Un tranquilo lugar de aquiescencia

domingo, 12 de marzo de 2017

Dos fantasmas de Alexandría


«Mis labios,
peregrinos ruborizados,
quisieran hacer penitencia con un dulce beso».
(Willliam Shakespeare)




Habíase un lugar,

llamado Alexandría.

En la isla de Pharos se alzaba un majestuoso edificio. Enormes bloques de mármol y plomo fundido levantaban al coloso en medio de la isla. Su llama eterna señalaba una referencia vital para los navegantes.

En el interior de la construcción, además de espejos y lentes, vivían dos fantasmillas. Un fantasma hembra y un fantasma macho.

En vida, la fantasmilla había recibido el nombre de Relaxanda, hija natural de la isla de Lemnos. Aclamada flautista del templo erigido en honor a la diosa Artemisa. Fue raptada de su tierra en una incursión tirrena y llevada como esclava a Pharos. Allí, en un desliz de sus captores, se despeñó por el faro y murió. Después de la violenta muerte, su esencia quedó anclada al lugar...

Él fantasmilla había sido Enquire, un valiente guerrero en las Guerras Púnicas. Además de combatiente, era un bardo excelente y un mujeriego empedernido. Su excelente voz relajaba a sus compañeros después de las batallas y encandilaba a las mujeres que lo acompañaban por las noches. Años más tarde, defendiendo el faro de los piratas, recibió muerte a manos de dos tirrenos que lo asaltaron por la espalda...


La caída del sol anunciaba la muerte del atardecer y el nacimiento de la noche, en ese momento mágico, aparecían Relaxanda y Enquire en el interior del faro.

—Relaxanda, hoy estáis especialmente bella.
—Sois un poco fantasma.

Relaxanda no se fiaba de las intenciones de Enquire. Pues hasta su fama le precedía después de muerto, y realmente, había sido muy fantasma en vida.

—¿Cómo podré ganarme su sincero afecto? Yo la amo.

Por suerte para Enquire en la misma ciudad habitaba un amigo llamado Vidobana, un fantasma que había trabajado en la biblioteca.

El amigo abrió un pesado tomo.

—Amigo, lo dice aquí. Para alcanzarla debéis abriros.
—Ufff... Eso es complicado.
—Los libros no mienten.


A Enquire le daba miedo mostrar su interior. Mostrarse tal como era. Pero pasaban los días y Relaxanda no se acercaba a él.

Una noche, Enquire observó a Relaxanda, la mirada triste de ella observaba el lejano mar y las estrellas titilantes en el cielo...

—Saber que te puedo mirar.
—¿Cómo?
—La locura de observarte.
—¡Estáis loco Enquire!
—Loco por ti.
—No sois puro. No me fio de palabras vacías.
—Lo que quiero mostraros...

Y viendo que perdía cada vez más a su amada tomó la decisión. Se despojó de su envoltura, de la pesada carga que había tejido a su alrededor, de la vieja armadura oxidada que le suponía un lastre... La sábana cayó pesada al suelo.

Su luz brilló pura envolviendo a Relaxanda. Era tan luminosa, que de las aperturas del faro surgió, como antaño, un haz que volvió a señalar una vez más el camino a los navegantes.

Ella lloró. Él sonrió. La luz. El beso. La pureza. El sueño. La caricia. El abrazo. La ascensión. El amor. La muerte.


Esto es verdad, y no miento
y como me lo contaron,
os lo cuento.


Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


8 comentarios :

  1. Muy buena la historia!! Me encanta el final. Bravo.

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  2. Bonita historia. Final precioso!

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    1. Aiya Eowyn,
      ¡Tus palabras siempre despiden calidez reina Eowyn!
      Namarië Eowyn, Tenna rato.

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  3. Hermoso final. La luz de ese faro es amor para los navegantes nocturnos.
    Saludos.

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    1. Estimado Raúl,
      Realmente no pensé en ello... creo que el relato se escribió solo.
      Gracias por estar aquí.
      Un abrazo bruto escritor.

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  4. hola! muy tierno, en verdad, coincido con raul, el amor de esos fantasmas son la luz del faro. gracias por esa ternura incandescente y fantasmal. saludosbuhos!!

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    1. ¡Qué buena analogía1 No se nos ocurrió cuando lo creamos. Es muy posible que el propio relato emitiera su propia luz y ella nos inundará con esa creación. Gracias a ti Buha amiga.
      Una ululante despedida Buho Evanescente. ^^

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