Un tranquilo lugar de aquiescencia

martes, 13 de agosto de 2019

Cuatro mentiras, una verdad (1 de 2)

«En Julio de 1917, dos primas, Elsie Wright y Frances Griffith, originarias de Cottingley (Inglaterra), tomaron una serie de cinco fotografías. Las imágenes muestran a las dos jugando con unas hadas. Elsie contaba con 16 años y Frances 10. De adultas, en 1981, las dos mujeres admitieron haber falsificado todas las fotografías excepto una, pero insistieron en que realmente habían visto a las hadas».


Frances. 9 de noviembre de 1918.
«Querida Joe, espero que estés bien. Te escribí otra carta, pero seguramente se extravió. ¿Juegas con Elsie y Nora Biddles? Ahora estoy aprendiendo francés, geometría, cocina y álgebra en la escuela. Papá volvió de Francia la semana pasada después de estar allí diez meses, y todos pensamos que la guerra se acabará en unos pocos días. Colgaremos nuestras banderas en nuestra habitación. Te envío dos fotos, ambas mías, una en la que estoy en bañador en el arroyo de nuestro patio trasero, que tomó el Tío Arthur, mientras que la otra soy yo con varias hadas en el arroyo, que tomó Elsie. ¿Cómo están Teddy y Dolly? Elsie y yo nos hemos hecho muy amigas de las hadas del arroyo.
P.D.: Es curioso que nunca las vi en África. Debe hacer demasiado calor allí para ellas».

Frances. 23 de agosto de 1919.
«Querida Joe, muchas gracias por enviarme las fotografías con Teddy, Dolly, Nora y Elsie de vuestro paseo por la montaña, son muy bonitas. A la protea seca que me enviaste entre los pliegues de las páginas se le cayeron todas las hojas menos una, supongo que la marchita flor no aguantó bien el viaje. La he guardado en el libro de francés para recordarte. La tía Polly fue a una reunión de esas en las que hablan de fantasmas y espíritus, pero en esa ocasión hablaron de hadas, y ¿no te imaginas lo que hizo tía Polly? Les enseñó las fotos de las hadas en las que salíamos Elsie y yo. Parece que a los mayores les gusta mucho, e incluso, quizá nos pidan más fotos. Elsie está un poco asustada, dice que deberíamos parar, que no está bien ni para las hadas, ni para los mayores, ni para nosotras, pero si tanto desean fotografías de ellas, ¿por qué no las podemos hacer? Espero que no haga mucho frío por Sudáfrica, aquí, por el contrario, tenemos bastante calor».

Frances. 24 de julio de 1920
«Querida, Joe. Ahora vivo en Scarborough, pero este verano me volveré a encontrar con tía Polly, tío Arthur y Elsie, en Cottingley. Me han invitado porque el señor Gardner, del club de tía Polly, tenía muchas ganas de conocernos, a nosotras, y a nuestras amigas las hadas. Tenía muchas preguntas y me envió una misiva, incluso más larga que las tuyas y las mías, preguntándome acerca de nuestras amigas. Le contesté hace dos semanas, porque a Elsie y a mí nos encantan las hadas, y somos amigas de ellas desde hace tiempo. Al principio se mostraban un poco tímidas y, aunque al principio se dejaron fotografiar, también había un gnomo con ellas que les desaconsejaba las fotografías. Ese pequeño gnomo no es un ser maligno, como suele afirmar la creencia popular, pero es un poco huraño y nos advierte que por nuestra seguridad y la de ellas, no deberíamos tomar fotografías. Asegura que los adultos volverán todo del revés, incluso que nos volverán a Elsie y a mí, la una contra la otra. Creo que exagera un poco, después de todo es un poco cascarrabias y no es tan amable como las hadas. Queridísima Joe, han pasado tantas cosas en este tiempo, ojalá estuvieras aquí. El señor Doyle, el escritor de Sherlock Holmes nos escribió y estuvo carteándose con tío Arthur que, casualidad, los dos se llaman igual; tía Polly dice que las casualidades no existen y que es síntoma inequívoco del destino. El señor Doyle cree en las hadas, y así lo escribe en su periódico, el Strand Magazine. Al parecer también se cartea con el señor Gardner a quien vimos en Cottingley durante unos días, quien, muy cargado, apareció con dos cámaras más modernas y grandes que la de tío Arthur, pero cuando fuimos de excursión por el arroyo y la pequeña cascada las hadas no aparecieron. El único que sí apareció, pero de manera fugaz, fue el gnomo, aunque el señor Gardner no lo vio, solo yo, y creo que Elsie tampoco, está un poco rara, parece que le moleste hablar de nuestras amigas, o quizá estaba de malhumor por culpa de la niebla; esa tarde había mucha bruma, y ya sabíamos, Elsie y yo, que a las hadas no les gusta salir con ese tiempo, pero el señor Gardner insistió tanto. El gnomo se burlaba escondido entre los helechos y la bruma. Con el dedo apunté donde se encontraba gnomo burlón y, rápidamente, el señor Gardner apuntaló la cámara fotográfica en la dirección que le señalé y cogió una fotografía, pero no creo que se viera bien, el gnomo se movía muy rápido. Es la primera vez que lo vi tan enfadado. Perdona si me he extendido mucha en esta carta. Cuéntame que tal por África, ¿iréis a la montaña con el resto de amigas? Da muchos saludos a todos por allí».


Continúa en la segunda parte (pronto)...


Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


1 comentario :

  1. hola! hola! hola! me gusta mucho hadas, gnomos, espera ahi!stop! falta un buho o una lechuza cuando menos....abrazosbuhos.

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