Un tranquilo lugar de aquiescencia

domingo, 23 de julio de 2017

Cuadrilla Orca


«Hablar de la mar, y en ella no entrar. La mar para los peces y ... para los ingleses»


        Habíase un lugar, cercano a la costa, entre Isla tiburón y Punta Chueca...

        —Capitán, los guardacostas nos hacen luces, dicen que nos detengamos.
        —¿Habéis guardado la mercancía?
        —Sí, capitán. Está anclada. Debajo de la quilla. A menos que vengan con buzos, no la descubrirán.
        —Recibámosles con todos los honores.
        El capitán esgrime una gran sonrisa burlesca, sus hombres la copian y la convierten en estúpidas risas contagiosas.


        Son tres. Enormes. Bucean por debajo de las dos embarcaciones. El más grande le guiña un ojo al jefe. Este le responde con un gesto de espera. «No deben apresurarse. Una quilla pertenece a una embarcación guardacostas. Esperarán hasta que se vaya, y entonces... actuarán. Estas son sus aguas y la embarcación no ha pagado el impuesto. Es momento de cobrar. No en vano les llaman la cuadrilla Orca».
        Las burbujas que suben a la superficie podría ser una pista delatora, pero en un mar tan embravecido nadie se percata de ellas.


        —El registro de navegación es correcto y solo transportan una tonelada de atún. Están limpios.
        El teniente observa con detenimiento a los marinos alojados en cubierta. Sonríen con alegría. No se fía de la falsa amabilidad, la gente de mar por lo general es tosca, en cambio estos... ¡Bah! No puede hacer más. Sus hombres no han encontrado nada, tendrá que dejarles hacer ruta.
        —Pueden continuar. Gracias por su colaboración.
../..
        El buque patrullero se aleja por encima de las olas y se pierde detrás de las rocas de la ensenada. Los rufianes ríen en un estallido de alegría.
        —Muchachos, esta noche corro diez rondas completas en el Pulpo Negro.
        Más alegrías, más risas, que durarán poco...


        El jefe realiza un gesto. Un simple guiño del ojo de Willy sirve para que Ulises y Old Tom actúen. Estos comienzan a perforar la quilla del barco. Un tremendo impacto sacude toda la embarcación. La sonrisa de los hombres en cubierta se desvanece rápida.
        —¿Qué demonios...? —Es la única expresión que surge de la boca del capitán.
        La cuadrilla Orca no deja que los hombres siquiera reaccionen. Los golpetazos desestabilizan el equilibrio en cubierta. El boquete ha dañado la embarcación, no lo suficiente para hundirla, pero si para el objetivo que se pretendía con el ataque. La carga de atún se desparrama por el hueco en dirección al fondo de la bahía. Willy, Ulises y Old Tom se dan un atracón con el millar de atunes que se desparraman. Sus enormes colmillos devoran la enorme masa de pescados que surge a raudales.
        «La próxima vez que quieran atravesar nuestras aguas, pagarán».


        Minutos de bamboleo, de fuertes sacudidas, los marinos tirados en cubierta, imposibles de sostenerse en pie ante las sacudidas. El ataque desaparece tan rápido como empezó.
        —¿Estáis todos bien?
        —Capitán. —Es Jimmy que surge de la bodega—. Han perforado la quilla. Hay un boquete inmenso... La mayoría del atún... lo hemos perdido.
        —¿Para cuánto tenemos a flote?
        —Una hora... como mucho.
        —¿Y la mercancía?
        Jimmy niega con la cabeza.
        —Los golpes... rompieron los anclajes... la hemos perdido.
        El capitán maldice, escupe, y golpea con el puño cerrado en la barandilla, mientras, sus ojos resiguen un rastro de espuma blanca en la superficie del mar. Ve a tres enormes orcas alejarse mar adentro. Su piel blanca y negra refleja los destellos de los últimos rayos del sol.
        —¡Malditas, solo querían el pescado!




Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


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