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domingo, 2 de junio de 2019

«El levante las mueve, y el poniente las llueve»



Recuerdo la primera vez que vi ese árbol, debió ser hace diez años, ¿alguna vez estuvo erguido? ¿Nació así? Su deformidad, su extrañeza, le confería una preciosidad única, atrayente, casi mágica.

No se mostraba erguido como otros de su especie, las ramas altas y frondosas no apuntaban al cielo, no buscaban la ansiada libertad celeste, el ramaje terrenal rozaba el suelo en una caricia tierna a la amada tierra.

En este tiempo fui y vine, me alejé y me acerqué, estuve en muchos lugares y en uno solo, pero por más que viajara no vi nunca árbol alguno que sus ramas tocasen el suelo, no al menos en la manera que lo hacía mi viejo amigo de Torredén; ni las ramas de chopos, sauces, cedros o banianos, por citar unos pocos, emulaban su antiverticalidad. Todo él, recostado, a modo de cadalso torcido, un retrato surrealista que, a pesar de la poca estética en un árbol, robaba las miradas de cuanta persona se fijaba en su figura.

No sé si le quedaban muchos años, o pocos, su apariencia física no demostraba lo uno ni lo otro, aunque cada año mostraba con orgullo su ramaje verde, caduco, que reflorecía con cada nueva primavera.

Hace dos días —tomé la foto el 23 de abril, Sant Jordi, aunque este escrito lo hilvané dos días después— me dirigía a la Ciudad Condal, mi inevitable devenir, camino a la estación, me conducía por delante de mi amigo. El rucurucu insistente alojado en mi pensamiento, «hazle una foto», esas pequeñas cosas que dejas pasar. Saqué el móvil y se la tomé, unos hombres en un café cercano me miraron con una sonrisa extraña, ¿burla o simpatía?, o quizá es que ellos ya habían tomado esa foto hace tiempo. En la foto, no muy bien tomada, solo se apreciaba su pose, deslucido de su verdadero encanto natural, por suerte su extraña anatomía refulgía: «¿y si un día no te vuelvo a ver?», pensé.

¿Por qué me es imposible quedarme callado en la soledad de mis pensamientos? Una cháchara infernal, un devenir de arrolladora incontinencia mental, una inutilidad propia de la gente pobre con contenidos vacíos de existencia. ¿No podía quedarse acallado el nihilista que hay en mí mientras, simplemente, miraba a mi amigo? Maldita sincronicidad cósmica, ley de atracción o ¿premonición?, no importa el término barato de esta pobre filosofía new age descafeinada de principios de siglo. La gente pobre tiene pensamientos filosóficos pobres, es la amarga realidad de estos tiempos.

Una semana después el ayuntamiento podó y troceó a mi amigo, vi sus restos, pequeñas virutas y troncos apilados, descansaban en un rincón de la acera, su vacío en el lugar de su nacimiento se me antojaba un crimen del que formaba parte, una tristeza me invadió, contuve una lágrima. ¡Debo estar loco! Dejo escrito lo que no me atrevo a verbalizar, es un insulto pensar.

Adiós, querido amigo, ya no veré tus ramas retorcerse en el suelo, ni acariciaré de nuevo tu tronco, medio caído, recostado en tu eterna siesta que mi memoria evocará hasta mi último aliento, ahora ya puedes descansar en paz, árbol querido, árbol amigo.



Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


domingo, 28 de abril de 2019

«Cuando el diablo se mezcla en los asuntos humanos para arruinar una existencia o trastornar un Imperio, es muy extraño que no se halle inmediatamente a su alcance algún miserable al que no hay más que soplarle una palabra al oído para que se ponga seguidamente a la tarea»

A través del tiempo, de los ecos que conforman las palabras, se reproducen situaciones similares en distintos continentes y épocas.
¿Cómo podrían quedar unidos, por los ecos de las palabras, un poeta español y un novelista ruso?
No tiene sentido esta introducción sin saber el tema del que tratamos.


Federico García Lorca, uno de los mejores poetas españoles, escribió en 1920 unos versos acerca de su amigo Satanás, un ser que nos ha visitado a todos en algún momento. El diablo es noble con sus conocidos, a pesar de sus muchas excentricidades y que, siempre se espera de él, cumpla su palabra, más no debe el incauto contraer deuda alguna con  semejante amigo, se cobrará muy cara la deuda si no se paga a tiempo, ya sabemos todos a que me refiero.

