- Cariño, te tengo que dejar.
La que habla es la esposa del Señor Bermúdez. Es una fría mañana de invierno. En la cara del Señor Bermúdez no trasciende ningún sentimiento. Ni pena, ni rabia, ni alegría. Su esposa sigue hablando monótonamente mientras sus ojos la miran fijamente.
- Aunque te aprecio mucho, mis sentimientos han cambiado, ahora necesito distanciarme. Se que será duro para ambos, pero aprecio y valoro tu amistad. Necesito que comprendas que aprecio tu amistad. Estos catorce años han sido maravillosos pero ahora ha llegado el momento del cambio. Necesito estar sola para que mi mente encuentre su ying espiritual...
La soledad de su esposa seguirá incluyendo posiblemente esas escapadas solitarias de fin de semana a la casa de la montaña, y es posible que ahora ya no tenga que colgar las llamadas del móvil cuando el llega de improviso a casa. Y es también probable que dentro de esa soledad siga oliendo a Barón Dandy barato.
- Lo comprendo.
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- Señor Bermúdez lo sentimos mucho pero debemos prescindir de sus servicios.
Prescindir de sus servicios es el eufemismo empresarial por excelencia. Al Señor Bermúdez le encantan los eufemismos, durante una época en su juventud se encargó de recopilar frases. Las anotaba en una libreta. De vez en cuando revisa las frases escritas. En ella hay más de un centenar de eufemismos anotados.
- Comprenda la situación complicada que estamos viviendo en esta casa. Agradecemos enormemente su labor de estos veinte años en el departamento administrativo, sin embargo las circunstancias nos obligan a prescindir de unos cuantos activos valiosos para la empresa. Créame que lo sentimos muchísimo...
La situación complicada se llama Ana Alonso Guzmán, mide un metro setenta, rubia explosiva y noventa-sesenta-noventa. Una situación complicada que llega a la empresa debe substituir a otra situación no complicada que hubiera antes. Todo es complicado. Las empresas son complicadas. El Señor Bermúdez atiende atentamente a las que son las últimas palabras de su jefe.
- Lo comprendo.
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El Señor Bermúdez esta en paro. Pero pronto se le acabará. Durante toda su vida ha trabajado y ha llegado a casa donde le esperaba su esposa. Ahora no tiene trabajo. Tampoco esposa. Hace tiempo que no tiene amigos. Llega cansado a su domicilio provisional, cansado de no hacer nada. De pasear por barrios de su ciudad que ya conoce de memoria. Es un piso de alquiler, pequeño, de menos de cincuenta metros cuadrados. Para luchar contra la inactividad comienza a escribir asiduamente cartas de queja y reflexión al periódico de más tirada nacional. Su fervor dialéctico aumenta a la par que su actividad física disminuye.
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- Usted ha rebasado las cuotas de integridad máximas que se esperan en un ciudadano de Tiranolandia Señor Bermúdez. Falsedad testimonial e histórica, incitación a la violencia, terrorismo oral, propagación de ideas perversas... Es poco castigo la pena capital para alguien como usted...
El que habla es un magistrado de la audiencia provincial. Las cartas al periódico han molestado a una pequeña casta de ricos, empresarios y famosos. Un alguien ha llamado a otro alguien más poderoso que a su vez ha escrito a una figura de poder.... En Tiranolandia no se acepta el libre pensar ni la autocrítica. Aun mucho menos que los autores de escritos a periódicos firmen con la firma "El ejercito del fénix" e inciten a una juventud (ya violenta por si sola) al frenesí destructivo de la queja máxima y la rebeldía. Solo hay un ejercito y es el ejercito de Tiranolandia. Cualquier otra alusión a dicha palabra es considerado un acto de terrorismo. Y es en este particular en Tiranolandia donde eso se castiga con la muerte.
- El castigo es la pena capital. ¿ Ha comprendido el acusado el castigo impuesto por orden de este tribunal bajo el precepto 34-B-786/Q de la ley Penal Antiterrorista ?
- Lo comprendo.
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No hay nada más efectivo y barato que un buen pelotón de fusilamiento. Las balas son baratas y sobran en Tiranolandia. Diez hombres. La mitad con balas falsas y la otra mitad con balas auténticas. De esta manera los verdugos no sienten tantos remordimientos, ya que desconocen si realmente su bala será la que ha matado al condenado. El Señor Bermúdez es trasladado hacía el poste. Ese poste recio que aguarda solitario en un patio lleno de fina arena. Un pequeño ciprés al fondo en una esquina. Custodio inevitable de los últimos pesares de personas como el Señor Bermúdez.
- Caaaarguen....
Es la voz del teniente de ejecuciones. Mirada achaparrada. Sombrero de trinquete de medio lado colgando a un lado. Los diez tiradores están alineados en una perfecta línea simétrica. Delante de ellos un solo hombre. El Señor Bermúdez atado a un poste de madera rancia.
- Apuuuunteeeeeen....
De repente una idea surca rápidamente por la mente del Señor Bermúdez. No esta amordazado. Solo atado y vendado. Puede llegar a formular una pregunta si quiere, su boca esta libre. Y después de muchos años su mente también...
- Esperen un momento, no comprendo porqué...
- ¡¡ FUEGO !!
El estrépito de las balas atenúan el clamor de las últimas palabras que surgen de la boca del Señor Bermúdez.
¿ Lo comprendéis ahora ?
Intentad explicarlo. Sobretodo al alma del Señor Bermúdez que se aleja veloz de su cuerpo.
Intentadlo por que yo no podré hacerlo.
Porqué yo no he sido capaz... de comprender... nada.
Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia