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Sarkis, Indio)
Sarkis, mitad cristiano y musulmán, nació en la frontera entre dos dogmas. Sus afectivos padres murieron cuando era apenas un adolescente en un bombardeo en el Líbano. Por suerte, él se encontraba con sus tíos pasando una temporada en la India. A medida que se hizo un hombre, se consideraba inmensamente afortunado. Ya que en su fuero interno había conseguido aunar con éxito su particular trinidad espiritual Cristiana-Musulmana-Budista. Trabajaba como pintor mostrando el lado bueno de las cosas, y aunque no ganaba mucho dinero, era feliz.
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Tetis-Sarkis)
Tetis se encaprichó de un bello cuadro que representaba un amanecer. Estaba expuesto en la calle por un pintor ambulante. Esa pintura le recordaba de manera inconsciente a su propio yo, tan luminoso en una época anterior. Las personas siempre se encaprichan de aquellos objetos que de alguna manera les recuerdan a ellos mismos. Al querer comprarlo, el pintor no aceptó su dinero, sin embargo insistió en quedar con ella otro día para tomar un té. Como Tetis heredó la obstinación de su padre, le fue imposible no aceptar la invitación. Se había encaprichado de aquella fascinante pintura y no la dejaría aunque su precio fuera bajar a los mismísimos infiernos. Así pues acepto tomar un té.
Sarkis y Tetis se cayeron bien desde el principio. Después de una semana de galanteos, Sarkis le hizo el amor apasionadamente. Realmente estaba loco de amor. Y aunque Tetis aun mostraba la frialdad traspasada por su antiguo compañero, el lado apasionado del pintor hizo florecer poco a poco su antiguo carácter. Sin embargo, un día recibió una carta de su antiguo amor. Las palabras de la misiva hicieron mella en su alma y aquel rebrote de frialdad fue creciendo en ella. La negatividad sólo necesita un pequeño hueco para abrirse paso.
Y un día, la hermosa griega con nombre de ninfa desapareció para siempre. No hubo nota ni despedida. Sarkis no podía comprender el suceso. Su amor roto por aquel ángel puso dudas en sus cimientos más sólidos sobre sus fundamentos en la fe del amor.
Necesitaba salir de aquella cárcel que el mismo se había construido en la India. Pero no podía hacerlo mientras permaneciera allí, necesitaba un cambio. Recordó que poseía un amigo en Argentina gerente de una conocida Galería de Arte. Este amigo llevaba mucho tiempo queriendo ver una obra india expuesta. Así que lo llamó. El amigo no podía creer la increíble suerte. El viaje a Argentina lo realizó al cabo de una semana...
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Sarkis - Semilla Negra)
Expuso su obra y fue todo un éxito de la crítica, aunque muchos críticos sólo vieron la frescura de la novedad sin entender realmente los signos secretos detrás de aquellos garabatos desgarradores. Muchas mujeres se acercaron a Sarkis codiciosas de éxito. Otros tantos hombres, pretenciosos de fama, pretendieron realizar negocios con él.
Pero Sarkis seguía sin sentir nada.
Un buen día cansado de la ausencia de sentimientos, decidió subir una montaña muy alta. El ejercicio revitalizó su cuerpo, aunque mente y corazón siguieran en un estado de opacidad total. Entonces se fijó en el sol que ardía esplendoroso en el cielo.
¿ Por qué una persona optimista como él había sucumbido al desapego emocional ?
¿ A la triste apatía del sin sentir ?
Entonces notó una "presencia" apegada a su mente, un mal traspasado hace tiempo. El sol le transmitió la fuerza necesaria para poseer esta clarividencia.
Respiró fuertemente y notó algo en su cabeza. Volvió a aspirar todo lo más enérgico que pudo. Si, notaba algo en su cerebro. Hundió su dedo índice en medio de su nariz y apretó. Un hilo de sangre brotó, pero no sufría por ello. Siguió hundiendo sus dedos más adentro, con los dedos índice y corazón podía tocar algo, como una pequeña piedra. Poco a poco la fue extrayendo. Sudaba mucho por el esfuerzo y la pérdida de sangre. Finalmente extrajo aquel pequeño objeto.
Observó con detenimiento el negro objeto. Era una simiente negra. Notaba una fuerte ola de egoísmo si acercaba la semilla a la cara. Una fuerte sensación de egoísmo irracional inundaba todo su ser.
Con mucha concentración apretó la semilla contra la palma de sus dos manos. Hasta que la redujo a simple polvo.
Sarkis podía volver a respirar con normalidad. Ya no se sentía pesado. Miró al sol. Sonrió.
Su vida escapó tranquilamente de su contenedor, y su cuerpo se desplomo despacio sobre el suelo.
Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia