Un tranquilo lugar de Pruebas

domingo, 11 de junio de 2017

Los sueños de UTLA: Xenofóbico

«No debes perder fe en la humanidad. La humanidad es un océano; si algunas gotas son sucias, el océano no se vuelve sucio»

Los últimos rayos de sol crean sombras extrañas en el suelo. Alargadas el doble de su perímetro por el ángulo mortecino en la luz. Es el anticipo de la negrura que comenzará a absorber las calles en breve.
Camino por una calle empedrada, creo que es de mi Roma natal, pero no estoy seguro. Un tipo, dentro de un Fiat Panda, grita en árabe a un móvil que sostiene en su mano izquierda. Me fijo en su rostro moreno, de mandíbula prominente, y en sus ojos inquietos que miran a todas partes. Recuerdo los recientes atentados en Manchester, también el más reciente en Londres, y de repente me entra pánico. Me crea ansiedad observar a un árabe en un coche chillando. El tipo se gira y observa en dirección a los asientos traseros de su vehículo. Balancea el cuerpo y busca algo con su mano libre, mientras no para de gesticular. En ese momento nuestros ojos se encuentran y la mirada rodeada de ojeras oscuras me observa con fijeza. Me pongo a correr. De tan asustado ni siquiera sé el porqué me lanzo a esta carrera estúpida. Voy en dirección a mi vehículo. No pienso con claridad, solo quiero meterme dentro de mi coche, arrancar y marcharme lo más lejos posible. Giro la esquina, y lo diviso aparcado en el mismo lugar que lo dejé. Inserto mi mano en el bolsillo interior de mi chaqueta y agarro con fuerza la llave, pero algo topa con ella y me impide extraerla. ¡Maldita sea! ¡Sal! ¡Sal! Forcejeo con fiereza, alargando en espasmódicos movimientos la lucha, pero la llave se encuentra obstruida con algún elemento que no distingo. Escucho un ¡pop¡ y la resistencia finaliza. Por fin extraigo la llave, que casi vuela por los aires debido a la brusquedad de mi fuerza. La introduzco en la cerradura y la giro en su interior. Abro mi auto.
Arranco el motor, el cuál suena dócil en contraste con mi corazón que late desesperado. Seguido presiono el acelerador, pero la mala suerte quiere que el semáforo en rojo me detenga.
Oigo un repiqueteo en la ventanilla del copiloto. El tipo, el árabe, sostiene una cartera en su mano, sonríe amigable y vuelve a picar con la yema de los dedos en la ventanilla. Lo observo con total pavor, pero en ese momento reconozco la cartera que sostiene en la mano. Es la mía. ¿Cómo...? El interior del bolsillo. La cartera estaba ahí. El ¡pop! Cayó.
Abro la ventana del lado del copiloto un palmo. Continúo con una mirada de loco asustado.
        —Amigo, se le cayó cartera.
        Apenas parpadeo. No recuerdo si consigo gesticular un gracias. Me fijo en mil detalles, en la piel morena, en la mandíbula prominente, en la oscuridad circundante alrededor de los ojos, el rostro surcado por muchas arrugas. Acerco mi mano y le agarro la cartera con lentitud. La mirada que me devuelve es de tristeza.
        —Amigo. Nosotros también asustados.
        El tipo se gira con parsimonia, cabizbajo, y vuelve calle abajo. Un coche detrás de mí presiona el claxon. El semáforo se ha puesto verde. Me pongo a llorar.
        Despierto. Hay lágrimas en mis ojos. Son reales, no las he soñado. En ese momento, mientras continúo llorando descubro que soy Xenófobo, y no lo sabía.



Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


2 comentarios :

  1. hola! un placer leer y compartir tu relato magnifico! vas al muro de la morada, saludosbuhos.

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    1. Estimados Buhos Evanescentes,

      Perdonad mi torpeza, estimados Buhos amigos, no os seguía en Facebook. ^^ Ya he puesto solución.

      A partir de ahora, también nos leemos, en esa red social.
      ¡Gracias por compartir!

      Una ululante despedida.

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