Un tranquilo lugar de Pruebas

domingo, 28 de mayo de 2017

Trapero y tú (1 de 3)


«Platero es un burro pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos».




Capítulo 1 – Trapero

Trapero es grande, peludo, robusto; tan duro por fuera, que se diría todo de acero, con una armadura en vez de huesos. Tan solo sus cristalinos ojos anticipan un atávico pasado de moradores norteños.
Va suelto, camina por la calle mayor y por las calles chicas. Acaricia con sus manos los escombros, apenas los roza, busca en su interior tesoros imaginarios. Lo llamo: «¡Trapero!». Y se gira, con un andar sereno y una risa burlesca, riéndose nadie sabe de qué taimada idea, pero con esa inocencia de los críos de escuela.
Agarra para si todo cuanto le doy. Adora el cobre, la grifería, toda de plata; los cuadros no los quiere, ni siquiera los marcos, pero se deleita con algunos libros...
Aparta con ternura los objetos, con pueril obsesión; metales a un lado, plástico a otro y no se olvida de los papeles. Paso cerca de su casa los domingos, cuando los hombres de ciudad acuden trajeados a la religiosidad dominical, y se unen en el oficio de rezar. A Trapero, le escuchamos tararear, siempre entona alegre alguna canción. Y comentan.
—Tiene acero...
Trapero tiene acero, cobre y plata, está última siempre de luna.
Cada domingo, a vuelta del oficio, paso a tomar un trago. Llevo una botella oscura de la sangre diluida de cristo. Trapero calla, escucha, es buen tesorero del corazón humano, más que algún psicólogo despistado; muchos -yo incluido- harían bien en aprender de su quedo silencio.
Produce un tosido ronco al hablar, es esa clase de ronquera propiciada por una vida pobre en recursos, pero sin remilgos en la expansión de cariño.


Continúa...

Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


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