Un tranquilo lugar de aquiescencia

domingo, 20 de mayo de 2018

La maldición del Bisiesto

«Nací un 29 de Febrero de mil novecientos tonta y tantos...»

         
Hoy os voy a hablar del maldito día 29 de Febrero.
Sí. Sé que todos aquellos que habéis nacido el 29 de Febrero, como yo, sabréis la pesadilla que estamos acostumbrados a vivir.

Lo menos grave del asunto comienza con el fastidioso cumpleaños. Amigos y familiares se hacen los despistados cuando llega la susodicho fecha. ¿Regalos? ¿Fiesta?... Ah, pero, ¿este año no lo celebrabas el día 28 de febrero?

Siempre está el listillo de turno que salta con la siguiente frase: es que celebrarlo antes da mala suerte.

Algún alelao también suelta esta perla: pero tú cumpleaños, ¿no era el 1 de marzo?

Sí, claro. Venga, por favor. En pleno siglo XXI, con tantos medios de comunicación borreguil al alcance de la masa humana (nosotros), me salís con que no sabíais el día: llamada timofónica, mensaje de guatsaps, mensaje de feisbuk, o uno de ese asco de tuister, o quizá desde hipstagrams... ¿Para qué sirven los calendarios de los móviles? Solo son de adorno...

Vamos, por favor. Que escaquearse y demás zarandajas en los albores de la infrahumanidad 3.0 no cuela, señoritingos y señoritas.

Pero dejemos de lado el vulgar fastidio del día cumpleañero y centrémonos en lo importante, en lo grave, en lo aterrador... En la burocracia.

Sí, esto de nacer un 29 de Febrero es una murga, un auténtico problema, y somos unos 5 millones de murgosos, según dicen las estadísticas oficiales. Pero es que además, yo tuve la mala suerte de haber nacido a las 00:00:00.000 en el hospital geriátrico Palo de Hebrón.

¿Y por qué es tan fastidiosa esa hora de nacimiento? Bueno, como comprenderéis tanto cero en mi venida al mundo no era un anticipo nada halagüeño de lo que me iba a deparar mi existencia.

Que sí “eres un cero a la izquierda” y todas estas tonterías que viene repitiendo el refranero y los tontos que lo repiten, pero no... Eso no es lo más grave, lo grave es cuando vas a hacer alguna clase de trámite burocrático, ya sea hacienda, comisaria de policía o a algunos de esos edificios "oficiales" de los que los ciudadanos normales huimos como de la peste.

Entregas tu documento, único e inequívoco de identidad, llamado DNI en este país tontuno en el que vivo. El funcionario de turno mira, remira y vuelve a remirar nervioso el DNI, comprueba unos datos en su computadora y, a al acto, más nervioso todavía, me dice: perdón señor, es que el sistema nos arroja un error.

¿Nos arroja un error? Ni puta idea de que me está hablando. Como mi cara de lelo tonto del culo debe hacerse patente para el funcionario, aclara con una sonrisa paternal.

Es que verá... Su hora de nacimiento, con tanto cero, confunde a los ordenadores y tenemos un error informático con su ficha.

¡Joder! ¿No era la informática la salvadora del planeta? La inequivocable e infalible informática, creadora de Dios, del universo y del todo. Y ahora, ¿me sale con la chorrada esta que mi ficha da un error?

Los primeros años no salía de mi asombro. No podía renovar mi documento de identidad, tampoco mi carnet de conducir, ni el carnet de la biblioteca, que tenía que pedir prestado a mi hermano para que me dejaran coger libros gratis... Así de triste era haber nacido un día 29 de Febrero a las 00:00:00.000

Se ve que a los ordenadores no le gustan los ceros. En eso sí que se parecen a mí. Y al parecer, esta fecha de nacimiento, con esta hora tan casual, les causa, válgame la redundancia, alguna clase de paradoja freudiana informatizada que los deja lelos...

Es decir, más lelos de lo que ya nos tienen acostumbrados.

Pero, para suerte mía, descubrí que el problema tenía una solución, sencilla, pero engorrosa al mismo tiempo. En aquellos años en los que el periplo solar dura 366 días, es decir, como por ejemplo en mi “amodiado” año bisiesto de nacimiento, es en esos años que los sistemas informáticos se alinean con la constelación de la Osa Mayor y de Teta Centauri, y, sin necesidad de sacrificios humanos ni derramar la sangre de una virgen, ese año, “SÍ” puedo actualizar mis datos fiscales, mi DNI, mi carnet de conducir, de la biblioteca y hasta catar... pufff... bueno, no os voy a contar todo lo que me dejan hacer ese año.

Así que, si conocéis a alguien que haya nacido un 29 de Febrero, hacedme caso, no lo felicitéis, compadecedlo y sed buenos con él.


        Pervivo para enseñaros.
        IGNATIUS B.P.




Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


1 comentario :

  1. UTLA!

    Acabas de describir la historia de mi vida. Lo de los ceros, por suerte, no me pasa, y la informática suele tratarme bien. Pero soy bisiesta y, con ello, sufridora de listillos, alelaos y burrocracias varias.

    Por cierto, me declaro fan de la palabra 'murga', pero aún más de 'murgosos', y paso a autoproclamarme 'la fabricadora murgosa' :D

    Me ha encantado el relato. ¡Un abrazo!

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