Un tranquilo lugar de aquiescencia

domingo, 26 de julio de 2020

Contigüüüm. Capítulo VI. Vigésimo cuarto


«La maldición fortifica;
la bendición relaja
».


Al escuchar la historia de Nils se le formó en la mente un remolino de sensaciones, recuerdos, palabras, una fusión de recuerdos transmutados en palabras que se fusionaban para formar frases, e imágenes, muchas imágenes, que no eran suyas, y la mezcla se materializó en su mente, similar al momento en que escuchó su voz en el sótano y, se sorprendió a sí misma, diciendo:
—yo me sé una historia similar, ji, ji, ji.
Nils y Utla se giraron por la interrupción, el primero en actitud claramente sorprendida y el segundo más tranquilo:
—Cuéntanosla también —Le invitó Utla ante la mudez del muchacho.
—me da vergüenza…
—¡Quizá sea otra pista para ayudar a Nils! Adelante, por favor.
Le daba vergüenza ser el centro de atención, así que bajó la cabeza y, como pudo, enunció los versos de aquel poema-historia, tallado en una piedra y perdido tiempo ha:

«Una joven duerme mil años
entre ricos y escondidos tesoros.
El gallo aguarda encima de una pila de oro
y, orgulloso vigilante, protege un sueño.
Cuando el pueblo se encuentre en peligro
despertará a la beldad, con un canto loco
y la virgen levantará de un profundo sueño.
Luego, ella dirá:
Recordad, he guardado aquí un tesoro
lo dejo para la defensa de la ciudad
que recaiga en manos del verdadero valor».

Nada más acabar el verso sintió las mejillas acaloradas y continuó con la mirada clavada en la mesa, ¿de dónde había sacado semejantes palabras? ¡Qué vergüenza! ¿Qué pensaría de ella Nils a quien había interrumpido? ¿Y Utla? ¿Qué pensaría él? ¿Y cómo sabía ella todo aquel verso de memoria? También se le pasó, en un fugaz pensamiento, que las viejas leyendas son como las supercherías, que tanto coexisten las certeras con las engañosas, las artificiosas con las ruines; que no por ser una más corta y otra más larga, habríamos de creer con más veracidad a la segunda que a la primera, ni tampoco a la inversa ni a la viceversa, pues ni anchura, ni estilo, ni brevedad, ni cortedad, podrían, sabiendo lo que se sabe acerca de la una y de la otra, afirmar nada sobre su veracidad, pues las verdades y las mentiras que tras ellas se esconden nadie las conoce.
Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.


1 comentario :

  1. Sigo prendida al relato! 👏👏👏👏👏 Estoy pensando en que forma un día haré una entrada para el blog si me lo.permites (se siente el girar de las ruedas en mi mente?)
    Abrazosbuhos

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