En la mayoría de ciudades del mundo, durante
el siglo XX y el XXI, pulularon por doquier los pasos de peatones. Estas
pinturas rupestres permitían el trasiego de personas de un lado a otro en
calles y avenidas. Similares a nuestros portales dimensionales, esas arcaicas
construcciones, permitían conducirse a las personas por la simple impulsión
bípeda.
Algunos arqueólogos de lo imposible
rescataron un antiguo nomenclátor para estos emplazamientos, pues descubrieron
para su asombro, que no en todos los lugares se les llamaba paso de peatones. En
algunas regiones remotas, a esas franjas blancas, pintadas en paralelo en el
suelo a equidistantes distancias, se les llamaba de otro modo: pasos de cebra.
Los paleontólogos de lo imposible acuñaron
el término Cebrístico a aquellas regiones
que habían acuñado tan extraño término de origen animal a esos lugares de
andadura y paso.
A raíz de esa concepción, tan metafórica,
la mitología de las regiones cebrísticas,
comenzaron a recrear una fauna mitológica alrededor de ellos, tal y como lo
hiciera el Bosco con los unicornios en el jardín de las delicias o los griegos
con su nutrido panteón de dioses y seres mitológicos.
Así nació el mito del cebrábrol.
Mitad paso de cebra, mitad árbol, un
ser nacido en las inmediaciones de los pasos de cebra que, según las contradictorias
leyendas, repartía buena suerte o desdichas a las personas que por su lado
caminaban.
Decía el antiguo sabio, William Goodlife,
que toda ramificación de una leyenda surge de una semilla de verdad.
Hace poco, en el XLI Congreso de
arqueología de los imposibles, celebrado durante el día veintitrés de junio, en
honor al solsticio de verano, una antigua foto, rescatada de un vetusto manual
de dendrología —estudio de los árboles— captó la atención de los medios por el
elemento que recogía en la página 205, con una anotación al pie: «Cebrárbol de
la provincia de Colebanar» (sic).
Por primera vez se rescataba una fotografía
inédita del cebrárbol del que hasta
ahora se creía un ser mitológico sin realidad física. No obstante, a pesar de
que el manual de dendrología ha pasado satisfactoriamente la prueba del carbono
14, algunos detractores aseguran que nos encontramos con el contenido de un nuevo
facsímil, parecido al Manuscrito Voynich, del que no podemos fiarnos de su
confiablidad.
El mundo queda atento a las
conclusiones que extraigan los arqueólogos de lo imposible durante las próximas
semanas.
Atentamente.
«Pervivo para enseñaros».
Ignatius B.P.
Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia
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