—¿Tú no pasas por debajo del árbol, amigo?
Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia
UTLA
S. Bonavida PonceLa conocí en La ridícula idea de no volver a verte y después
en Historias de mujeres, dos obras muy diferentes, pero igual de
intrigantes. La autora me causó una gran alegría, pues, además de ser una
autora popular, su prosa era todavía mejor. Su nombre, Rosa montero, y su libro
poseía una relación indirecta con una búsqueda anclada en mí desde hacía tiempo:
encontrar un libro de ciencia ficción de habla hispana. Había decidido alejarme
un tiempo de la ciencia ficción anglosajona y buscaba un escritor o escritora
oriundos en lengua castellana. ¿Era pedir mucho? Pues no. Rosa Montero nos
regaló este Lágrimas en la lluvia que venía con pack de regalo. ¿Por
qué? Porque la autora se adentró en el mundo de Philip K. Dick y su inquietante
¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, y lo amplió, creando un
personaje redondo y un mundo afín a sus inquietudes. No era el original,
cierto, era mejor, al menos para mí sí lo era. Dick poseía ese estado de gracia
como generador de ideas, pero no era igual de brillante en sus ejecuciones. Así,
no resultaba extraño encontrar a sus fans polarizados por sus obras, incluso
algunos no le perdonaban la tiranía de las tramas con giros inesperados y
prescindibles, puesto que, de hecho, sus mejores novelas eran aquellas en las que
el autor apenas daba importancia a la trama. Así, de vueltas con la obra, ¿Sueñan
los androides…, una buena idea, una mala ejecución, se vio pronto superada
por su versión fílmica, Blade Runner, que la lanzó al estrellato de la scifi.
Montero hábilmente recogió ese vasto y rico mundo de replicantes, humanos
sintéticos apenas diferenciables de los verdaderos humanos, con una vida falsa
construida a base de recuerdos virtuales implantados, y fue más allá. Recreó el
mundo de Dick, los Estados Unidos de la Tierra (EUT), e insertó a los replicantes
en su tejido social, más integrados, pero igual de inadaptados, pues cualquier mundo,
real o ficticio, posee parias; y después nos regaló pinceladas de otros
conceptos de la ciencia ficción, otros mundos, algunos humanos y otros
extraterrestres, y como una excelente jugadora de póker mezcló la baraja con
todas las cartas y jugó a ver qué carta saldrá. ¿Contienen
metaliteratura las lágrimas de un replicante? En este caso mucha. Esas memorias
falsas insertadas en la mente de los replicantes resultaban un hábil trasunto utilizado
por la escritora para hablar del acto creativo, de cómo un escritor se inserta,
con plena consciencia o plena inconsciencia, en la manipulación de los
recuerdos de sus personajes; ¿y si un día un personaje descubriera que toda su
vida, su familia, amigos y pasado… fueran falsos?, ¿cómo se reinventaría?, ¿podría
superar tamaño bache? Siguiendo ese hilo, así se sentía la protagonista de esta
obra, Bruna Husky, que para mayor inri, poseía los títulos de replicante,
detective y mujer; y una vida sintética y limitada —recordemos— por diseño de
fábrica a vivir tan solo 10 años. Por si sus pesares fueran pocos se los repetía
con cansino y acertado leitmotiv: cuatro años, tres meses, … No harían
falta más explicaciones, si todavía no se leyó la obra. Las situaciones y conflictos
recreados por Montero eran los propios de su época, siglo xx-xxi, pero reconvertidos en un futuro Dickiniano
y un mundo fácilmente reconocible para los cinéfilos de Blade Runner. Montero
tradujo la homofobia por tecnofobia, la pobreza simplemente no la tradujo, pues
la pobreza resultaba igual en todos los tiempos, aunque sí cambió sus
circunstancias, la lucha entre potencias la elevó del suelo a los cielos y al cosmos,
y las miserias humanas, avaricia, miedo y odio, las dejó inmutables. Las buenas
novelas de anticipación han jugado (y juegan) con todas esas particularidades y
han injertado problemas sociales en sus tramas para hablar de lo mismo, de la
contemporaneidad, de la sociedad y de las cosas que creemos que deberían ser
mejores y que cuestan tanto de cambiar. Lágrimas en la lluvia fue más
bien un guiño a la película, cierto, pero resultó un guiño acertado, aunque no
desembocó únicamente en un pastiche de elementos Dickinianos y fílmicos,
uno tras otro, pues si se fue fan de la novela o de la película no se quedará
defraudado por esta obra y después de que se lea se podrán entender las modificaciones
que insertó Montero, los giros en la obra original que harán soltar lágrimas de
felicidad, de histeria o de extrañeza que quizá no el lector no se espere… o
tal ves sí. El futuro era replicante, el futuro era mujer, pero, sobre todo, el
futuro estaba en la lluvia y, como siempre, en el presente.
