Un tranquilo lugar de Pruebas

domingo, 27 de julio de 2014

Susurros de NUTLA. FREDERICK.


Me encuentro delante del zaguán de mi casa. Es de noche y hace frío. Tengo mucha hambre. Ayer por la noche conseguí morder un pedazo de rata atropellada. Sus vísceras resecas restaban esparcidas por el empedrado suelo de la calle. Tenía mucha hambre. Rasgue la piel con mis colmillos pero únicamente saboreé huesos con olor putrefacto. Lamí la piel de la rata muerta pero el sabor no era bueno, para nada comparable a las comidas de Froylan Berta. Y mi tripita rugía agobiada por el acuciante hambre después de tantas lunas sin comer.

Huelo las piedras mientras desando el camino empedrado de la huida. Ya no recuerdo cuanto tiempo he pasado fuera. Me asusté, me desorienté. He tardado mucho en volver. Ahora mis rasgados ojos se fijan en los cristales rotos del suelo. En esta queda noche ya no hay peligros. No hay sonidos desgarradores que surquen el aire, no hay gritos, no hay antorchas, no hay pasos apresurados. Sobretodo no hay ruidos de cristales rotos.

Mi patita izquierda duele. Herida días atrás por las vociferantes crías humanas. Vestían todas ellas vestidos pardos con brazaletes rojos. Como los adultos que vinieron a casa de Froylan Berta aquella noche. Y como en aquella triste ocasión volví a huir.

Me acerco con mi habitual sigilo a la puerta. Me lamo nuevamente la patita izquierda. Esto alivia el picor del dolor. Un líquido rojo rezuma por entre las uñas. Es salado, no sabe bien. Recuerdo este sabor, como en aquella ocasión que me caí del tejado.


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Me dolía todo el cuerpo. Veía borroso. Recuerdo las fuertes manos de Fray Berta abrazandome. Me recogió del suelo y me llevó a la casa del hombre con bata blanca. El hombre de bata blanca me hizo daño, pero entonces el líquido rojo dejó de salir. Y Froylan Berta me llevó de vuelta a casa. Una cinta blanca rodeaba mi cuerpo. Era molesta. Me lamía incesantemente y con mis colmillos tiraba de aquella infernal cinta. Pero Froylan Berta chillaba si intentaba arrancármela. Así que dejé de hacerlo. En casa todos hacíamos lo que chillaba Froylan Berta.

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Me acerco a la puerta de nogal con un orificio de mi medida. Siempre me gustó el olor de esta puerta. El pequeño orificio está trabado. Empujo con la cabeza, algo cede detrás de él y puedo entrar a casa.

Lanzo un pequeño maullido. La voz no acude a mi garganta. Tengo mucha sed. Cansancio. Los ojitos me arden. Los días han sido malos. Mi oreja izquierda percibe un sonido. Arqueo el cuerpo. Dispuesto a salir corriendo. ¿ Más humanos pardos ?

No, es una asquerosa rata grande, gorda y marrón. Sale huyendo de mí. Apenas tengo fuerzas. Huye por la aprendida costumbre. Pero estoy tan débil que podría atacarme y no podría defenderme. He visto muchas ratas gordas estos días.

Mi maullido no obtiene respuesta. Franz, el pequeño de la casa, bajaba corriendo con locura de cariño las escaleras del segundo piso en cuanto me oía. Me abrazaba entre sus manos con demasiada fuerza. Apretaba. Dolía un poco, pero su calor era tan intenso, el olor de su sudor era tan embriagador. Yo le dejaba hacer sólo por el placer de oler y sentir aquel calor. Pero ya no notaré aquel calor.


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Aquella noche un hombre pardo subió las escaleras corriendo. Franz salió de su habitación asustado. El hombre pardo se asustó tanto como él. Pero el hombre Pardo llevaba un palo en la mano, un garrote que cruzo rápidamente ante la vista del pequeño Franz e impactó en su sien. El cuerpo del pequeño Franz rebotó contra la pared y cayó rodando por las escaleras. Bufé desesperado. Me tiré con mi uñas a los ojos de aquel intruso. Mi pequeño Franz tirado en el suelo. Mis uñas arañaron el rostro pero no puede alcanzar el brillo de los ojos de aquel humano pardo. Entonces levantó nuevamente su trozo de madera, y aquel artefacto se estrelló contra el suelo, a escasos pulgares de mi. Yo me movía rabiosamente rápido, ágil como en las luchas callejeras, y mientras seguía bufando al terrible humano pardo delante mio.

Los ojos del pequeño Franz me miraban vacíos de cualquier expresión desde el suelo. Un líquido rojo surgía de la oreja del pequeño Franz. El líquido se esparció por la alfombra de la primera planta.