Nos pondremos en situación con la poesía del poeta español Federico.
Cita de Prólogo (Federico García Lorca), 24 de julio de 1920:
«Además, Satanás me quiere mucho,
fue compañero mío
en un examen de
lujuria, y el pícaro buscará a Margarita
me lo tiene ofrecido.
Margarita morena,
sobre un fondo de viejos olivos,
con dos trenzas de noche
de estío,
para que yo desgarre
sus muslos limpios».

En 1920, este amigo común y Federico, trasnochaban juntos, pero mi asombro viene, no al descubrir la cantidad innumerable de amigos comunes atesorados por Satanás, sino los versos que susurró a Federico; palabras sobre él, Satanás, y la misteriosa Margarita, una beldad morena de trenzas de noche.
¿El diablo y Margarita? El asombro, revisitando mis propias incursiones lectoras con nuestro amigo común, me condujo hasta la lejana Rusia, país de almas escépticas en la galería diurna pero de poderosas inclinaciones teológicas en la onírica pasarela nocturna, el viaje concluyó en un autor maldito, maldito por ser demasiado brillante y, maldito, por ser demasiado ingenuo, me refiero a...
Mijaíl Bulgákov. El escritor ruso comenzó, en 1928, la escritura de una grandiosa obra de la literatura, El maestro y Margarita, el libro, auspiciado sin duda alguna por los susurros incesantes de Satanás, su mejor lector, incluye a nuestro amigo común como personaje de la trama, quien se presenta en Moscú donde realiza un sinfín de fechorías y, en ese camino de perversión, trastoca la vida a un grupo de personas.
¿De dónde sale mi asombro? ¿A dónde nos conduce esta cháchara? Señalo algunas pistas que se remueven inquietas en mi cabeza.

Federico García Lorca
Prólogo.
Poesía.
Margarita y Satanás.
¡España!
Mijaíl Bulgákov
El profesor y Margarita.
Narrativa.
Margarita y Satanás.
¡Rusia!

Y, tal novela de misterio, nuestro amigo común, el soterrado Satanás rey de todos los infiernos, se nos descubre como el nexo común entre ambos textos además de la bella dama.
¿Casualidad? Mi asombro no sería tal, una simple coincidencia metafórica y de personajes, después de todo la flor de la margarita puede simbolizar la virginidad, la pureza, denostando a la celebérrima rosa, ya demasiado gastada por muchos versos y, en consecuencia, ambos genios, Federico García y Mijaíl Bulgákov, usaron la margarita en detrimento de la otra, pero no, mi desconcierto aumenta, pues no nace de la etimología poética de la evocada Margarita, es su descripción física, ¡morena y con trenzas de noche!, es esa descripción la que sacude con fuerza algunos recuerdos en mi frágil y escurridiza memoria, recuperar sin éxito aquello que se le escapa a uno. Acudo, en mi intento de salvación, al otro demonio, San Google, él me dirá lo que busco.

Cita de El maestro y Margarita (Mijaíl Bulgákov):
«Era inteligente y hermosa y aún añadiríamos algo más [...] Margarita Nikoláyevna era una mujer de treinta años
[...] La Margarita de treinta años veía reflejada en el espejo a una mujer morena, de unos veinte años, con el pelo ondulado.
[...] A la luz de la luna su cabello era blanco, formando en la nuca una trenza que flotaba en el aire».

¿¡Margarita morena con trenzas de noche a la luz de la luna!?
Demasiada casualidad para tan poco lector. Si existe alguien, con mayor entendimiento, alguien que pueda esclarecer luz sobre el asunto, bienvenido será a este lugar.
Amigo común, ¿dejarás, en algún momento, de susurrarnos tus excentricidades al oído? ¿Dejarás de reírte de tus esclavos? ¿De plagiar y repetir la misma tonadilla en unos y otros?
Aunque seguiré pensando que los caminos de Satanás son inescrutables, ciertamente Satanás, debemos rendirte homenaje por unir a sendos artistas en estos ecos de metaficción.
Debo advertir (el yo escritor) que quizá resida una mentirosa palabrería en todas estas afirmaciones, o tal vez sean mentirijillas fruto de los susurros de nuestro amigo común.
Lo sé todo. (susurra...)
La anterior frase, atribuida con entereza al señor Satanás rey de todos los infiernos, cae en mis oídos igual que se desliza, después de leerla, en vuestros ojos. Del resto de temas, casualidades, plagios, mezquindades y lecturas prohibidas... mejor las dicte el diablo en otro momento.

