Un tranquilo lugar de aquiescencia

domingo, 24 de mayo de 2020

Contigüüüm. Capítulo V. Decimonoveno


«Un libro es un espejo que pasea por una gran avenida»

Esposa, ¿recuerdas dónde viste por última vez a Nils?

Al escuchar la chanza enarcó las cejas y le respondió:

—¡que graciosito! ¿qué es todo esto? ¿por qué no se asustan al vernos? ¿acaso nos encuentran normales?

Por toda respuesta Utla levantó la mano y señaló al escaparate de la sastrería, de tanto caminar se encontraban enfrente del establecimiento. En su interior se exhibía un variado muestrario de ropajes: faldas, pamelas, mantillas, botines, vestidos con rayas, otros de estilo marinero, sombreritos de paja, algunas cintas de diversos colores y un paraguas abierto en una esquina. Un espejo de pie, alargado y abombado en la punta, encarado hacia la calle, les devolvía su reflejo: un hombre alto, con bombín, chaqueta marrón y bastón, al lado de una mujer más menuda que él, con una falda larga y una blusa blanca estampada con flores.
Alzó la mano izquierda y la mujer del reflejo reprodujo el mismo gesto, sacó la lengua y la dama del espejo copió al acto la misma acción. No podía ser.

—¿somos nosotros?
—Sí, así deben vernos aquí.

Se entretuvo gozosa observando la sinuosa forma que le hacía el vestido a lo largo de ese otro cuerpo que se suponía era ella, observando las diferencias en el vestir, observando los replicantes gestos en la otra: una mujer más bajita, que, a pesar de la diferencia de altura, sí conservaba su misma palidez en la piel; no solo en la dermis había diferencias, la otra tenía el pelo oscuro, largo y recogido en un moño; vestía una blusa, en la que ya se había fijado en un principio, que, además de las flores estampadas en un color apagado, se coronaba con volantes en los hombros; la separación entre blusa y falda se escondía tras un fajín negro ceñido a la cintura que le remarcaba las caderas, un efecto precioso que debía reconocer…

—¿Vamos a por Nils? ¿Dónde estaba?

Ufff, que fastidioso el hombrecillo, por una vez que disfrutaba.

—no sé, parecía una taberna.
—Busquémosla.


Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


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