Un tranquilo lugar de aquiescencia

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Dos semanas con Julia. Capítulo 19. Conexión (y él Yo joven)


«Escribe Julia acerca de realizar otro experimento espiritual similar al del «yo» veterano, en esta ocasión para conectar con aquella parte joven en mi interior. Abandonar la sabiduría del «yo» anciano, abandonar incluso la experiencia acumulada hasta ahora y centrarme en las primigenias emociones, aquellas más ingenuas y a la par más viscerales».


Tengo dieciocho años. Soy gordito, tengo vergüenza a las chicas y lo único claro que tengo en la vida es mi deseo de trabajar como informático.

Ya he comenzado con mis prácticas. Me tratan bien, trabajo cuatro horas cada tarde, bajando y subiendo pantallas de ordenador. Me pagan 60€ al mes. Es una miseria y lo sé. Pero es complicado comenzar a trabajar sin experiencia en informática. Por suerte para mí, no soy un chico al que le guste mucho salir por las noches, de hecho hoy me quedo en casa de mis padres leyendo y jugando al ordenador. Mis amigos insisten a menudo en que les acompañe a las discotecas y bares, son un grupo de chicos y chicas de mi edad. Pero las chicas me intimidan, tienen esa mirada de saberlo todo, de hacerme sentir un microbio, no es que sean malas personas, pero estoy seguro que ya me han descendido a la condición de mero objeto desechable, pues en el grupo están los «machos». Esa clase de «hombre alpha» más deseable. El sexo se me antoja el elemento fantástico de una novela de ciencia-ficción.

Y entonces aparece Marina. Es la prima de una amiga. Tiene esa «mirada limpia» en los ojos. Me sonríe, no me mira por encima del hombro como yo noto en las demás. Posee una exquisita amabilidad. Congeniamos de manera natural. Como nunca he estado enamorado no se discernir si lo que siento forma parte de ese sentimiento, por otro lado la vergüenza se me adhiere como una vil enemiga, anquilosando por completo mi inexperta alma.

¿Por qué tanta vergüenza a las chicas? Como envidio a José, Manolo, Claudio o Jaime, ellos sí saben hablar con ellas, las zarandean, les cuentan chistes, se ríen canallescamente de ellas pero de esa manera tan dulcemente pícara que a ellas no les importa, se muestran caballerosos cuando tienen que serlo, y expeditivos cuando la obediencia se convierte en patetismo por agradar. Pienso mucho en esa palabra: «patetismo».

Le comento a Marina estos pensamientos. Es inteligente y es mi amiga. Ella no piensa que haya personas patéticas. Adoro a Marina, su oscuro pelo a media melena, su sonrisa. Muchas veces cuando estamos en grupo buscamos la compañía del otro, no siempre es así, pero cuando sucede me rio mucho a su lado. Pero no le comento nada de la timidez.

De repente, me voy a un viaje muy lejano. Surge de improviso, una pareja de amigos me brindan la oportunidad de acompañarles a Estados Unidos, si somos tres los billetes y el alojamiento saldrán más barato. Me lo pienso, hago mis números y decido «fulminarme» todo el dinero que he conseguido ahorrar. Les digo que sí. Cruzo el gran charco, y paso casi dos meses por toda Norteamérica, nos alojamos en moteles de carretera, en la casa de unos familiares de uno de ellos, visitamos la ciudad que nunca duerme, «Nueva York», vemos los grandes edificios azules de Philadelpia, en Washington, la cuna de América entramos al congreso y la gigantesca estatua de Lincoln. Tomamos un avión interno y volamos a la otra costa, en el gran cañón descubro mi vértigo, hacemos fotos a ese puente rojo tan increíble, visitamos la ciudad de los mafiosos, «Chicago» que me defrauda enormemente. Y después de dos meses volvemos a casa.