93% imaginación
7% realidad
Pero es ese 7%
lo que realmente importa



Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


miércoles, 19 de diciembre de 2018


«Saludos aquiescentes
en nuestro octavo
cumpleblog
»



Habíase un lugar:

Cuando el tiempo empieza a medirse en años se echa la vista atrás y se rememora, con cierta nostalgia, el camino andado. Es esa clase de nostalgia pacífica, agradable, que impregna tu ser con una bonita sonrisa al recordar....

Así me gusta imaginar la sabiduría de la vejez, y aunque solo ocho años cubren mi sombrero debiera por ese hecho y por ese tiempo escribir un símil acerca de un aprendizaje cuasi infantil; pero me gusta imaginar que quizá forme parte de ese círculo de almas viejas a las cuales no les importa los años físicos, sino el tiempo sensorial, o como yo prefiero llamarle, el tiempo sentimental.

Sea joven, o sea viejo, con independencia de ese punto de vista de edad físico-mental, disfruto echar esa mirada atrás, y agradecer, siempre agradecer, aceptar todas y cada una de las ambigüedades que me encuentro en esta senda de existencia: penas y alegrías, llantos y risas, errores y aciertos... Y aprender, siempre aprender de las situaciones, de las personas, de los lugares, sobre todo de la quintaesencia de esta vida que anida en el centro de la aquiescencia: el amor.

Agradezco... un año más.

Gracias a todos por estar aquí.
Abrazos, estimados.




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Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


domingo, 1 de julio de 2018

«Un seguidor de Facemook se denominaba mooker o seguidor de mook; pues Mook, a principios del siglo XXI, representaba la deidad de los muertos y los mediocres»

Surgió este credo a principios del siglo XXI con el auspicio del imperante internet de aquella época. Hay datados múltiples registros que desvelan sus inicios en una página web, categorizada como red social y que era lugar de peregrinación diaria de millones de usuarios. Las estadísticas recuperadas de antiguos servidores indican que los seguidores del portal se multiplicaban cada año.

El profesor Charlest Mortimer, de la universidad de Harvard, compara este crecimiento, con el auge del catolicismo durante el siglo IV. La equiparación no anda desacertada, pues acabado el primer cuarto de siglo, más del 88% de la población, estaba adscrita.

Aunque al principio los usuarios se acercaban hasta ella como un acto lúdico, esta tendencia, después de casi setenta años fue variando, modificándose y adquiriendo el nuevo significado que tiene hoy día.

La privacidad desaparece de la vida de los acólitos, que derrochan horas de su existencia en documentar sus experiencias vitales en la plataforma. Narraciones de viajes, fotografías de eventos familiares, vacaciones, enamoramientos, despedidas, intercambio de bienes... Cualquier acto imaginable, por íntimo que pudiera parecer, es aceptado dentro de la creencia que se gesta en esos primeros años.

Aunque al principio fuera denominado como vouyerismo buenista, pues los acólitos únicamente compartían experiencias de índole positiva o de exaltación del ego, con el tiempo comenzaron a compartir otras clases de experiencias que convirtieron a la plataforma en Facemook.

El nacimiento de este culto extinguió muchas de las anteriores religiones.