Vati, el macho fuerte del hogar, salió de la otra habitación. Habló con una voz entrecortada, nerviosa, asustada, impropia de él, en esa ininteligible lengua de los humanos. Otro humano pardo más gordo levantó su garrote y empezó a pegarle. Vati se encogía en el suelo. Y más  humanos pardos de brazaletes rojos entraban sin parar dentro de la casa. Froylan Berta lloraba agarrada al cuerpo de Vati. Ahora ambos en el suelo lloraban desconsolados. Me da mucho miedo el fuego. Yo quería salvar a Vati, a Froylan Berta, al pequeño Franz, pero dos humanos pardos me acorralaron en la habitación del pequeño Franz. La ventana a mis espaldas. Aun veía a Vati y Froylan Berta por entremedio de las botas negras de los humanos pardos que se interponían entre ellos y yo. Seguían llorando acurrucados en el pasadizo. Crucé fugazmente los ojos con Froylan Berta. No olvidaré nunca esos ojos. Lágrimas de frustrante desesperación no paraban de brotar de aquellos ojos azules tan bonitos. Bufé a los dos humanos pardos que se acercaban con sonrisas malignas dibujadas en sus rostros. En sus manos portaban palos con perturbadoras llamas de horrendo fuego. Reían mientras me acercaban lentamente el fuego a mis bigotes. El fuego. La calor. Esa horrenda luz que quema. Salté bufando por la ventana. Mientras caía, oía un frenético ruido dentro de mí, pum Pum pum Pum pum Pum. Es ese ruido interior cuando estoy asustado, cuando he corrido mucho, suena como el hueco sonido de un tambor de hojalata. Giré instintivamente mi cuerpo en el aire para facilitar la caída en el suelo. Mis acolchadas patas amortiguaron el golpe y mi cuerpo se destensó como un acordeón. Pero me clavé un cristal en la patita izquierda. Salí corriendo de la casa, camino abajo, completamente asustado y desubicado...

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Lanzo otro débil maullido. Nadie sale de su habitación. No hay nadie en la casa. Todo el olor es destrucción. Papeles quemados. Maderas resquebrajadas con el peculiar olor de la astilla. Efluvios ácidos de signos dibujados en rojo en las paredes. Huele a sucio. Reconozco débilmente el olor de Vati, Froylan Berta y del pequeño Franz. Pero es un olor que se pierde en mi memoria. Me paro al subir las escaleras. Jadeo. Me estoy mareando. Me lamo el costado. Siento mis costillas. Antes estaba más gordo. Nunca había lamido mis costillas. Entro en la habitación del pequeño Franz.


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Por las noches me sentaba a los pies de la mullida cama de Franz. Vati se sentaba en una silla, abría con esmero uno de esos objetos cuadrados que guardan los humanos en estanterías. Y mientras Vati fijaba su mirada en aquel objeto, iba hablando en un tono sosegado, mientras el pequeño Franz se dormía. Yo enroscaba mi cuerpo entre las piernas del pequeño Franz que no tardaba en dormirse. En ese momento Vati cerraba el objeto con páginas blancas de entre sus manos, se acercaba a mí y me acariciaba la cabeza con sus dos dedos, entonces apagaba la luz, abandonaba la habitación y nos dejaba dormir.

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Ahora, después de este tiempo que no es tiempo, me encuentro en la misma habitación. Ya no hay pequeños objetos cuadrados en estanterías. Un fuerte olor a quemado recorre la habitación del pequeño Franz. En una esquina veo el plato de comida. Cada mañana Froylan Berta me depositaba exquisitas bolas de carne, suculentas hamburguesas, o estupendos huesos. Me chillaba una frase, como un nombre, y cuando yo oía aquel nombre acudía a comer.

Me acerco lentamente al ahora vacío plato. Huele a quemado como todo en esta casa. Lamo con mi áspera lengua el fondo. Sabe a salado. Aún posee el sabor de los manjares de Froylan Berta.

Y la cama del pequeño Franz. Aun huele a él. Pero el olor se pierde. Acerco mi naricita a la destrozada cama. Hecha jirones, la mullida manta donde tantas veces descanse, esparcida por todo el suelo. Una parte aun intacta reposa en una esquina.

Me acerco lentamente. La patita izquierda me duele mucho. La tripita ruge. Siento un leve mareo. Con las patitas delanteras acomodo el jirón roto de la manta mientras mi espalda se tensa como antaño. Me enrosco tranquilamente en el mullido jirón de manta que cubre todo mi cuerpo. Este jirón aún conserva el olor a las manos fuertes de Froylan Berta, al olor del cariñoso macho Vati, incluso aun percibo el sudor salado y embriagador del pequeño Franz. Están aquí. De una forma que solo yo percibo están aquí conmigo. Me enrosco lentamente. Acerco mi naricita al jirón y sigo oliéndolo lentamente. Me duele mucho la patita izquierda y los costados. Veo borroso. Descansaré un rato en el jirón de la manta del pequeño Franz. Y cuando duerma, por esta noche, ya no volveré a escuchar los ruidos de los cristales rotos.

