas especializadas ?

En todo caso, todo esto son detalles perdonables. Ya que realmente la enfermedad del profesor, solo es un burdo reclamo perfectamente obviable. A mi entender, lo único que quiere enfatizar la autora con esta perdida de memoria, es que los sentimientos se guardan bajo llave en un cajón muy profundo de nuestro corazón, y aunque tu memoria te traicione, tus sentimientos reconocen enseguida a las personas afines a ti.

Y eso es lo que le pasa al Profesor. Aunque cada día se haya podido olvidar de su "nueva" asistenta. Sus sentimientos paternales no varían y se afianzan en el.

Root, el hijo de la asistenta, añade el punto de inflexión necesario para aunar dos generaciones tan diferentes como la asistenta, madre soltera veinteañera y un profesor de matemáticas ya entrado en años.

En ningún momento me he olvidado de ponerle nombres a los personajes. La autora se los ahorró por mi. Así, los personajes de esta novela no tienen nombre, a excepción de algún personaje secundario, como el famoso jugador de beisbol Enatsu, y algún que otro matemático como Pitágoras o Fermat.

Es curioso de esta novela, que nos refiramos a sus personajes por el rol que interpretan. Nos referimos al Profesor, a la asistenta o ella, y el hijo o root. En ningún momento se conocen sus nombres. Y ni falta que hace. Por que sus carácteres quedan tan bien definidos, que no es necesario etiquetarlos con nombres absurdos que tan solo socavarian la magia que nos intentan transmitir.

El lenguaje no es rebuscado y realmente es muy llano. Y no esta realizado por descuido, sino más bien lo contrario. Para que sintamos aun más esa cercana con ellos.

En cuanto a detalles, el libro expone bastantes costumbres sobre japón. Me imagino que esto acercó el libro a la gente mucho más en las tierras niponas. Descalzarse en casa (obligatorio) (esta la sabía), en hospitales (esta no), es típico llevar paraguas de fina tela para protegerse del sol del verano. Hasta se puede respirar su filosofía de vida, el respeto inquebrantable hacía los mayores, y un sinfín de detalles más, que solo leyendo, podréis adquirir.

Por último, he investigado a quien perteneció la formula de la portada. Es la conocida Fórmula de Euler, conocida también como la más bella del mundo.

Conocida fórmula para quien sea matemático, claro esta, porque el resto de los mortales solo podremos intuir su belleza después de haber leído la novela. Es una lastima que haya disciplinas tan compliadas de entender, en las cuales toda su belleza queda escondida en intrincados galimatías.
Toda una pena, pero hay tantas cosas maravillosas que nos pasan ocultas, que aprendemos a vivir sin ellas.

Sin embargo, que la formula "más bella del mundo" anuncie un libro con mucha filosofia estilo "zen", es un buen faro para todos aquellos que os querais dejar guiar.


Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.

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