Un tranquilo lugar de aquiescencia

domingo, 5 de marzo de 2017

Stomachus ergo sum (Estómago, luego existo)


«Un pequeño paso para el guáltrapa,
un gran paso para la humanidad».
Recopilación guáltrapas electos Tomo XXVII por Ignatius B.P.


—¡Pacooooooo! A la mesa —La que chilla es Ximena, la esposa de Paco, que grita desde el comedor.
—Ya voooooooy —responde Paco con la misma reverberación desde el hangar. Sus manos, con las arrugas propias de un hombre de cincuenta años, depositan los instrumentos de precisión atmosférica encima de la mesa—. ¿Sabes cariño? Muchos me llaman gordo, pero yo prefiero que me llamen pacomer. Ja, ja, ja.
—Ja ja, ja. ¡Mí Paco! Qué chistoso estás hoy.
—No creas. No sé que tengo, que con la tripa vacía pienso mal.
—Eso será cosa de las neuronas del estómago.
—¿Neuronas en el estómago? Habrase escuchado tamaña fantasía. Pues las mías deben estar hambrientas.

Paco se sienta en una silla blanca de respaldo redondo y Ximena sirve cuatro cucharadas de Pozole en dos platos hondos. Un tapete de plástico protege la mesa de migas de pan y caídas fortuitas de vino o agua. Los cubiertos de metal reposan brillantes al lado de los platos blancos. De la cacerola, situada en medio de la mesa, se eleva un humo caliente.

—¿Qué es eso de las neuronas?
—A uno que tenga hambre, dale primero de comer y después háblale de lo que sea.
—Bueno...
—Come. Primero come. Te cuento después.

Y así lo hace. Paco hunde su cuchara en el plato. Casi sin masticar se traga de un bocado la primera cucharada. Y presto, hunde de nuevo la cuchara. Ximena le rellana el plato dos veces y después de veinte cucharadas, saciado su apetito, reposa con las agarradas manos encima de su panza. Observa tranquilo en dirección al techo, donde un gran ventanal de triple apantallamiento, le permite observar un fondo negro iluminado por las distantes estrellas.

—Pero que rico estaba todo, Ximena. Ya sé porque me casé contigo —dice con picardía.

Ximena no se inmuta y continúa comiendo tranquilamente, ajena a las pueriles bromas de su esposo.

—¿Sabes, cariño? Ya me encuentro mucho mejor. ¿Qué era eso de las neuronas en el estómago?
—El otro día, en Taquión Visión de Diskovery Chanel, había unos doctores que hablaban de las neuronas del estómago y decían que allí abajo se piensa tanto como el cerebro. El control de las secreciones, los movimientos peristálticos, la apertura "no" tan involuntaria del píloro y la constante medición de los niveles de azúcar y acidez no las controla el cerebro como pensábamos. Todo ello lo controlan unas semineuronas que existen en el interior del estómago. Pero no acaba ahí la cosa. ¿Verdad qué en ocasiones, cuando hemos pensado mucho, nos duele la cabeza?
—Sí, claro.
—Lo mismo sucede con el dolor de tripa. Esa molestia expresa el uso abusivo en nuestro cuerpo de sustancias excesivas para nuestro organismo. Y no solo eso, las emociones extremas, como el estrés, la euforia o el miedo las controlan directamente estas neuronas a través del sistema nervioso. Al igual que en una "migraña", las neuronas del estómago ponen a trabajar su particular "migraña" estomacal. Una carga de trabajo repartida entre cerebro-estómago.
—¡Qué interesante todo esto! Pero, ¿por qué esperaste a que acabara de comer para contármelo?
—Sin sustento en nuestro cuerpo... las neuronas estomacales no prestan atención.
—Pero, ¿es el cerebro el que piensa, no?
—¡Órale! ¿Y quién te crees que envía los recursos necesarios al señor cerebro para que piense? Pues la señora tripa. Ja, ja, ja
—Ahora entiendo por que esperaste a que acabara de comer.

Antonio se levanta de la mesa.

—Perdona cariño, aún debo poner la antena atmosférica.
—Claro, ve con cuidado y átate bien el cable.

Antonio vuelve al hangar, recoge de la mesa la antena atmosférica, un aparato ovalado de cristales reflectantes. Camina hacia una de las pequeñas puertas situada en el hangar. Se introduce en un traje blanco, se acomoda dentro, se ajusta un alargado cable de kevlar alrededor de la cintura y por último se ajusta la escafandra en la parte superior del traje. Se introduce en el cubículo número dos, la descompresión se efectúa con éxito, el oxígeno entra a raudales en el interior del traje. La puerta delantera del cubículo número dos se abre delante suyo y la trasera se cierra. Antonio salta al vacío del espacio con la tripa bien llena y las ideas muy claras.

«Ximena es muy inteligente, siempre me conquista por el estómago».
Pervivo para enseñaros.

Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


2 comentarios :

  1. Hummm... sopa de pozole con carne de cerdo, maíz y chile rojo... me gustaría tomarme un plato ahora mismo.
    Interesante teoría la de las neuronas del estómago. Yo estoy convencido de que cuando cocinas es un acto de amor cuando lo haces para la persona amada, ¿no?
    Saludos!
    Borgo.

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  2. hola ignatius! un placer leer tu relato , cada vez que venimos nos llevamos todito! son maravillosos! un regalo para los ojos, que se debe mostrar! saludosbuhos.

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