Un tranquilo lugar de aquiescencia

domingo, 25 de diciembre de 2016

Minicuento de Navidad (Feliz Navidad, Señor Scrooge)



«El dolor de la separación
no es nada comparado
con la alegría de
reunirse de nuevo»
Charles Dickens






—Ebe... —Tim susurra con cariño el apodo de su abuelo adoptivo.
No molestes al señor Scrooge —Bob, su padre, se lleva el índice a los labios—. Necesita descansar.
—Ven aquí —acaricia Martha, su mama, las palabras, intentando que el jovencito no atosigue al anciano.
—Estoy bien, familia —Sonríe el viejo Scrooge quien levanta los párpados—. Dejad al pequeño a mi lado.
—Ya no soy tan pequeño, abuelo.
—Cierto es, Tim. Ya eres todo un jovencito encantador.


Martha sonríe con tristeza en dirección a la cama, dentro de ella, Scrooge arropado por pesadas sábanas, se reconforta en su calidez. Un grueso camisón le viste el cuerpo. A pesar de ello, el frío lo atenaza y un pequeño escalofrío le recorre visiblemente. El reverendo, el señor Halppier, se santigua y murmulla un pasaje de la Biblia.


—¿Habéis repartido la comida en el asilo? —pregunta Scrooge con una gran sonrisa en la boca.
—Sí, Mr. Scrooge —responde Fred, quién justo en ese momento entra en la habitación.
—¿Estás aquí, sobrino?
—Recién acabo de llegar del asilo de niños. ¿Puede verme, tío?
—Un poco, querido, veo borroso. Lo lamento mucho. En el día de Navidad deberíais estar festejando y no cuidando de este viejo.
—No digas tonterías, has sido un buen hombre. Los niños del asilo te mandan besos y abrazos. Y aquí todos te queremos.
—Sí. Te queremos —proclama un revoltijo cariñoso de las voces de sus seres queridos.


Pero Scrooge ya no los escucha. Únicamente observa, colgadas en su cuarto vacío, las pinturas de rostros conocidos: un bello retrato de su antiguo amor, Belle; la vieja y leal señora Dilber, su socio Jacob Marley, su antiguo patrón el buen señor Fezziwig...
Entonces, a los pies de la cama, aparecen dos fantasmas: el fantasma de la navidad pasada y el fantasma de la navidad presente.


—Hola, queridos. ¡Cuánto tiempo! ¿Qué hacéis aquí?
—Vas a venir con nosotros —responde el fantasma de la navidad pasada—. Ya es tiempo.
—¿No está el fantasma de la navidad futura?
—No vendrá más —se disculpa el fantasma de la navidad presente.
—Pero te hemos traído a ella —aclara el fantasma de la navidad pasada.
—¿Ella? ¿Quién es ella? —Scrooge duda. No ve a nadie más, a excepción de los dos fantasmas.
Entonces, a los pies de la cama, una forma desdibujada, comienza a adquirir forma. Una mujer de facciones muy hermosas le observa.
—¿Belle? ¿Eres tú, querida? ¿Te casaste? Espero que fueras muy feliz —Una lágrima rueda por el rostro del anciano.
—Sí, me casé, y fui muy feliz. —Sonríe, y esa sonrisa con miles de brillos de estrellas se la contagia a Scrooge que la observa embelesado—. ¿Quieres venir conmigo, Ebe?
—¿A dónde me llevas, querida?
—A un lugar donde solo existe el amor.


Belle extiende su mano a Scrooge, este la toma entre las suyas. Ya no tiene frío. Los fantasmas canturrean una alegre canción. Los fantasmas, Belle y Scrooge desaparecen envueltos en un brillo, tan blanco, como la nieve que cae en este día de Navidad...




Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


2 comentarios :

  1. Hermosa secuela de tan reconocida obra, UTLA. Muy tierna.
    Saludos.

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  2. Nunca había imaginado el final de Scrooge, pero sí, supongo que hubiera sido algo así. Muy emotivo.

    feliz 2017 :)

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