Un tranquilo lugar de aquiescencia

domingo, 30 de septiembre de 2018

Púer y Polabra (Tallo 1)

«Escuchad el maravilloso sonido de la vida que fluye a nuestro alrededor. Las agudas notas emitidas por el corazón, imperceptibles para la mayoría, se esconden entre pliegues de baja frecuencia: alegría y tristeza»

Habíase un lugar:

Muchos animales juzgaban a Púer por su caparazón de afiladas espinas, espinas tan grandes que la mayoría de animales del bosque se asustaban nada más intuir el resplandor de la luz contra la punta de aquellos aguijones. La creencia más común, en el imaginario colectivo difundido entre la comunidad bosquelística, consistía en imaginar un ataque desenfrenado proveniente de Púer al cruzarse en su camino; así, con tan infundado pensamiento, cuanto animal que intuía aquellos brillos en la lejanía de los árboles, caminos o riachuelos, daba media vuelta para no cruzarse con él y evitar el pinchazo fatal que le depararía el erizo.
Resulta paradójico pensar que, aquel armazón que portaba a cuestas y que tanto le protegía de los malvados depredadores, fuera su peor enemigo en la obtención de amigos.
Solo había un animal en todo el bosque que se acercaba a él. Pertenecía a la especie humana, tenía doce años y se llamaba Polabra.


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Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia


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