Los tres preceptos básicos o mandalas del mooker son:

1. Darás Megusta siempre que puedas.

2. Volverás viral al Compartir cualquier publicación.

3. Publicarás una vez al día.

Según algunos apuntes del citado profesor Mortimer:

«Los seguidores de mook eran especialmente narcisistas en sus prácticas. El uso habitual de sus quehaceres facemookistas consistía en compartir materiales propios de baja calidad. También existían entre sus filas casos de plagio flagrante de la propiedad intelectual: copiado íntegro de textos sin cita, imágenes sin derechos de autor, apropiación de canciones ajenas, entre otras muchas malas praxis. Entre estas actitudes, que conformaban el escalafón más bajo de originalidad en los tiempos de la humanidad, resaltaban aquellos que copiaban aforismos —de filósofos y literatos fallecidos— que variaban ligeramente en la forma para evitar el plagio.
Sin embargo, en el periodo inicial de gestación del facemookismo o simplemente Facemook, la imaginación estaba a la alza. En un periodo de diez años hubo comparticiones originales, como el Gato de Nyan, Gangman style o La he liado parda. Pero en los postreros años después de este despertar, el prosaísmo plagístico alcanzó cotas elevadas entre sus miembros, dejando la creatividad para un segmento muy pequeño de mookers. También aumentó agresivamente el requerimiento de noticias en los respectivos clanes mookers, pues los acólitos comenzaron demandar, en grado de paroxismo, la obligación de compartir experiencias íntimas. La obligatoria conversión al credo facemookista de cualquier usuario adscrito a la plataforma tuvo su auge en la mitad del siglo XXI, veinte años antes de su decadencia».


Facemook: megusta, comparto y publico.

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domingo, 17 de junio de 2018

«La toponimia y las significancias ocultas.
Pervivo para enseñaros»

Thor en de barra

Ha llegado hasta mí la noticia, a través de unas fotos, que el monumento Alfa y Omega de Torredembarra ya no está con nosotros. Muchos piensan que esto es debido a un plan de conservación por parte del ayuntamiento. Sin embargo, la verdad es muy diferente y se remonta eones atrás...

Empecemos por un principio, podríamos empezar por otro, pero empezamos por este:

La veraniega población de Torredembarra era antiguamente un bastión Vikingo. En el siglo XIV, un conglomerado de estas tribus con sus rudimentarias embarcaciones, arribaron desde los gélidos mares del norte hasta nuestras costas. Portaban con ellos un objeto de incalculable valor —más tarde lo explicaremos— que guardaban con todo su celo. Así pues, la original toponimia de Torredembarra no proviene originalmente del francés como muchos habían estudiado, sino de una antigua variante de una lengua escandinava. A la población, que fundaron estos valientes guerreros, le llamaron Thor, en honor a uno de los más importantes dioses de su panteón.

Con el paso de los años, los vikingos se fueron fusionando con la población autóctona de la zona y sus costumbres fueron desapareciendo gradualmente. No así, el objeto custodio que con tanto celo protegían, pasando esta información de padres a hijos.

Unos siglos más tarde, con la guerras francas de por medio, la población vecina de Barra, controlada por los franceses, se anexionó a sus vecinos de Thor. Uniendo ambas poblaciones con el paso de los años en una única urbe, que la ley franca pasó a denominar como Thor de en barra, indicando el vasallaje de la primera.

Pero de todos es sabido que las lenguas poseen vida propia y que con el paso del tiempo las palabras, las expresiones y hasta la propia lengua evoluciona. Así, no es de extrañar que el nombre de la población fuera mutando con el paso del tiempo, hasta conformar lo que hoy se conoce como Torredembarra.

A pesar de todos estos cambios, anexiones y demás zarandajas, el secreto de los antiguos vikingos se mantuvo a salvo durante años por el núcleo fuerte de las familias vikingas. No obstante, la antigua cueva de Thor, debajo de lo que hoy sería el faro, ya no era lugar seguro, pues los nuevos amos querían construir un puerto en la zona. Así, durante un tiempo, los descendientes de los oriundos vikingos transportaron el objeto a distintas ubicaciones para salvaguardarlo.

Nuestra historia llega a principios del siglo XX. En medio de la playa se construyó un monumento denominado Alfa y Omega que, como su etimología significa, representa el principio y el fin de todo. Curioso nombre que en verdad representa lo que los ciudadanos desconocían, pues en su interior escondíase el objeto que con tanto ahínco habían custodiado durante siglos los descendientes nórdicos.

El Alfa y El Omega, en verdad, portaba en su interior la séptima joya del infinito —Pero, ¿no eran seis las gemas del infinito? Ya hablaremos de ello otro día—, así, el ayuntamiento, formado en gran parte por orígenes nórdicos, y ante la señal de que se acercaba una guerra que azotaría a todo el universo, decidieron desmontar la estructura para hacer entrega del objeto místico a aquel que vendría a buscarla...

