Un tranquilo lugar de aquiescencia

domingo, 3 de julio de 2016

El ángel


«Para los ángeles es muy complicado aceptar eso».
(Panith – Tiempo indeterminado)



Cuando era pequeña, pensaba que era un ángel que había venido a la tierra a hacer el bien.

Wencio, el hijo de la señora Antonia, tenía una extraña enfermedad de huesos. No bajaba mucho a jugar, siempre con aquellas muletas, era lento, y le molestaba ser lento. Con el tiempo empeoró y comenzó a bajar menos.

Yo era un ángel, es decir, en aquella época, creía que era un ángel, por eso comencé a bajar a casa de la señora Antonia, para platicar y jugar con Wencio.

—Duele —decía apenado mientras alargaba la mano a las rodillas.

—No te preocupes. Soy un ángel y te curaré.

Me observó enfadado.

—Los ángeles no existen.

Enfurruñé mi mirada, secamente dije "Adiós", y marché. Durante dos semanas no pisé su casa, no quería volver a verlo, sin embargo, también me apenaba imaginármelo allí solo, estirado en la cama, sin poder jugar con nadie.

Al cabo de dos semanas, volví a bajar, llevaba unas galletas de chocolate, las había cocinado junto a mi abuela y quería compartirlas con todo el mundo, sobre todo con Wencio, que ya no salía de casa. Cuando bajé aquel día, la cara de Wencio era del color del papel. Sonrío al verme.

—¿Una galleta?

—Gracias —alargó la mano e intentó disimular un ligero malestar en sus ojos. Masticó con una sonrisa.

—Son galletas de ángeles, me ayudó mi abuelita.

Mientras masticaba lentamente, me observaba con el rabillo del ojo.

—Perdona —dijo al acabarse glotonamente la galleta de chocolate— yo no creo en los ángeles.

—¿Por qué?

—Porque me duele —señalo sus piernas—. Por eso no creo. No he hecho nada malo. Siempre he sido bueno. ¿Por qué un niño bueno tiene que sufrir?

No supe que responderle. Bajé la cabeza al suelo, ¿cómo podía un niño no creer en los ángeles?

—Además, pronto será mi cumpleaños, y lo pasaré solo. Es un asco la vida.

../..

Aquella noche subí a casa cabizbaja. Wencio tendría el mejor cumpleaños que cualquier niño hubiera deseado. Al día siguiente hablé con su mamá en secreto, reuní a niños de la escalera, a viejos conocidos de clase. También compramos entre todos muchos regalos, sobre todo aquella videoconsola que tanto le entusiasmaba.

Y llego el día del cumpleaños. Uno tras otro, comenzamos a aparecer en su habitación, los ojitos de Wencio se abrieron como platos, y después sacamos el pastel con sus trece velas, cantamos, Wencio sopló muy fuerte. Yo imaginé que pidió en su deseo.

../..

—Eres un ángel. Mama me lo contó todo. Me has hecho el mejor cumpleaños de mi vida.

—¿A sí? ¿Ahora el señorito cree en los ángeles? —sonreí.

—Sí, tú eres mi ángel. Y todo va ir mejor. Y ya casi no me duelen las piernas. Estoy tan contento.

Aquella noche la señora Antonia me apremió a irme, se había hecho tarde. Mientras me despedía en la puerta de entrada, me abrazó de improviso, "Gracias guapa de todo corazón", me susurró la buena señora Antonia mientras una lagrima rodaba por su cara. Sin saber que decir, pero contenta, me despedí.

../..

A los dos días Wencio fue ingresado de gravedad en el hospital. No pude ir a visitarlo. Aquella misma noche murió.

No podía creerme aquello. No había tenido ni tiempo de hablarle, de despedirme de él. Estaba tan sano, tan alegre aquellos días. "¿Como pude dejar que pasara? Yo era un ángel."

Su mamá llevaba gafas de sol. Todos vestíamos de negro. El pequeño féretro se hundía lento en busca de la sosegada tranquilidad de la tierra. Unas lágrimas de despedida. Sollozos ahogados. Finalmente, la gente comenzó a marchar, la señora Antonia se nos acercó muy pálida, iba agarrada de la mano de un familiar. "Mi Wencio creía que eras un ángel". Se inclinó y me besó en la frente. Después marchó.

¿Era un ángel? Me había prometido que mejoraría. Que se curaría. Y ahora ya no estaba. Se había ido, sin ni siquiera un besito, ni una bonita despedida.

Wencio había ido al cielo creyendo en los ángeles, pero aquel día, yo dejé de creer en mí.



«Dedicado a Panith».
(UTLA)


Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia




3 comentarios :

  1. Ese "angel" pudo hacer feliz al menos a Wencio. Es una pena que dejase de creer, quien sabe a cuantos más podría haber hecho feliz. Debe haber mucho ángeles que no creen en si mismos vagando por el mundo. Si todos creyeran seguro que finalmente aparecería la magia.
    Bonito relato, tiene el toque de Nit la. ¿Me equivoco?
    Un abrazo desde bosquevilla

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  2. Triste, hermoso. Es un cuento precioso, UTLA. Me encantaría poder escribir algo así. Me encantó.
    saludos.

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