lunes, 9 de diciembre de 2019

«[...] Y comprendió que al final —cuando todo lo demás es polvo— la lealtad a los seres amados es lo único que podemos llevarnos a la tumba. La fe —la verdadera fe— consistía en confiar en ese amor».

OFICINA DE CONSENSO FAMILIAR. La tipología de la letra, mayúscula, enérgica, sin formas redondeadas y de un parco estilo, casi militar, anunciaba la entrada al edificio gubernamental erigido en medio de la ciudad. Un trasiego considerable de personas entraba y salía por los lados de la doble puerta, el lado izquierdo para entrar, el lado derecho para salir. Padres y madres disputando la custodia de sus hijos, ancianos reclamando el derecho a una muerte digna o casos de divorcio como el de Greta.
Justo, ella, encabezaba una de las múltiples colas, no muy extensa en personas, que esperaban de pie delante de unas puertas con número. Greta examinaba las formas cuadradas del cinco que pendía encima del marco de la puerta y, mientras ojeaba con distraída atención la cuadratura de la panza del número, bamboleaba de un lado a otro un pequeño ticket que sostenía en la mano. El papel contenía un largo código de donde solo se deducían las últimas letras, la inicial de su nombre y apellido.
Por suerte la burocracia había avanzado mucho en los últimos años; cualquier ciudadano entraba en el espacio virtual, solicitaba un día y una hora, y acto seguido se le proporcionaban un código numérico para asistir al edificio de consenso familiar, la lentitud burocrática era cosa del pasado; a pesar del adelanto ello no le impedía martillear ansiosa con el tacón el suelo de forma rítmica, como si fuera el pedal de una batería de un grupo de rock.
«OCF-III-5-201912081006-GG» una imagen flotante delante de su cola, unida a una locución automática de una cálida voz de mujer, anunció su referencia y, por lo tanto, su turno de visita. Avanzó hasta una puerta blanca que se abrió automática al detectar su cuerpo, dentro del cubículo se encontró el típico despacho burocrático: aséptico de adornos, impolutas paredes blancas y una única mesa de tablero traslúcido. Detrás del ínfimo escritorio un funcionario robótico, un modelo de piel sintética que recreaba a la perfección gestos, voz y movimientos humanos, la miraba parapetado detrás de la mesa y una sofisticada pantalla flotante delante del rostro.
—Siéntate, ciudadana —El funcionario le señaló la silla enfrente de la mesa y Greta tomó asiento—. Veo que has solicitado un divorcio.
—Sí.
El funcionario tecleó en la superficie de la mesa, la yema de cada dedo golpeaba la superficie de un teclado dibujado con un imperceptible haz laser que surgía a apenas escasos milímetros debajo del hule sintético, tap tap tap, el tecleo frenético y silencioso del robot le llevó hasta el dossier de Greta.
—Y este es tu cuarto divorcio.
Ella asintió.
—¿Has traído los requisitos de conformidad de las anteriores parejas?
Tragó saliva antes de acudir a su bolso y extraer dos papeles rosa que extendió sobre la mesa en dirección al funcionario, este arqueó una ceja, estiró una de las manos y acercó para sí ambos papeles. Con el mentón erguido y la cabeza levemente ladeada ojeó los datos de los rosáceos papeles administrativos.
—¿Solo dos?
—Mi primer marido está en coma en el hospital y el segundo se niega a darme una aprobación satisfactoria.
—Comprendo...
De nuevo el funcionario se lanzó a una misteriosa búsqueda, tan silenciosa como la primera sobre el hule virtual que conformaba el teclado virtual. La parte posterior de la pantalla flotante no era traslúcida, por lo que Greta no podía examinar las acciones que el funcionario llevaba a cabo. Mientras el funcionario tecleaba, ella no se movía, observaba con mirada felina el tamboril movimiento de las falanges del robot sentado enfrente de ella. La pantalla flotante lanzó un breve flash, como si el funcionario hubiera accedido a otra sección y, de nuevo, la oscuridad se adueñó de la pantalla.
—La normativa acerca del divorcio te obliga a traer, al menos, dos terceras partes de acuerdos de exparejas para continuar con el proceso. Siendo esta tu cuarta solicitud de divorcio deberías tener tres confirmaciones.
—En precusatorios me dijeron que cuando son cuatro divorcios con dos requisitos de conformidad basta.
—Sí, dos es suficiente cuando son cuatro, pero sin contar a la disoluta pareja actual. Y esta conformidad —El funcionario robótico señaló con su alargado dedo índice uno de los papeles rosados encima de la mesa— es tu contrayente actual.
Greta frunció el entrecejo. Las dos papeletas sobre la mesa contenían la firma de su tercer marido y la de su pareja actual de la que se quería separar.
—Comprende que —continuó el funcionario— tu pareja actual podría tener el mismo interés intrínseco para una rápida conformidad y, aunque su firma es obligatoria, no cuenta para el número de firmas válidas para la separación.
—Pero mi exmarido en coma no cuenta, por lo que dos firmas superan el cincuenta por ciento, según la ley goodism de...
—Por favor, por favor. —El funcionario la interrumpió sin alzar la voz, apenas un leve pestañeo traspasó su pétreo rostro—. Esa ley no aplica en este caso.
—Pero tengo a un marido en coma.
—La ley goodism solo actúa en caso de que todas las disolutas parejas anteriores hayan fallecido o estén bajo inhabilitación psíquica. Circunstancia que no te aplica. Si deseas continuar con el divorcio tienes tres meses de plazo para conseguir la aprobación de tu segundo marido. —Dicho eso, el funcionario cruzó los dedos de las manos y se la quedó mirando fijamente—. ¡Si te puedo ayudar en algo más!
—¿No puedo reclamar una exención extraordinaria? En precusatorios me informaron que había casos en los que se concedía.
—No es así, ni se aplica en este caso, como ya te he dicho. Vuelve cuando consigas el requisito de conformidad firmado por tu segundo marido. ¿Si puedo ayudarte en algo más?
Greta no abrió la boca, recogió con tranquilidad sus requisitos de conformidad, se despidió silenciosa con una ligera inclinación de la cabeza y, una vez levantada y al girar sobre sí, la puerta detectó de nuevo su cuerpo y se abrió para permitirla abandonar la estancia. 



Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


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