Y así fue, pero no acabó como el gran Dios Marvel se imaginó...

No contaremos el final de La guerra del infinito, pues es una historia sobre la que todavía debe escribirse mucho, pero acabada la misma, al dios nórdico Thor, que, dicho sea de paso, disfrutaba muchísimo en las costas doradas, edificó un resort con chalets y casas adosadas a pie de playa, a la que llamó «Thorina d’Or». Con su eslogan, «Thorina d’Or, ciudad del trueno, ciudad de vacaciones», instauró una floreciente industria de recreo a la que os invitamos a ir.

Os mandamos unos tórpidos saludos. ^_^




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Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


domingo, 3 de junio de 2018







abrazascos
Del lat. abrazascum.
1. m. Gram. Abrazos en frascos repletos de alegría.

Como todos los abrazos que les envío a mis amigos de @ResistenciaLiteraria. ^_^

^_^

Aupa REL. 🦗

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domingo, 27 de mayo de 2018

«Una de las diez estrategias de manipulación:
promover entre el público la creencia que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto»




El gran enemigo de la comunicación, de la lengua y de la humanidad es la polisemia. 

¿Os preguntaréis quién o qué es la polisemia?

Satisfaré vuestra curiosidad, si acaso no conocíais a este gran enemigo de nuestros días. En los idiomas, la mayoría de palabras acaparan varios significados, ese modus operandi, es el que delata a nuestro sospechoso habitual.

Así, por ejemplo, la palabra banco puede referirse a un asiento, a una sucursal financiera o a un conjunto de peces.

Veamos un ejemplo que aconteció a unos amigos:

Personajes: Son tres amigos. Paco, Antonio y Yosua.
Localización: Acuario de Barcelona.

El que habla es Paco, situado enmedio del gran túnel del Aquarium rodeado por agua y distinta fauna marina.
—Mirad chicos, lo he estado pensando muy bien, y el sábado, a las 6 de la mañana, me ayudareis a robar el banco.

Y mientras Paco reía con voz de malvado de película, el narrador, ese soy yo, realizaré un Flashback al pasado...

Horas antes, los tres amigos, habían paseado por plaza Cataluña. Paco observaba con deleite un asiento de madera y les invitó a sentarse en él. Los otros dos tomaron asiento y, como no podía ser de otro modo, Paco les obsequió con su discurso favorito acerca de las maldades de las entidades bancarias. Mientras los otros dos bostezaban, Paco palmeaba con deleite el apoyabrazos de aquel banco de madera en el que descansaban tan cómodamente.

Fin del flashback (volvemos al Aquarium).

Yosua vivía en exceso el tiempo presente, motivo por el cual le costaba retener mucho la información. Aquella conversación, debajo de un túnel, rodeado por enormes bancos de atunes, que nadaban ingrávidos por encima de su cabeza le hizo plantearse una cuestión: ¿para qué querrá Paco tantos atunes?

Los tres amigos se despidieron con la promesa de verse el sábado en aquella arriesgada empresa.


Antonio se personó el sábado en plaza Cataluña, delante del gran banco central, pistola en mano.
—Arriba las manos. Quiero todo el dinero hijos de puta.
La guardia civil tardó dos minutos en arrestarlo y perdió tres dientes. Pero no todo fueron perdidas, ganó una suculenta estancia en la prisión de Alcalá meco.

Yosua, por su lado, se personó el sábado en el Aquarium. Vestido de hombre rana, con una gran red y se zambulló en las aguas de la cisterna intentando capturar el banco de atunes. Lástima que no tuvo en cuenta al gran tiburón azul que nadaba en sus aguas. De suerte que salvo la vida... aunque fue encerrado una temporada en Sant Boi, por querer pescar sin licencia en el Aquarium.

A todas esas, Paco, en su chalet, palmeaba el apoyabrazos de su flamante banco de plaza Cataluña que reposaba en el jardín de su casa, y no entendía porque Antonio y Yosua le habían fallado a la cita.

Lo achacó a un despiste, a alguna clase de confusión...sin embargo, no conocía la aterradora verdad. Sus amigos habían sido víctimas de la malvada polisemia.

¿Fin?