SI NO ERES S. BONAVIDA PONCE
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ARCHIVERO CENTRAL S777
EUT 2077, TORRE, 12, ABRIL, 2177
NUTLAEl calor:
En la película el calor resulta insufrible, se palpa en los
actores, se palpa en las calles resecas, en los estratos sociales, tanto bajos como
altos, que lo sufren, aunque no por igual (los ricos tienen carísimos sistemas
de refrigeración).
Por el contrario, en la novela la climatología posee mayor diversidad. No es únicamente el calor el actor principal, sino que también llueve, tanto, que se producen inundaciones que ahogan y matan a los niños incautos que juegan en las calles.
Mujeres:
En la película las mujeres que aparecen son poco menos que
prostitutas, por suerte, en el libro hay mayor variedad y elenco de personajes femeninos.
La muy rescatable señora Miles (inexistente en la película) que ayuda a Shirl
en las interminables colas del agua y sobrevive con su marido y sus hijos. La
propia Shirl, con intenso protagonismo en la novela, es un pálido reflejo en la
cinta. En el otro extremo, nada amable, la horrible matriarca de los Beliche.
Corrientes:
La novela bebe de la polarizada corriente sesentera: señor y
señora, hombre y mujer, buenos y malos, pobres y ricos, etc. La visión dual y reducida
de la época encorseta al relato que, aunque distópico, rescata en excesos tópicos
propios del tiempo de su publicación y que pueden alejar de la narración al
lector contemporáneo. Sin embargo, si nos olvidamos de dichas particularidades,
se puede disfrutar en general de un relato que anticipa una agónica distopía
climática.
Un
poco de trama:
A diferencia de la película, en la que Shirl
apenas es una figurante sexualizada (prácticamente una prostituta) y que inicia
una relación junto al detective Andy Rush donde no pasan de más de dos
revolcones; en la novela Andy invita a Shirl a su casa y viven juntos una
temporada, es decir, viven los tres juntos: Shirl, Andy y Sol. Lo que en un
principio aparece como conflictivo, se resuelve pronto. Sol, un hombre mayor, acepta
pronto la convivencia con la desconocida y hasta establecen entre ambos una
relación padre-hija. Gran personaje el anciano que tanto en ambos
medios, libro y película, representa la memoria colectiva, el gran receptáculo
de sabiduría, el conocimiento perdido, es una isla Atlántida en medio de un
mundo caótico y sin ideales.
No es de extrañar que sean los mayores (los ancianos) los
únicos que reclaman derechos sociales en las calles (esto se palpa en la novela
y en la cinta se les asigna el rol de grupo de intelectuales y ratas de
biblioteca).
En la novela, en las manifestaciones (Kid Reeves, personaje
inexistente en la cinta), jalea a la turba de ciudadanos a que griten y
recorran las calles reclamando sus derechos.
Más adelante, la relación Shirl-Andy, en la
novela, decae paulatinamente debido al trabajo excesivo de Andy, que no le
ofrece tiempo para convivir. Es la falta de tiempo en pareja lo que asesina la
relación. Ella no se queja de los pocos recursos de los que dispone Andy, no
anhela sus antiguos lujos, pero sí desea mayor tiempo con él.
En la película, la relación no pasa de dos revolcones y una
Shirl totalmente sexualizada, manipulada y encorsetada en su papel de concubina
de hombres ricos. ¡Una pena! Porque en la novela el personaje cobra otra
perspectiva.
En el tramo final de la película, el anciano se
dirige a la residencia, un eufemismo para designar al edificio público
donde se practica la eutanasia. Muere en paz, estirado en una cama, mientras en
pantallas gigantes ve amaneceres, ríos, bosques y animales. ¡La naturaleza ha
muerto, larga vida a la urbanidad!
En la novela Sol también muere, pero no en un
final con tan infladas imágenes. Tras acudir a una manifestación, la primera de
su vida, cansado de callar y soportar tanto, se rompe la cadera. A partir de
ese momento, iniciará su particular descenso a los infierno y se quedará en
casa sin poder pedalear en su añorada bicicleta estática, que, por otro lado,
proporcionaba luz al hogar. Shirl le hace compañía hasta el final. Tras morir el
anciano, según la legalidad de la ciudad, una familia debe ocupar la habitación
que ha dejado libre.
Y aparece la familia Beliche: padre, madre y
varios hijos. Muy invasivos y más guarros que invasivos. Queman leña en el
interior de la casa. Los niños defecan por los rincones. Y el comedor, un
espacio de tránsito común, se lo adueñan. De ese modo, Andy y Shirl quedan
recluidos en su propia casa en una habitación.
Shirl y Andy discuten continuamente. Él marcha a
trabajar, a diario, casi a todas horas, eso le proporciona cierto alivio, pero
ella debe convivir con los guarros Beliche. Finalmente, Shirl abandona la casa
y a Andy.
Finales
trampa/finales sorpresa:
La versión cinematográfica en el tramo final posee
una sorpresa final relacionada con la famosa comida Soylent Green, giro que la
encumbró y le permitió ser recordada. No así la novela que, ausente de
cualquier estridencia final, incide con mordacidad en una critica social y
ecológica.
