Un tranquilo lugar de aquiescencia

miércoles, 26 de agosto de 2015

Dos semanas con Julia. Capítulo 3. Intentando trivializarme.


Mi peor enemigo soy yo mismo.

Estoy sentado en el suelo con mi espalda pegada al tronco de un viejo árbol, justo detrás de mí, al otro lado del árbol, se encuentra recostado un cuentacuentos.

El reto de hoy: «proponer a dicho cuentacuentos cinco temas como posibles narrativas».
Pienso resultará sencillo con mi desbordante imaginación.

—Cuentacuentos —le digo animado—, los cinco temas son: el Amor, la niñez, el tiempo, los dragones y la muerte.

No me responde. No sé qué hacer. El capítulo indicaba que tan solo debía nombrar los cinco temas, a partir de aquí la sensación que esta empresa zozobra aumenta, ya no aparecen carteles en esta despejada carretera hacia imaginación. ¿Qué desvío tomaré, villa en blanco o la autopista de «facilescribir»? Háblame, dime algo, por favor, susurro...

Y entonces, este cuentacuentos, al que nunca veré físicamente, me habla, al principio no percibo las palabras pues no son ondas de voz, escucho su mística voz directamente en mi cerebro, no escucho la historia, la estoy viviendo con imágenes, sonidos y sentimientos contradictorios, pues muchos de ellos son antagónicos entre ellos, y sin embargo poseen un «leitmotiv» nostálgico que los une.

«Érase hace mucho tiempo, un joven niño, que deseaba amar. Pero estaba solo en aquella alta montaña, y su único placer en la vida era ver transcurrir el tiempo entre nubes de blanco algodón, contemplando ensimismado la paradeidolia de hermosas formas blancas: princesas, árboles, ballenas, barcos, pero por encima de todo las majestuosas formas de dragones, ese mítico animal el cual únicamente existe en el interior de algunas pocas personas especiales. Y entonces, una nube con forma de dragón cobró vida, se abalanzó con fiereza sobre el niño desprevenido. Una primera zarpa lo tiró al suelo, el segundo zarpazo lo mató. El particular dragón nube, quedó contemplando la matanza, y con semblante triste se elevó de nuevo hacia las nubes, de donde había surgido. Fin»

—¿Ya está? ¿Y eso es un cuento? —comento indignado—. No tiene ningún sentido.

Nuevamente un extraño silencio se instala entre el cuentacuentos y yo. Intuyo que la conversación no quedara así, que el cuentacuentos me hará una réplica, no puedo imaginar cual será, pero la deseo fervientemente. No soporto que me dejen con la intriga de no saber que sucede.

—Los cuentos —anuncia finalmente con esa voz que no escucho—, no son buenos ni malos, eres tú que los asocias con tus propias experiencias y les das forma. Échate a ti mismo la culpa de tu desagrado, yo tan solo soy un cuentacuentos.

Soy mi peor enemigo.

«93% imaginación,7%realidad»


Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia

2 comentarios :

  1. La historia del dragón nube es simple por su extensión, esa idea desarrollada sería un golazo.
    Al primero a quien le tiene que gustar lo que yo escribo esa mí. Como los gustos son personales, cada lector va a dejar su opinión, positiva o negativa, lo cual no significa que el cuento sea malo. Pero no nos engañemos, hay cuantos malos por millones.

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    1. Estimado Raúl,
      Yo creo que no hay cuentos malos, es simplemente una cuestión de gustos, recuerdo discusiones eterna sobre si Ulises de Joyce era una obra maestra o una basura; al final, todo es una cuestión de opinión, y siempre habrá alguien que encontrará algo maravilloso. ^^
      "El minicuento del niño es una gran fumada". jajaj
      Un abrazo Bruto Escritor.

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