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domingo, 20 de mayo de 2018

«Nací un 29 de Febrero de mil novecientos tonta y tantos...»

         
Hoy os voy a hablar del maldito día 29 de Febrero.
Sí. Sé que todos aquellos que habéis nacido el 29 de Febrero, como yo, sabréis la pesadilla que estamos acostumbrados a vivir.

Lo menos grave del asunto comienza con el fastidioso cumpleaños. Amigos y familiares se hacen los despistados cuando llega la susodicho fecha. ¿Regalos? ¿Fiesta?... Ah, pero, ¿este año no lo celebrabas el día 28 de febrero?

Siempre está el listillo de turno que salta con la siguiente frase: es que celebrarlo antes da mala suerte.

Algún alelao también suelta esta perla: pero tú cumpleaños, ¿no era el 1 de marzo?

Sí, claro. Venga, por favor. En pleno siglo XXI, con tantos medios de comunicación borreguil al alcance de la masa humana (nosotros), me salís con que no sabíais el día: llamada timofónica, mensaje de guatsaps, mensaje de feisbuk, o uno de ese asco de tuister, o quizá desde hipstagrams... ¿Para qué sirven los calendarios de los móviles? Solo son de adorno...

Vamos, por favor. Que escaquearse y demás zarandajas en los albores de la infrahumanidad 3.0 no cuela, señoritingos y señoritas.

Pero dejemos de lado el vulgar fastidio del día cumpleañero y centrémonos en lo importante, en lo grave, en lo aterrador... En la burocracia.

Sí, esto de nacer un 29 de Febrero es una murga, un auténtico problema, y somos unos 5 millones de murgosos, según dicen las estadísticas oficiales. Pero es que además, yo tuve la mala suerte de haber nacido a las 00:00:00.000 en el hospital geriátrico Palo de Hebrón.

¿Y por qué es tan fastidiosa esa hora de nacimiento? Bueno, como comprenderéis tanto cero en mi venida al mundo no era un anticipo nada halagüeño de lo que me iba a deparar mi existencia.

Que sí “eres un cero a la izquierda” y todas estas tonterías que viene repitiendo el refranero y los tontos que lo repiten, pero no... Eso no es lo más grave, lo grave es cuando vas a hacer alguna clase de trámite burocrático, ya sea hacienda, comisaria de policía o a algunos de esos edificios "oficiales" de los que los ciudadanos normales huimos como de la peste.

Entregas tu documento, único e inequívoco de identidad, llamado DNI en este país tontuno en el que vivo. El funcionario de turno mira, remira y vuelve a remirar nervioso el DNI, comprueba unos datos en su computadora y, a al acto, más nervioso todavía, me dice: perdón señor, es que el sistema nos arroja un error.

¿Nos arroja un error? Ni puta idea de que me está hablando. Como mi cara de lelo tonto del culo debe hacerse patente para el funcionario, aclara con una sonrisa paternal.

Es que verá... Su hora de nacimiento, con tanto cero, confunde a los ordenadores y tenemos un error informático con su ficha.

¡Joder! ¿No era la informática la salvadora del planeta? La inequivocable e infalible informática, creadora de Dios, del universo y del todo. Y ahora, ¿me sale con la chorrada esta que mi ficha da un error?

Los primeros años no salía de mi asombro. No podía renovar mi documento de identidad, tampoco mi carnet de conducir, ni el carnet de la biblioteca, que tenía que pedir prestado a mi hermano para que me dejaran coger libros gratis... Así de triste era haber nacido un día 29 de Febrero a las 00:00:00.000

Se ve que a los ordenadores no le gustan los ceros. En eso sí que se parecen a mí. Y al parecer, esta fecha de nacimiento, con esta hora tan casual, les causa, válgame la redundancia, alguna clase de paradoja freudiana informatizada que los deja lelos...

Es decir, más lelos de lo que ya nos tienen acostumbrados.

Pero, para suerte mía, descubrí que el problema tenía una solución, sencilla, pero engorrosa al mismo tiempo. En aquellos años en los que el periplo solar dura 366 días, es decir, como por ejemplo en mi “amodiado” año bisiesto de nacimiento, es en esos años que los sistemas informáticos se alinean con la constelación de la Osa Mayor y de Teta Centauri, y, sin necesidad de sacrificios humanos ni derramar la sangre de una virgen, ese año, “SÍ” puedo actualizar mis datos fiscales, mi DNI, mi carnet de conducir, de la biblioteca y hasta catar... pufff... bueno, no os voy a contar todo lo que me dejan hacer ese año.

