Un tranquilo lugar de aquiescencia

domingo, 7 de abril de 2019

La última noche de Maurice Joly

«...basta con que el mal príncipe desaparezca para que, por fuerza, la honestidad renazca en la práctica del gobierno...»



Miniprólogo:
Con tristeza es recordado Maurice Joly, escritor satírico y abogado francés, su obra de ficción más importante, «Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu», fue plagiada en el panfleto «Los Protocolos de los sabios de Sion», libro antisemita orquestado por el editor ultraderechista Pavel Krushevan y ensalzado por la Ojranka, policía secreta zarista rusa; se atribuye a Matvei Golovinski ser el plagiador que, Mutatis mutandis, escriblagió los protocolos, aunque existen controversias, como lo es casi todo en este rocambolesco circo de plagiadores y plagiados, pues, según se supo más tarde, el plagiado Maurice Joly, quedaba en evidencia al comprobarse que parte de su Diálogo lo tomó prestado de otra obra, «Los misterios de las personas» de Eugène Sue. ¡Leer para creer!

Minidrama Acto I:
Vladimir había sido el nombre ruso más impuesto a los recién nacidos, y con él se invocaba a la antigua mano derecha de la Ojrana, la policía rusa, que algunos por burla la pronunciaban como la Ojranka. Sería incauto, pensar por nuestra parte, que un agente secreto bien experimentado, se hiciera llamar por su nombre verdadero. Así que, ante la ignorancia de su verdadero nombre, solo podríamos llamar a Vladimir por este nombre, quien, vestido con una chaqueta negra y olisqueando el petricor acaecido por la torrencial lluvia en quai Voltaire número 5, oía, agazapado en el umbral de una puerta de entrada, cada gota que repiqueteaba contra los cristales de las ventanas, como los solistas de miles de bandas musicales. Tic-toc-Tac, Tic-toc-Tac, la melodía propia de las gotas suicidas que fenecían en las cristaleras de un edificio de París. Maurice, el abogado, el escritor, el hombre, sentado en la única silla del diminuto comedor, apuraba una pequeña copa, a su lado, el vino en la botella, con apenas dos dedos de líquido turbio, se zarandeaba de un lado para otro. Maurice ojeaba con tristeza las páginas de un libro del autor Eugène Sue. Vladimir, mientras, en el portalón del edificio, metros más abajo, revisaba su reloj de pulsera, las manecillas se aproximaban con lenta temeridad a la medianoche —ellas sabrían el porqué—, para disimular, la antigua mano derecha de la Ojranka, extendía delante del rostro un periódico francés, del cual no entendía ni una palabra. ¡Leer para creer!

Minidrama Acto II:
¿Qué contestáis al argumento, mi estimado Montesquieu, es mejor ganar la confianza de la gente o es mejor confiar en la fuerza? Ciertamente, Maquiavelo, harto estoy de escuchar sin parar la misma pregunta, ya quedasteis satisfecho de mi respuesta en nuestra conversación en el infierno. ¡Así es, eminencia, pero es que yo nunca me canso de escuchar vuestros razonamientos! Maquiavelo, ¿por quién me tomáis? ¿Acaso me comparáis con esa vil serpiente del servicio de policía ruso? Eminencia, por favor, jamás osaría compararos con ese tal Vladimir. Más os valdría, Maquiavelo, pues os hacía más listo. ¡Leer para creer!

Minidrama Acto III:
En aquel periódico quedaba poco espacio para la imaginación y aún mucho menos para la improvisación, a menos que esta viniera impartida por la voz cantante del director de orquesta nombrado en dicha sede, llámese en la jerga periodística, editor jefe:
—Debe empezar así...
El joven periodista transcribía, en la máquina de escribir, efectuando obedientes asentimientos de cabeza, las palabras de su amado jefe. No todos los periodistas noveles forman parte de la generalización siguiente, pero la mayoría aman con candor inusitado a sus superiores, a quienes reverencian tal que a seres del panteón olímpico.
—14 de julio de 1878. Se encuentra el cadáver de Maurice Joly. Escritor alcohólico y abandonado a la mala vida. La posible causa del fallecimiento es, con toda seguridad, el suicidio, debido...
El escribiente transcribidor levantó los dedos del artefacto con teclas y abecedario blanco grabado en cada una de ellas, giró el rostro y apuntó la mirada al editor jefe, la mano comenzó a levantarse, trémula, con el dedo índice apuntando hacia el cielo, casi excusándose de poseer ideas propias, de querer preguntar algo, pero el editor jefe, viejo tigre en aquellos lances interrumpió con educada brusquedad al subalterno, pues no soportaba la más mínima interrupción mientras dictaba, y ni un sonido surgió de la boca del de más abajo:
—¿No estaréis a favor de esa habladuría acerca del asesinato? No seáis crédulo, mi buen Stéphane, peligrosos ecos masónicos. ¡Ea, pues, continuemos! ¿Por dónde iba que ya ni me acuerdo? Déjeme revisar la última línea...
¡Leer para creer!

Epílogo:
¿Falsedad, mentira o tergiversación? ¿Biografía, metaficción o narrativa? Tres vértices de un mismo triángulo. ¿Quedaría demostrada la última gran mentira de los protocolos inspirada por Maurice Joly, aquella que clama un gobierno mundial invisible? Entonces sería, ¿asesinato, ficción o mentira?
Después de todo, quizá sí existiera un gobierno mundial invisible, el gobierno mundial de la estupidez, pues la verdad más universal recaería sobre los hombros de la estupidez humana.

Y si no... ¡Leer para creer!


Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


2 comentarios :

  1. Leer para creer! perfectas palabras para describir tu blog, saludosbuhos.

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  2. nuestros sobrevuelos nos llevaron al sombrero...fantástico!! felicitaciones.

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