Un tranquilo lugar de aquiescencia

miércoles, 9 de marzo de 2016

Bea & Malina. Investigadoras del paranormal. Episodio 2.



Localización: Barrio de Piedrálvez. Planta número 2, del edifico Jopi, Avenida Distinguida, numero 33.

Una señora muy bien vestida, con un abrigo de pieles, falda de Luis Plutón y fulard a juego de topos blancos, les abre la puerta de la casa.

—Soy la señora Millonetis. Pasen, pasen —insiste visiblemente asustada—. Por favor, ayúdenme, Bea y Malina, son mi último recurso. Deben salvarme de «el que dirán» ¿Saben lo que sucederá si mis vecinas se enteran? «El que diran», el maligno, se ha instalado en esta casa, no lo podré soportar.

—Descanse señora Millonetis. Bea y Malina ya están aquí —Bea avanza decidida mientras Malina ayuda a sentar en un sofá a la compungida señora Millonetis— ¡Oh, es terrible! —exclama Bea—. Jamás imaginé un horror tan grande en todos mis años como investigadora del paranormal.

—¿Puedo tomar otra barrita de chocolate? —responde Malina con aire despreocupado entrando en la sala con Bea.

—Pero, ¿Cómo se te ocurre comer algo ahora? No te das cuenta del horror. Mira, míralo bien, ha habido un asesinato.

Malina se encoge de hombros. La habitación es amplia, adornada con sendas estatuas en bronce que representan dos ciervos, unas cortinas blancas de encaje bajan desde el techo, sobre la chimenea un cuadro de una escena de caza, en el suelo una piel de tigre a modo de alfombra. Al fondo, «el horror», una pared completamente pintada en negro a topos lilas.

—Han asesinado —respira Bea entrecortadamente— al buen gusto. Lo han matado con alevosía. ¿Qué depravado ser podría haber pintado una pared de negro en una habitación victoriana a topos lilas?

Malina se vuelve a encoger de hombros mientras piensa: «A mí me gusta el negro». Bea desenfunda su blanca cámara Réflex y comienza a sacar fotos a la escena del crimen para archivarlas en el dossier. Malina no puede evitar girarse y devorar ávidamente su última barrita de chocolate.

—Rápido, Malina. Llama a la brigada anti Hortera.

—Pero —Malina duda— son un poco...excesivos. La última vez...

—No hay tiempo querida amiga. Esto es demasiado grande para nosotras. ¿Acaso no lo notas? Ya está empezando, «el que diran» se está extendiendo, en una hora serán los vecinos, en dos horas todo el barrio, quizás mañana «el que dirán» ya habrá salido de la ciudad. Llámalos, ahora.

Malina se encoge de hombros, y como siempre, obedece resignada las ordenes de Bea.



Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia

1 comentario :

  1. Ja, ja, ja, sí que me sorprendió semejante crimen. Veremos que hace la brigada ante supuesta vulgaridad.
    Saludos.

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