Así que, si conocéis a alguien que haya nacido un 29 de Febrero, hacedme caso, no lo felicitéis, compadecedlo y sed buenos con él.


        Pervivo para enseñaros.
        IGNATIUS B.P.




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domingo, 4 de marzo de 2018

«Mi compañera letraherida, Miriam Jareño, utiliza en muchos relatos la segunda persona del singular; eso presenta, para mi yo lector, una aterradora visión, pues me convierto en protagonista de la acción, en el asesino de turno, en el despechado, en el moribundo...»


Escojo con cuidado las palabras que cargo en mi macuto al adentrarme bajo los árboles de este oscuro bosque onírico.

Él, o ella, o quizá... ello, estará esperándome detrás de la empalizada de viejos maderos desconchados, ajada por los años, inhóspita a los curiosos visitantes venidos del otro lado.

En algún punto, confluyo con el resto delante de la vieja cabaña, nos topamos los unos con los otros en este nexo de historias; lo singular da paso a lo plural, nos convertimos, por alguna clase de hechizo mayestático, en un grupo con un mismo objetivo. Abrimos la puerta a la que le chirrían los goznes, el suelo de madera cruje bajo los pies y descubrimos la vieja trampilla con un aro de hierro, herrumbroso y oxidado, que nos invita al oscuro sótano.

Vosotros, desde el otro lado, nos habríais avisado de haber podido: «Huid, ahora que podéis», pero sois meros lectores pasivos que no abrazasteis la pluralidad del grupo, la llamada de la aventura.

Al bajar, ellos nos esperaban, cuál títeres siniestros de un poder superior. Sus rostros, deformes  y llenos de pus, ocultaban pequeños ojos raquíticos, enrojecidos, acostumbrados a esta oscuridad; en  las manos, blandían alargadas cuchillas con restos de sangre amarronada.

La trampilla es cerrada...

Y detrás de ellos, te ocultas entre las sombras con mirada impía. Vanagloriándote de conocer la fugacidad de la existencia, de poseer el poder de la vida y la muerte en tus manos... hacedor del tiempo presente, pretérito y futuro.


Ahí, estás... tú.


Donde acaba el relato, empieza mi particular periplo en la fangosa tierra de la metaliteratura. Voy a probar suerte, me digo.



metaliteratura
De meta- y literatura.
1. f. T. lit. Literatura en la que se reflexiona especularmente sobre la naturaleza y la forma de la obra literaria.



Este relato, se convierte para mí, en un ejercicio de metaliteratura cuándo me doy cuenta que estoy mezclando tiempos verbales, distintas personas gramaticales y encima, para rematar la faena, uso en una frase (tímido, tímido...) la denostada voz pasiva que algunos novelistas recomiendan no usar.


Para muestra un botón.


¿Qué me sucede? Mezclo en un mismo párrafo la dos primeras personas, la singular (yo) con la plural (nosotros); además, en ese caso, intento utilizar -no sé si con acierto- el plural mayestático nos, que utilizaban reyes de antaño para referirse a su persona.

El condenado a muerte observa en silencio al rey, quien se levanta y sentencia: «Esta situación es muy desagradable para Nos. Os perdono».

Creo que leí lo del plural mayestático en un cómic de Neil Gaiman, pero no estoy seguro. En todo caso aquel tebeo, fuera de quien fuese, me fascinó.

También uso presente, condicional y pasado en un mismo párrafo, alarde de locura -patada al lenguaje sin comprensión- con el hedonismo de la experimentación más inocente.

Todo por culpa de Miriam, que utiliza esa segunda persona del singular tan disruptiva, que a poco, consigue meterte de lleno en la trama.

Me divierto mucho realizando estos experimentos, jugando con el lenguaje; reconozco mi medianía al tratar estos temas que se me escapan, pero me da igual. Me fascina jugar con las palabras. ¿Qué de divertido habría en el lenguaje, si no pudiera jugar también con él?

👹👻👼😘😘😘😁💟




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