Un tranquilo lugar de aquiescencia

lunes, 1 de febrero de 2016

Mi corazón late con 9 horas de retraso


Mi corazón disfuncional late a un ritmo extraño, muy distinto a como latía hace cuatro meses. Es por ese motivo que me acerco a la consulta del Doctor Magdaleno.

En el encabezado del informe médico leo las palabras del doctor:
«Corazón con latido desfasado nueve horas».

La ciencia médica asegura mi vago presentimiento. En mi casa, sentado en el sillón azul, miro entristecido la foto de la academia de Brighton. En la foto dos personas: yo, cuando el corazón aún me latía con regularidad, y al lado de mí rodeándome la cintura, ella.

Recuerdo exactamente cuando fue: Mi corazón empezó a descompasarse exactamente el seis de julio de 2015 a las 19:30 de la tarde.

Ese día, a las 19:30 de la tarde, un avión despegó del aeropuerto de Brighton con puntualidad británica. Justo a las 19:35 mi corazón comenzó a desfasarse.

A medida que el vuelo ascendía aumentaban los descompases en mi corazón.

Continúo leyendo el informe sentado en el sofá de mi casa:
«Corazón en sincronía con hora local de San Diego, EUA»

Las baterías de pruebas médicas aseveran mi asincronía desde el 17 de julio.
Lo sé, pues fue en aquel día que la hora local quedó instalada en mi corazón a causa del despegue de un avión, mi corazón ya no está anclado a mi ciudad, ni siquiera a mi país.

El informe médico acaba en una fea ambigüedad profesional fruto de la impotencia ante el desconocimiento:
«Caso sintomático de estrés. Trate de serenarse»

Mi corazón se debilita a un ritmo alarmante por este esfuerzo sobre humano, yo no noto la fatiga, pero él sí.

Sucede, no obstante, que cuando acaricio nuestra foto en Brighton, mi corazón gana una hora de sincronía.

Si bebo de la taza blanca de té, tierno regalo en aquella visita al Mark & Spencer de Londres, gano dos horas más.

Si conservo el ticket de tren entre mis manos, aquel que nos llevó por última vez juntos a la despedida del aeropuerto, gano otra hora más.

Eso es. Claro está. ¿Lo habéis comprendido? Yo también. Cada objeto en unión con su recuerdo me permite ganar latidos de sincronía.

Pero este efecto no durará mucho. Los objetos pierden fuerza con el paso del tiempo, necesitan ser recargados, y ella se encuentra muy lejos, a 9700 kilómetros.

Me pongo en contacto con ella. Pensará en la estupidez de mis argumentos. En como estos viejos europeos cargados de santerías y supersticiones se preocupan por cosas estúpidas. Pero algo más importante que mi vida, mi corazón, corre peligro. Espero que ella nos brinde su cálida ayuda.

Me responde. ¡Que sorpresa! A ella le sucede lo mismo. Pero no fue al médico.
Ella lo sabía, su innato instinto femenino la avisó.

Imaginó... hasta el punto... que la asincronía... y yo... estábamos ligados.

Pido prestado. Vendo multitud de objetos inútiles. El dinero es cruel sólo para el que no lo tiene. Reservo de inmediato vuelo a través de internet.

Agarro todos sus recuerdos, sus regalos, aquellos objetos impregnados de su energía. Le aconsejo haga lo mismo. Ganaremos tiempo.

Pero, ¿Llegaré a tiempo?

El vuelo se retrasa. Diecisiete horas tarda el avión en cruzar el gran charco atlántico, 9700 kilómetros de agua salada me abruman.

Y los objetos pierden fuerza. El vuelo aterriza. Al fin. Corro desesperado por la plataforma. ¿Por qué son tan extensos los aeropuertos internacionales? Más de un corazón ha debido quedarse en estos pasillos interminables.

Salgo de la terminal. Allí está ella, con sus gafitas, su piel morena, su pelo largo, y sus ojos «volados» de cariño. Mi corazón, e intuyo el suyo también, dan un fuerte traspiés para acompasarse.

Nos abrazamos. Beso su frente. Caen lágrimas de sus ojos.

Pero es demasiado tarde.

Los corazones han quedado descompasados para siempre.

Entonces descubro el lado alegre de la maldición del corazón descompasado: mientras estén juntos, los corazones pueden sobrevivir.

Hasta el final de nuestros días, eternamente descompasados, pero juntos.

«Solo existe el amor»


Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia

3 comentarios :

  1. Ains,
    Qué historia tan bonita aunque algo triste. Me he sentido un pelín identificiada.

    Saludos!

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  2. Buenísimo este relato!!! Arritmia de corazón o jetlag cardíaco... lo complicado es que los corazones suelen ir sincopados y/o descompasados. Uno recuerda un momento especial con la persona amada. ¿Ella o él están pensando lo mismo en ese momento? No. Corazón descompasado.
    Saludos!
    Borgo.

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  3. Impecable manera de describir las relaciones amorosas. Algo así vivo yo en estos momentos.
    Un abrazo, Utla.

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