Pero sólo dormiré un rato...

Un pequeño rato...



MIRAR A OTRO LADO NO OS HARÁ MÁS FUERTES.
QUEDAOS PUES CON UTLA, SED DÉBILES.
LA NEGATIVIDAD OS HARÁ LIBRES.

Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia

11 comentarios :

  1. Al principio pensaba que se trataba de un perrito, pero luego vi bien la imagen jajajjaa. En todo caso es un relato trágico y triste contado desde la ternura de un animalito. Todo un desafío, me ha encantado esta historia ^^
    Un abrazo! :)

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    1. Estimada Edith T. Stone,
      ¿ Un perrito ? O_O jajajaja
      Realmente el relato más triste que ha dejado mi hermano NUTLA en este pequeño tranquilo lugar.
      De todo, lo bueno, lo malo, lo alegre, lo perverso, se puede extraer una enseñanza de amor.
      Un abrazo muy grande cuerda entre locos.

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  2. Nada mal me a gustado el pequeño relato es de un libro o es escrito tuyo. buena entrada. Un saludo.

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    1. Estimado Hikari,

      Los relatos de este pequeño rincón siempre son creaciones propias e inéditas.
      Esta historia ha sido inspirada en un pequeño corto de animación (no recuerdo el nombre) de un gatito que volvia a sucasa depués de una guerra y no encontraba andie en ella porque estaba derruida y sus amos habian huido.

      NUTLA al parecer la ha particularizado situandola en la noche de los cristales rotos, esa gran barbarie sin sentido.

      Un abrazo muy grande Hikari Javier.

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  3. Muy bueno. Nada menos que la noche de los cristales rotos a través de la mirada de un animal desvalido. Eso aún le da más fuerza al relato... y más dramatismo.
    Abrazos.
    Borgo.

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    1. Estimado Mr. Borgo,

      Si alguien podia descrubir la pequeña pista de la "kristallnatch" era sin lugar a dudas usted. ^_^
      Mi hermano siempre me sorprende, por un lado tristeza y dramatismo, y por otro lado una enseñanza de amor, ¿ estará cambiando mi hermano ? O este relato es otra de sus trampas negativas.

      En todo caso me alegro que guste.

      Un abrazo muy grande Miquel.

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  4. Notable, NUTLA. Escribí un relato que tiene varios puntos de contacto con este tuyo. Cuando lo publique te vas a dar cuenta de lo que hablo, si lo leés.
    Igual, me gusta mucho más tu historia que la mía. Esta tiene una narración más cruda, la mía va por lo sensible, cero negatividad, cosa que no te hace libre :P
    Saludos.

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    1. Raúl si ya lo has publicado hazmelo saber. Quiero leer un relato tuyo que sea triste y negativo.
      No anticipes, la negatividad puede envolverse en un trapo de felicidad, "se lo pueden preguntar a la vendedora de cerillas".
      Avisame mente preclara.
      La negatividad os hará libres.

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  5. Yo también pensé que era un perrito al principio hasta que dice que maúlla...
    Un relato precioso, duro,.. el punto de vista del gatito no lo hace menos duro, pero es una visión más amable, más inocente. Me recuerda un poco al diario de Ana Frank o al niño con el pijama a rayas...

    A veces me pregunto como se te ocurren estas cosas
    Podrías publicar un libro de relatos cortos, con todo el material que tienes aquí... seguro que tendría muchísimo exito. Sigue así. Un abrazo.

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    1. Duro o blando... esa es la vida, una sinfonía de perros, gatos y ratas.

      Mentes preclara es usted Amalasunta Regna, me gustan sus alabanzas, pero hay demasiada luz en ellas.

      De momento mis escritos seguirán en la oscuridad, como todo lo negativo, debe permanecer.

      Las gracias no se merecen, pues lo doy gratis.

      La negatividad os hará libres.

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    2. Estimada Amalasunta,
      No hagas caso a mi hermano. Se pierde en esa miriada de tinieblas que es su mente.
      Pues una muy buena idea, y ya que NUTLA nos cede tan amablemente sus "negativos" pensamientos hariamos bien en enseñarlos al mundo.
      Dicen los bayesianos que se aprende más de un mal día que de cien buenos.
      Un abrazo estimada Amalasunta Regna, princesa de las hadas de Bosquevilla y Madre del heredero único.

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