Un tranquilo lugar de aquiescencia

domingo, 17 de junio de 2018

Thor en de barra

«La toponimia y las significancias ocultas.
Pervivo para enseñaros»

Thor en de barra

Ha llegado hasta mí la noticia, a través de unas fotos, que el monumento Alfa y Omega de Torredembarra ya no está con nosotros. Muchos piensan que esto es debido a un plan de conservación por parte del ayuntamiento. Sin embargo, la verdad es muy diferente y se remonta eones atrás...

Empecemos por un principio, podríamos empezar por otro, pero empezamos por este:

La veraniega población de Torredembarra era antiguamente un bastión Vikingo. En el siglo XIV, un conglomerado de estas tribus con sus rudimentarias embarcaciones, arribaron desde los gélidos mares del norte hasta nuestras costas. Portaban con ellos un objeto de incalculable valor —más tarde lo explicaremos— que guardaban con todo su celo. Así pues, la original toponimia de Torredembarra no proviene originalmente del francés como muchos habían estudiado, sino de una antigua variante de una lengua escandinava. A la población, que fundaron estos valientes guerreros, le llamaron Thor, en honor a uno de los más importantes dioses de su panteón.

Con el paso de los años, los vikingos se fueron fusionando con la población autóctona de la zona y sus costumbres fueron desapareciendo gradualmente. No así, el objeto custodio que con tanto celo protegían, pasando esta información de padres a hijos.

Unos siglos más tarde, con la guerras francas de por medio, la población vecina de Barra, controlada por los franceses, se anexionó a sus vecinos de Thor. Uniendo ambas poblaciones con el paso de los años en una única urbe, que la ley franca pasó a denominar como Thor de en barra, indicando el vasallaje de la primera.

Pero de todos es sabido que las lenguas poseen vida propia y que con el paso del tiempo las palabras, las expresiones y hasta la propia lengua evoluciona. Así, no es de extrañar que el nombre de la población fuera mutando con el paso del tiempo, hasta conformar lo que hoy se conoce como Torredembarra.

A pesar de todos estos cambios, anexiones y demás zarandajas, el secreto de los antiguos vikingos se mantuvo a salvo durante años por el núcleo fuerte de las familias vikingas. No obstante, la antigua cueva de Thor, debajo de lo que hoy sería el faro, ya no era lugar seguro, pues los nuevos amos querían construir un puerto en la zona. Así, durante un tiempo, los descendientes de los oriundos vikingos transportaron el objeto a distintas ubicaciones para salvaguardarlo.

Nuestra historia llega a principios del siglo XX. En medio de la playa se construyó un monumento denominado Alfa y Omega que, como su etimología significa, representa el principio y el fin de todo. Curioso nombre que en verdad representa lo que los ciudadanos desconocían, pues en su interior escondíase el objeto que con tanto ahínco habían custodiado durante siglos los descendientes nórdicos.

El Alfa y El Omega, en verdad, portaba en su interior la séptima joya del infinito —Pero, ¿no eran seis las gemas del infinito? Ya hablaremos de ello otro día—, así, el ayuntamiento, formado en gran parte por orígenes nórdicos, y ante la señal de que se acercaba una guerra que azotaría a todo el universo, decidieron desmontar la estructura para hacer entrega del objeto místico a aquel que vendría a buscarla...

Y así fue, pero no acabó como el gran Dios Marvel se imaginó...

No contaremos el final de La guerra del infinito, pues es una historia sobre la que todavía debe escribirse mucho, pero acabada la misma, al dios nórdico Thor, que, dicho sea de paso, disfrutaba muchísimo en las costas doradas, edificó un resort con chalets y casas adosadas a pie de playa, a la que llamó «Thorina d’Or». Con su eslogan, «Thorina d’Or, ciudad del trueno, ciudad de vacaciones», instauró una floreciente industria de recreo a la que os invitamos a ir.

Os mandamos unos tórpidos saludos. ^_^




Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


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