Un tranquilo lugar de aquiescencia

lunes, 11 de abril de 2016

Historias de ascensor. Surf.


—¿Kabalgamos? —una voz de marcada pronunciación germánica resuena detrás de mí.

«Otra vez el dichoso caballo».

Esta vez pienso darme la vuelta y no dar nada por supuesto. En este ascensor suceden cosas muy extrañas.

Al girarme veo delante de mí a tres chicos, el primero de pelo rubio y de una robustez considerable, es el perfecto estereotipo germano promovido por las películas. El segundo de ellos, es pelirrojo con pecas a juego por toda la cara. El ultimo es pequeñito y moreno, no parece extranjero. Cada uno porta con cariño y en posición vertical una tabla de surf. El ascensor destila cierta fragancia de arena, océanos lejanos y espuma.

—Klaro, aquí se kabalga bien —afirma el más robusto.

El tercer chico, el pequeñito, sólo asiente agarrando por la cintura a su blanca tabla de surf, como si de una chica se tratase.

—Seremos famosos. Como Polakov —afirma el pelirrojo con una gran sonrisa en el rostro. Las pecas dan la sensación de expandirse por todo el rostro.
—Sí, klaro —enfatiza aquiescentemente el fuertote.

El ascensor llega a la andana. Al parecer, dejando de lado la extrañeza de las tablas de surf, hoy no hay mucha historia que contar.

El metro llega puntual a su cita. Entro en el último vagón. «¿Dónde se han metido los tres surfistas? Estaban justo aquí». Ahora ya nos los veo.

Se escuchan los pitidos del vehículo. Las puertas se cierran automáticamente. Entonces los veo.

Los tres surfistas están agarrados en la parte exterior del vagón.

—Tube Riding.
—Tube Riding.
—Tube Riding.

Comienzan a chillar al unísono.

«Se han vuelto locos».

—Por Polakov.
—Yehaaaaa.
—Anastasia, te quiero.

El metro comienza la aceleración y el oscuro túnel nos engulle inicialmente a poca velocidad. La visibilidad exterior es casi nula, aprecio no obstante la blancura de las tablas de surf. Los escucho repetir eufóricos, «Tube Riding». El exterior es cada vez más oscuro, ya únicamente les escucho aullar.

Y en un momento, en el punto de más oscuridad del trayecto dejan de escucharse.

«¿Los he soñado o realmente existieron? ¿Mi barrio me está volviendo loco?»


Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia

3 comentarios :

  1. O son tus vecinos muy extravagantes, o el color de tu cristal es de varios tonos...
    Saludos.

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  2. no he entendido muy bien la historia pero me a parecido muy graciosa jejeje

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  3. Voy a tener que irme a vivir donde hayan vecinos interesantes. Las historias de ascensores siempre son una apuesta segura!

    Un abrazo!

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