En la novela en inglés:
soylent
steaks / soylent burgers
...holding
a white box of soylent
steaks
against his chest...
En
la novela en castellano:
...apretando
una caja blanca de filetes de carne sintética contra su pecho...
Lo
que no estuvo:
En la novela aparece… Billy Chung, asesino del
mafioso Mike, y toda su subtrama que es un bluf que no acaba en ninguna parte,
pues aparecen un montón de personajes secundarios, únicamente nombrados y sin
ser mostrados, que añaden una capa de conspiranoia absurda que nunca se acaba
de materializar, únicamente sirve para rellenar páginas y páginas con ella. Una
subtrama, la de Billy Chung que, los guionistas, en toda su sabiduría
revolucionaria, decapitan por completo.
¿Qué interesa del libro?:
Lo interesante de este libro sesentero (1966) es
la alusión a problemas de actualidad (2023), como son la cuestión del crecimiento
global, la escasez de recursos (debido al nombrado crecimiento demográfico
desmedido) y el antropoceno derivado (climatología y agentes geológicos y demás).
La novela retrata de manera más realista que la
película la angustiosa sociedad futura (el ahora) donde las personas viven hacinadas
en coches y calles debido a la falta espacio y vivienda. El calor extremo se
evidencia también en la cinta y, en ambos medios, película-novela, la suma de
calor y gentío se palpa como un elemento insoportable de cohesionadora decadencia
cobrando, así, el título de la obra original, mayor fuerza que el rimbombante
soylent.
UTLA
UTLAAmal El-Mohtar (Canadá, Escritora)
Max Gladstone (EUA, Escritor)
Los hilos y las hebras de esta historia se entrecruzan con maestría, pero ¿a qué origen pertenecen?, ¿es orgánico o es inorgánico?, ¿son acaso brácteas rojizas de un arthurium o filamentos gris acero de una placa madre? Rojo o Azul, Azul o Rojo. Límites en el espectro de colores que sitúan la frontera y el marco para dos personajes rivales en estos viajes intemporales, pues intemporales son —me atrevo a afirmar—, pues el tiempo exterior solo es la excusa para hablar del viaje interior, el viaje de un personaje al interior del otro, un viaje donde el tiempo no cobra importancia, únicamente el sentimiento. La temporalidad y sus derivados son la excusa para hablar de lo íntimo: múltiples multiversos versus la única realidad de las protagonistas, distopías versus ucronías, no ficción versus ficción. Y, cómo única argamasa, ese tiempo interior que fluye con lentitud. ¿Es una historia de amistad? Quizá lo sea, y quizá, probablemente, de algo más, pero aventurarse en esa cuestión sería adentrarse demasiado en lo desconocido. Es más simple que eso, es una maravilla de historia, no por los viajes temporales (el pretexto), un simple marco de referencia ciencia-ficcional tan válido como la naturaleza, el realismo o la intriga; es maravillosa por esa prosa exquisita que ambos autores plantan, destilan y tratan con una mirada polivalente tanto para verla con un hálito tecnológico como con un hálito biológico-naturalista. Lo que se encuentra en Así se pierde la guerra del tiempo es una pérdida que, por otro lado, resulta una evidente ganancia para el lector. Para resolver la paradoja, que no es temporal, la solución es sencilla: se debe leer. Así, ¡deseo que quien lo inicie tenga un fabuloso viaje lector por estos hilos y estas hebras!
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UTLAElina no cree en la objetividad, para ella el arte es fundamentalmente subjetivo.
Un cuestionamiento complejo que nos plantea como un wicked problem... Problemas muy complicados de deshacer.
Pensadores como Platón no le daban valor al arte.
Un juicio sobre lo que es bueno y lo que es malo... Sobre la belleza católica y universal... Y, cómo no, sesgos dentro de la atribución de valor.
¿Es el arte humano?
¿Qué valor tiene el arte?
¿Quién decide el valor que tiene el arte?
¿Puede ser común o particular?
¿El arte se estudia?
¿Por qué nos estamos preguntando qué es el arte?
¿Podemos cuantificar el valor del arte?
¿Cuándo algo se convierte en el arte y cuándo deja de serlo?
¿La figuración del arte se puede aplicar a otros artes?
Ritual
Espiritual
Trascendental
Mercantil
Económico
Autoconocimiento
Expresión
Status
Poder
Riqueza
Educativo
Decorativo
Propaganda
Wellness (experiencias positivas)
Político
Reivindicativo
Discursivo
Terapéutico
Eutópico (lo bueno)
Si somos incluyentes, ¿no deberíamos abrazar a Robots e IA?
Sinceramente, la solución pasa por unir tres vértices.
Naturaleza. Humano. Tecnificación.
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| Dagui Pierro |
«Deberíamos hacer un
test de Turing del arte».
Elina Cerla
S. Bonavida Ponce