Un tranquilo lugar de aquiescencia

domingo, 28 de abril de 2019

Federico, Mijaíl y un amigo común

«Cuando el diablo se mezcla en los asuntos humanos para arruinar una existencia o trastornar un Imperio, es muy extraño que no se halle inmediatamente a su alcance algún miserable al que no hay más que soplarle una palabra al oído para que se ponga seguidamente a la tarea»

A través del tiempo, de los ecos que conforman las palabras, se reproducen situaciones similares en distintos continentes y épocas.
¿Cómo podrían quedar unidos, por los ecos de las palabras, un poeta español y un novelista ruso?
No tiene sentido esta introducción sin saber el tema del que tratamos.


Federico García Lorca, uno de los mejores poetas españoles, escribió en 1920 unos versos acerca de su amigo Satanás, un ser que nos ha visitado a todos en algún momento. El diablo es noble con sus conocidos, a pesar de sus muchas excentricidades y que, siempre se espera de él, cumpla su palabra, más no debe el incauto contraer deuda alguna con  semejante amigo, se cobrará muy cara la deuda si no se paga a tiempo, ya sabemos todos a que me refiero.

Nos pondremos en situación con la poesía del poeta español Federico.
Cita de Prólogo (Federico García Lorca), 24 de julio de 1920:
«Además, Satanás me quiere mucho,
fue compañero mío
en un examen de
lujuria, y el pícaro buscará a Margarita
me lo tiene ofrecido.
Margarita morena,
sobre un fondo de viejos olivos,
con dos trenzas de noche
de estío,
para que yo desgarre
sus muslos limpios».

En 1920, este amigo común y Federico, trasnochaban juntos, pero mi asombro viene, no al descubrir la cantidad innumerable de amigos comunes atesorados por Satanás, sino los versos que susurró a Federico; palabras sobre él, Satanás, y la misteriosa Margarita, una beldad morena de trenzas de noche.
¿El diablo y Margarita? El asombro, revisitando mis propias incursiones lectoras con nuestro amigo común, me condujo hasta la lejana Rusia, país de almas escépticas en la galería diurna pero de poderosas inclinaciones teológicas en la onírica pasarela nocturna, el viaje concluyó en un autor maldito, maldito por ser demasiado brillante y, maldito, por ser demasiado ingenuo, me refiero a...
Mijaíl Bulgákov. El escritor ruso comenzó, en 1928, la escritura de una grandiosa obra de la literatura, El maestro y Margarita, el libro, auspiciado sin duda alguna por los susurros incesantes de Satanás, su mejor lector, incluye a nuestro amigo común como personaje de la trama, quien se presenta en Moscú donde realiza un sinfín de fechorías y, en ese camino de perversión, trastoca la vida a un grupo de personas.
¿De dónde sale mi asombro? ¿A dónde nos conduce esta cháchara? Señalo algunas pistas que se remueven inquietas en mi cabeza.

Federico García Lorca
Prólogo.
Poesía.
Margarita y Satanás.
¡España!
Mijaíl Bulgákov
El profesor y Margarita.
Narrativa.
Margarita y Satanás.
¡Rusia!

Y, tal novela de misterio, nuestro amigo común, el soterrado Satanás rey de todos los infiernos, se nos descubre como el nexo común entre ambos textos además de la bella dama.
¿Casualidad? Mi asombro no sería tal, una simple coincidencia metafórica y de personajes, después de todo la flor de la margarita puede simbolizar la virginidad, la pureza, denostando a la celebérrima rosa, ya demasiado gastada por muchos versos y, en consecuencia, ambos genios, Federico García y Mijaíl Bulgákov, usaron la margarita en detrimento de la otra, pero no, mi desconcierto aumenta, pues no nace de la etimología poética de la evocada Margarita, es su descripción física, ¡morena y con trenzas de noche!, es esa descripción la que sacude con fuerza algunos recuerdos en mi frágil y escurridiza memoria, recuperar sin éxito aquello que se le escapa a uno. Acudo, en mi intento de salvación, al otro demonio, San Google, él me dirá lo que busco.

Cita de El maestro y Margarita (Mijaíl Bulgákov):
«Era inteligente y hermosa y aún añadiríamos algo más [...] Margarita Nikoláyevna era una mujer de treinta años
[...] La Margarita de treinta años veía reflejada en el espejo a una mujer morena, de unos veinte años, con el pelo ondulado.
[...] A la luz de la luna su cabello era blanco, formando en la nuca una trenza que flotaba en el aire».

¿¡Margarita morena con trenzas de noche a la luz de la luna!?
Demasiada casualidad para tan poco lector. Si existe alguien, con mayor entendimiento, alguien que pueda esclarecer luz sobre el asunto, bienvenido será a este lugar.
Amigo común, ¿dejarás, en algún momento, de susurrarnos tus excentricidades al oído? ¿Dejarás de reírte de tus esclavos? ¿De plagiar y repetir la misma tonadilla en unos y otros?
Aunque seguiré pensando que los caminos de Satanás son inescrutables, ciertamente Satanás, debemos rendirte homenaje por unir a sendos artistas en estos ecos de metaficción.
Debo advertir (el yo escritor) que quizá resida una mentirosa palabrería en todas estas afirmaciones, o tal vez sean mentirijillas fruto de los susurros de nuestro amigo común.
Lo sé todo. (susurra...)
La anterior frase, atribuida con entereza al señor Satanás rey de todos los infiernos, cae en mis oídos igual que se desliza, después de leerla, en vuestros ojos. Del resto de temas, casualidades, plagios, mezquindades y lecturas prohibidas... mejor las dicte el diablo en otro momento.

93% imaginación
7% realidad
Pero es ese 7%
lo que realmente importa



Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


2 comentarios :

  1. Margarita morena con trenzas de noche a la luz de la luna. Me encanta. Es como el título de una obra de teatro ¿Arniches? de los años 20.
    Saludos!
    Borgo.

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