He comprado algunos recuerdos para mi familia. Pero el regalo más especial es para Marina, una taza de nueva york con un juego de palabras en inglés, «estuve aquí y me acorde de ti», al llegar a mi país olvido el significado de la frase en inglés nativo, en un futuro debería aprender más inglés, pero recuerdo vagamente que se trataba de un juego de palabras entre el verbo «acordar» y el verbo «querer».

Quedamos en un café. Le entrego la taza y suelta una lagrima, después ríe con su sonrisa «limpia». Pasamos un rato hablando, riendo, y algo en mi interior me dice que la bese. Pero soy tan tímido que no lo hago.

La acompaño a casa. Estoy delante del portal de su casa. Me comenta que quizás se vaya a Italia, que en esta ciudad no hay nada que la retenga. Observo un brillo en sus ojos, está esperando algo, estoy congelado por dentro, estupefacto, maldito sea, muévete, di algo, pero me quedo quieto, únicamente la miro. Entonces se acerca, me da un beso en la mejilla, y sus manos me rodean en un fuerte abrazo. Ni siquiera este contacto tan cercano, tan cálido consigue vencer a mi gran enemiga timidez.

Marina se aleja, ¿son lágrimas en sus ojos lo que observo? «Adiós», murmura mientras la puerta de su casa se cierra tras de sí.

Ya no volví a verla. Creo que se fue a Palermo, allí se casó y se separó, después de eso le perdí la pista y nunca investigué más.

El pasado, pasado está.

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Es una gran tontería, pero desde entonces hasta estos días, el nombre de «Marina» me ha perseguido a lo largo de mi vida como un atento recordatorio. Incluso leí un libro de Ruiz Zafón, el autor de «La sombra del viento», donde una de las protagonistas recogía este bello nombre, la novela de Zafón se titulaba «Marina» y la descripción del personaje estaba entallado según mis recuerdos: pelo oscuro, media melena y sonrisa limpia. Soy el típico lector egocéntrico que piensa que un libro ha sido escrito para él. A pesar de ello, la descripción de Zafón es tan exacta, que sin lugar a dudas hubiera jurado que se trataba de la «Marina» de mis recuerdos.

Las palabras vuelven a nosotros para reencontrarnos, para vivir nuestra vida una y otra vez.
Julia remueve una vez más los recovecos más oscuros de mi ser, la maldigo por lo bajo, por hacerme recordar a aquel joven tímido al que tuve que enterrar bajo toneladas de malas experiencias, asfixiando lentamente esa antigua parte de mi propio «yo» y con él a timidez.

No hay recompensa sin sacrificio.

«93% imaginación,7%realidad»


Cierra tus ojos, encuéntrate y sigue para adelante. Buena Suerte.
Un Tranquilo Lugar de Aquiescencia

6 comentarios :

  1. Hermosa anécdota de un amor que no fue. Un gracias a Julia por hacer que la compartas con nosotros.
    Saludos.

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    1. Estimiado bruto Escritor.
      Debería agradecer tantas cosas a Julia, marca este libro si uno lo permite.
      Un abrazo muy grande Raúl.

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  2. Que bonito ULTA.. la verdad es que es una historia que me enternece y me sorprende a partes iguales... nunca contemplé un pasado así aunque el relato tiene 7% de realidad.. jejeje. PD. Ojala con 60e/mensuales me pudiera ir a EEUU 2 meses. ¿Donde hay que firmar? :-)

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    1. Estimad@ Buscando un camino,
      Los 60€ mensuales son reales, ahorrar como una hormiguita también, hay que seguir buscando ese 7% estimad@ buscando. ^^ jajaja
      Es un placer verte por aquí. Seguro que tu también podrías contar muchas historias.
      Un abrazo muy grande Buscando un camino. ^^

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    2. ...y no se quien es ULTA... jajaja espero que no sea otro hermano parecido a NUTLA. jajajajaja

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    3. ¿alguna queja "hermanito"?

      cuanta basura hay que leer.

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